
Infancias hiperconectadas: más tecnología, mismas desigualdades
NeuquenNews
En la Argentina urbana, la infancia ya no se conecta: vive conectada. Así lo muestra el informe “Niñas, niños y adolescentes conectados – Kids Online Argentina 2025”, elaborado por UNICEF y UNESCO, que revela que el 96% de chicos y adolescentes de entre 9 y 17 años tiene acceso a internet en su hogar y el 95% cuenta con celular propio con conexión. La edad promedio de acceso al primer smartphone es de apenas 9,6 años.
La fotografía digital es contundente: la tecnología ya es parte estructural de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas. Pero el diagnóstico del estudio va mucho más allá del dato de conectividad: estar conectado no es lo mismo que estar protegido, incluido o preparado.
El informe muestra una paradoja central: mientras el acceso a Internet se volvió casi universal, las desigualdades sociales siguen operando con la misma fuerza de siempre. Más de la mitad de las infancias argentinas viven en hogares pobres y una porción significativa en pobreza extrema. En ese contexto, la tecnología no funciona como igualadora automática: reproduce las brechas existentes.
Uno de los datos más claros es el acceso desigual a computadoras: solo el 31% de los chicos de sectores socioeconómicos bajos tiene una computadora disponible para uso escolar, frente al 91% en los sectores altos. La conectividad existe, pero la calidad del acceso, los dispositivos disponibles y las condiciones de uso no son las mismas.
El celular se consolida como el dispositivo dominante: es la principal puerta de entrada al mundo digital, a la educación, al entretenimiento, a la información y también a los riesgos. La infancia argentina se forma digitalmente, en gran parte, a través de una pantalla chica, portátil y permanente.
Pero el estudio también desarma uno de los mitos más instalados: el de los “nativos digitales”. Las habilidades digitales no surgen de manera automática por usar tecnología. Se aprenden. Y su desarrollo depende del contexto familiar, escolar, social y económico.
El informe advierte que sin acompañamiento adulto, sin educación digital sistemática y sin políticas públicas activas, el entorno digital puede convertirse más en un espacio de riesgo que de oportunidades. Entre los principales peligros relevados aparecen la exposición a contenidos dañinos, el contacto con desconocidos, las estafas digitales, las apuestas online y el uso problemático de Internet.
Frente a este escenario, el rol de los adultos es clave. No desde la lógica del control absoluto, sino desde la mediación activa: acompañar, educar, enseñar criterios, construir pensamiento crítico y hábitos de autocuidado digital. El informe es claro: prohibir no educa, y controlar sin formar no protege.
La conclusión es contundente y política: la digitalización no es solo un fenómeno tecnológico, es un fenómeno social. Y como todo proceso social, sin regulación, educación y políticas públicas, amplifica desigualdades en lugar de reducirlas.
La infancia argentina ya vive en un ecosistema digital. La pregunta ya no es si deben estar conectados, sino en qué condiciones, con qué herramientas, con qué protección y con qué acompañamiento.
Porque el verdadero derecho digital no es solo el acceso a Internet, sino el derecho a un entorno digital seguro, formativo, equitativo y humano.


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