
La advertencia de Jesús Quintero: cuando la ignorancia deja de ser vergüenza
NeuquenNewsHubo un tiempo en que la ignorancia era motivo de vergüenza social. No saber leer o no tener acceso a la educación era una condición asociada a la pobreza o a la exclusión. Sin embargo, en una de sus intervenciones televisivas más recordadas, el periodista y conductor español Jesús Quintero planteó una idea inquietante: el problema ya no es el analfabetismo, sino la renuncia voluntaria al conocimiento.
En su programa —emitido en el contexto de la televisión española en abril de 2012, cuando el fenómeno de los programas de entretenimiento masivo y el auge de la televisión comercial comenzaban a redefinir las parrillas televisivas— Quintero lanzó una reflexión que todavía resuena con fuerza en la cultura contemporánea.
Según expresó, siempre existieron analfabetos, pero durante mucho tiempo esa condición fue vivida como una limitación o una carencia. La diferencia, señalaba, es que en la sociedad actual la incultura parece haberse convertido en un motivo de orgullo para algunos sectores. Personas que han tenido acceso a la educación —que saben leer y escribir— simplemente han dejado de ejercer ese hábito.
Para Quintero, el fenómeno no es casual. En su visión, la industria cultural y los medios de comunicación han terminado adaptándose a esa tendencia. Los contenidos televisivos, decía, comenzaron a orientarse cada vez más hacia una audiencia que busca distracción inmediata, entretenimiento rápido y estímulos superficiales. En ese esquema, los programas compiten por ofrecer historias escandalosas, crímenes o conflictos íntimos convertidos en espectáculo, mientras los contenidos culturales o reflexivos pierden espacio.
El periodista advertía que el problema no era solo mediático. A su juicio, se estaba produciendo una transformación social más profunda: un mundo diseñado para una mayoría que prefiere lo simple, lo inmediato y lo elemental. En ese escenario, lo complejo, lo reflexivo o lo cultural tiende a quedar relegado.
Paradójicamente, Quintero describía a este grupo como una nueva “clase dominante”. No en términos de poder político o económico, sino en su capacidad de imponer reglas culturales. Si la demanda mayoritaria privilegia la superficialidad, el mercado —sea televisivo, editorial o digital— termina adaptándose a ella.
Sin embargo, el propio periodista introducía una paradoja en su análisis. Aunque esa mayoría marca el ritmo cultural del momento, sigue siendo una clase dominada precisamente por aquello que la define: la falta de conocimiento y de herramientas críticas para comprender el mundo.
La reflexión de Quintero no era un lamento nostálgico por el pasado, sino una advertencia sobre el rumbo de la cultura contemporánea. Su preocupación apuntaba a quienes aún buscan algo más que entretenimiento fugaz: quienes esperan de los medios, del arte o de la educación una mayor profundidad.
En ese sentido, su mensaje terminaba con una apelación sencilla pero contundente: aspirar a “un poquito más”. Un poco más de reflexión, un poco más de inteligencia colectiva, un poco más de cultura en una época que muchas veces parece conformarse con lo mínimo.


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