
Con Javier Milei en la Casa Rosada, la Argentina volvió a mirarse en el espejo de su propia historia: un país que exporta materia prima, importa manufactura, desprotege a su población y entrega la llave de sus recursos estratégicos a cambio de financiamiento externo. No es una metáfora forzada. Es, con matices, el mismo patrón que organizó la economía argentina entre 1880 y 1930, actualizado con RIGI, dólares del FMI y una formación geológica —Vaca Muerta— que hoy funciona como garantía política y económica de una deuda que no dejó de crecer.



















