Venezuela reabrió el tablero del petróleo: qué puede cambiar en los planes del Vaca Muerta 2026

Estados Unidos sacudió el esquema de negocios del oil & gas con la captura de Nicolás Maduro y la intervención comercial en la Faja del Orinoco. Qué hay que mirar en Neuquén de lo que viene a nivel global.

ACTUALIDAD11/01/2026Neuquén NoticiasNeuquén Noticias
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La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos y la decisión de Washington de avanzar sobre el control comercial de las exportaciones venezolanas reactivaron un debate que excede a Caracas: cuánto puede sumar oferta futura al mercado global y qué implica eso para el precio del barril.

Para la Argentina, la discusión no es teórica: Vaca Muerta explicó más de dos tercios del petróleo producido en noviembre de 2025 y el superávit energético se convirtió en una de las principales fuentes de divisas. En ese marco, un escenario internacional con crudo “planchado” agrega presión sobre la competitividad y sobre el timing de inversiones.

El primer punto que señalan los análisis internacionales es que el impacto inmediato sobre el suministro global sería acotado: la producción venezolana viene de décadas de deterioro por falta de inversión y problemas operativos, y cualquier normalización requiere capital, tecnología y tiempo. Esa lectura aparece tanto en reportes de mercado citados por Reuters (que remarcan la abundancia de stocks globales y el bajo efecto de interrupciones temporales) como en estimaciones de bancos de inversión que proyectan incrementos escalonados, no instantáneos.

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En paralelo, el propio diseño de la estrategia estadounidense introduce una variable adicional: el secretario de Energía Chris Wright afirmó que EE. UU. venderá en el mercado el petróleo que salga de Venezuela “de forma indefinida”, y que también proveerá diluyente para incrementar la producción de crudos pesados en la Faja del Orinoco. La consecuencia es que el “factor Venezuela” empieza a operar más por expectativas sobre oferta futura y por señal política, que por un flujo inmediato de barriles.

Riesgo a largo plazo

En el arranque de la semana posterior a los hechos en Caracas, las cotizaciones mostraron bajas moderadas (Brent en torno a US$60 y WTI por debajo), con analistas señalando que el mercado ya está abastecido y que el balance global no luce ajustado.

Para la Argentina, el problema no es un movimiento de corto plazo, sino el “piso” del ciclo: si el mercado internaliza que Venezuela puede recuperar capacidad (aun gradualmente) y eso se suma a otros factores de oferta, el precio de equilibrio requerido por proyectos intensivos en capital se vuelve la métrica relevante. En términos prácticos: un Brent sostenidamente más bajo licúa parte del incentivo de invertir “a máxima velocidad” y afecta el valor de las exportaciones de crudo, que en 2025 fueron el principal motor del superávit energético.

En este contexto, la OPEP+ decidió mantener sin cambios los niveles máximos permitidos durante el primer trimestre de 2026, pausando el incremento gradual que se había discutido para febrero y marzo. La señal es doble: el bloque reconoce volatilidad estacional y demanda incierta, y busca sostener precios en un mercado con riesgo de sobreoferta.

Para Vaca Muerta, esta decisión funciona como amortiguador parcial: si la OPEP+ sostiene disciplina, reduce (aunque no elimina) el riesgo de un escenario de caída pronunciada del barril en el corto plazo. Pero el mensaje de fondo sigue siendo que el mercado no está “corto” de petróleo.

Competencia por inversión

Una parte del debate argentino se enfocó en si Venezuela puede competir de manera directa con Vaca Muerta. En términos de calidad, el crudo venezolano es mayoritariamente pesado y requiere diluyentes y/o infraestructura de upgrading; eso lo coloca en otra categoría respecto de los crudos livianos que exporta crecientemente la Argentina.

Sin embargo, la competencia real para Vaca Muerta se da por dos carriles:

- Competencia por capital: si grandes petroleras reabren carpetas en Venezuela, pueden reasignar presupuesto global (aunque sea marginalmente) desde proyectos en otras geografías.
- Competencia por precio: aun con calidades distintas, más oferta global tiende a presionar la curva de futuros y el precio de referencia que “manda” sobre decisiones de inversión.

En Neuquén, el diagnóstico que transmitió el ministro provincial Gustavo Melede fue lineal: ante la posibilidad de que Venezuela sume oferta en el mediano/largo plazo, la estrategia es bajar costos y mejorar infraestructura logística (rutas clave, tiempos de transporte, redes eléctricas), con el objetivo de recortar ineficiencias que encarecen el barril neuquino.

Este punto conecta con un dato operativo: Vaca Muerta cerró 2025 con récord de actividad (casi 24.000 etapas de fractura, +34% interanual) y proyecciones privadas que ubican 2026 en un escalón superior. Más actividad con precios “planchados” implica que la eficiencia y el midstream (evacuación, almacenamiento, exportación) pasan a ser tan determinantes como la geología.

Los enfoques de medios económicos locales coincidieron en un punto: si el petróleo baja de manera sostenida, el impacto trasciende a las petroleras. Afecta expectativas de ingreso de divisas, inversión y recaudación asociada al complejo energético, y puede alterar la lectura de mercado sobre la capacidad de acumulación de reservas y de repago de deuda.

Dicho de otro modo: el “factor Venezuela” puede operar como viento de frente para el frente externo argentino si deprime el barril, aun cuando el país gane volumen exportable. Por eso, para 2026 el debate central en el oil & gas argentino no es solo cuánto más puede producir Vaca Muerta, sino cuán resiliente es el modelo con un Brent cercano a los niveles actuales y con competencia futura adicional.

Hay tres hitos que el mercado va a seguir para calibrar impacto:

- Señales operativas en Venezuela: capacidad real de recuperar producción (servicios, diluyentes, logística, financiamiento).
- La próxima reunión OPEP+ (1 de febrero) y el tono sobre recortes voluntarios y cumplimiento.
- Curva de futuros: si la presión bajista se “ancla” más allá del corto plazo, el efecto sobre FIDs y planes de inversión en shale se vuelve más tangible.

Es decir, Venezuela no redefine por sí sola el futuro de Vaca Muerta, pero sí tensiona el principal supuesto del ciclo 2026: que el shale argentino pueda acelerar inversiones y exportaciones con precios internacionales moderados. En ese escenario, la ventaja competitiva deja de ser solo el recurso y pasa a ser —cada vez más— costos, infraestructura y velocidad de ejecución.

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