Hace más de cuatro décadas, cuando Neuquén todavía estaba lejos de convertirse en el epicentro energético que es hoy, Carlos Kreplak y su esposa Ema tomaron una decisión que cambiaría el rumbo de su familia. Ambos eran contadores y dejaron Buenos Aires para radicarse en la Patagonia en busca de nuevas oportunidades y una mejor calidad de vida.