
La política exterior convertida en show discursivo no es una novedad en la carrera de Donald Trump, pero en los últimos días volvió a escalar un peldaño más: el de naturalizar públicamente la posibilidad de una intervención armada en Colombia como si se tratara de una ocurrencia más dentro de su repertorio retórico. No hubo pruebas, no hubo informes, no hubo marcos jurídicos. Hubo, sí, una frase lanzada al pasar —“suena bien”— que, viniendo del principal poder militar del planeta, no es inocente ni retórica menor.

































