
Los muertos por la invasión israelí en Gaza superan ampliamente los 66.000
NeuquenNews
En su boletín diario, el ministerio gazatí de Sanidad registró 79 nuevos fallecidos en todo el enclave a lo largo del sábado (dos de ellos, cadáveres recogidos entre escombros que pudieron haber muerto con anterioridad), haciendo que el total de víctimas en casi dos años de guerra cruzara el umbral de las 66.000.
Estos números no reflejan los miles de cadáveres que siguen entre los escombros o tirados en lugares de difícil acceso para los rescatistas.
Además, a lo largo del sábado llegaron a los hospitales de toda Gaza 379 heridos, situando el total desde octubre de 2023 en 168.162.
Cientos de heridos
El Ejército israelí aseguró este domingo haber atacado 140 «objetivos militares» en Gaza, entre los que incluyó estructuras militares, a milicianos e «infraestructura militar adicional». Estos objetivos pueden ser también infraestructuras civiles en las que las fuerzas armadas sospechan la presencia de combatientes, según han declarado portavoces castrenses a EFE con anterioridad.
«A pesar de la continua agresión y la escasez de suministros médicos y humanitarios, algunos hospitales y centros de atención primaria en la ciudad de Gaza (norte) continúan operando y prestando servicios a la ciudadanía», aseguró en otro comunicado este domingo Sanidad.
Son números que hielan la sangre, pero que aún resultan insuficientes para dimensionar la tragedia. Bajo los escombros permanecen miles de cuerpos insepultos, mientras rescatistas y familiares intentan recuperar restos entre ruinas y cráteres. Gaza, arrasada por la fuerza de los bombardeos, se convirtió en un territorio donde la muerte y la devastación son cotidianas.
Hospitales bajo asedio
La ciudad de Gaza, epicentro de la ofensiva, mantiene apenas ocho hospitales operativos. La precariedad es extrema: quirófanos sin luz, carencia de medicinas, respiradores inactivos por falta de electricidad, médicos que deben elegir a quién salvar y a quién dejar morir por falta de insumos. Aun así, personal de salud y voluntarios continúan trabajando, sosteniendo lo poco que queda en pie del sistema sanitario.
La maquinaria bélica
El ejército israelí anunció que en un solo día bombardeó 140 “objetivos militares”. La definición, deliberadamente amplia, abarca desde supuestas instalaciones de milicianos hasta edificios civiles sospechados de albergar combatientes. Escuelas, hospitales y viviendas han sido atacadas bajo esa justificación. El resultado es un enclave reducido a cenizas, con barrios enteros borrados del mapa.
Israel se escuda en la retórica de la “seguridad nacional” para legitimar un castigo colectivo que viola de manera sistemática el derecho internacional humanitario. La barbarie no solo consiste en las cifras de muertos y heridos, sino en la destrucción metódica de toda forma de vida: agua, electricidad, alimentos, hospitales, universidades y viviendas.
La complicidad de Occidente
Nada de esto sería posible sin el apoyo político y militar de Estados Unidos y Europa. Washington continúa enviando armamento de última generación y vetando resoluciones en organismos internacionales que buscan frenar la ofensiva. Las principales potencias europeas, con matices discursivos, mantienen acuerdos militares y comerciales con Israel mientras miran hacia otro lado frente a las denuncias de crímenes de guerra.
La retórica de la “defensa de la democracia” que estas potencias proclaman se desploma frente a la evidencia: financian y respaldan una campaña militar que ha exterminado a decenas de miles de civiles, la mayoría mujeres y niños. El silencio y la inacción en los foros internacionales confirman la complicidad en una estrategia que convierte a Gaza en un laboratorio de impunidad.
Una tragedia sin final a la vista
El pueblo gazatí sobrevive en condiciones inhumanas: hambre, desplazamientos masivos, enfermedades sin tratamiento, agua contaminada y hospitales convertidos en morgues improvisadas. A casi dos años de guerra, no hay señales de una salida política ni de un alto el fuego duradero.
El umbral de los 66.000 muertos no es un número aislado: es el símbolo de una barbarie sistemática, sostenida por la maquinaria militar israelí y amparada por las grandes potencias. Una cifra que, lejos de marcar un cierre, anticipa que lo peor puede estar aún por venir.


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