La periodista peruana Laura Arroyo —radicada en Madrid, una de las voces más combativas de la izquierda latinoamericana en la televisión europea— leyó el balotaje del domingo 7 de junio como lo que, para ella, verdaderamente es: un terremoto histórico-social, no un episodio electoral más. En su editorial, lo que está en juego no es un cargo ni un escándalo, sino el control casi total que un puñado de sectores minoritarios ejerce sobre los destinos del Perú, y la reaparición del Perú profundo al que esos sectores creyeron haber clausurado. El voto que hoy mantiene a Roberto Sánchez al frente del recuento por un margen mínimo es, en esa clave, la prueba de que el legado de Pedro Castillo sobrevivió a su caída y disputa el país palmo a palmo.