
Del rechazo a los “comunistas” al auxilio financiero: Milei renovó el swap con China
NeuquenNewsApenas un día antes de que venciera el acuerdo vigente, el Banco Central de la República Argentina confirmó la renovación del swap de monedas con el Banco Popular de China. El nuevo entendimiento tendrá una duración de cinco años, dos más que los convenios anteriores, y mantendrá una línea total de 130.000 millones de yuanes, equivalentes a alrededor de US$19.000 millones.
El anuncio no pasó inadvertido. No solamente por la magnitud del acuerdo respecto de las reservas argentinas, sino también por el lenguaje elegido por la propia autoridad monetaria.
En su comunicado, el BCRA destacó la “estrecha cooperación” y la “excelente relación” mantenida durante los 17 años transcurridos desde la firma del primer swap, en 2009. Una descripción institucional difícil de conciliar con buena parte de las declaraciones que Javier Milei realizó sobre China antes y después de llegar a la Presidencia.
Cuánto representa realmente el acuerdo
El monto total del swap —130.000 millones de yuanes— equivale aproximadamente a US$18.000 o US$19.000 millones, dependiendo de la cotización de la moneda china.
Las reservas internacionales brutas del Banco Central alcanzaban los US$47.599 millones al 31 de julio de 2026. Por lo tanto, el valor nominal de la línea completa equivale aproximadamente al 40% de ese stock.
Sin embargo, es necesario realizar una distinción fundamental. Esto no significa que el 40% de las reservas esté compuesto por yuanes disponibles a través del swap ni que el Banco Central tenga US$19.000 millones líquidos para utilizar libremente.
Del acuerdo total permanece activado un tramo de 35.000 millones de yuanes, equivalente a unos US$5.000 millones. Esa porción representa aproximadamente el 10,5% de las reservas brutas informadas por el BCRA.
La parte restante constituye una línea contingente que podría activarse bajo determinadas condiciones, pero no integra de manera efectiva los activos líquidos de libre disponibilidad.
Un swap es un intercambio de monedas entre bancos centrales. Los fondos utilizados generan una obligación de devolución y costos financieros. No se trata de una donación ni de recursos propios acumulados mediante exportaciones.
El comunicado oficial tampoco informó la tasa aplicable, el costo financiero, las garantías ni las condiciones específicas bajo las cuales podrían activarse nuevos tramos. El anuncio ofrece previsibilidad sobre la duración del instrumento, pero mantiene fuera del conocimiento público aspectos importantes de una operación de gran magnitud para el balance del Banco Central.
Del rechazo a los “comunistas” al socio indispensable
Durante la campaña presidencial de 2023, Milei aseguró que no promovería relaciones con gobiernos comunistas y colocó expresamente a China dentro de esa categoría.
Ya como presidente, en abril de 2024, volvió a defender su alineamiento estratégico con Estados Unidos e Israel y sostuvo que no realizaría “alianzas estratégicas con comunistas”, aunque aceptó que las empresas privadas comerciaran con China.
La realidad económica comenzó pronto a modificar aquella rigidez discursiva.
En septiembre de 2024, Milei definió a China como “un socio comercial muy interesante” y aseguró que Pekín no imponía condiciones políticas, sino que simplemente pedía que no se interfiriera en sus operaciones.
El giro terminó de consolidarse en enero de 2026, durante el Foro Económico Mundial de Davos. Allí, poco después de compartir actividades con Donald Trump, Milei afirmó que China era “un gran socio comercial” y reconoció que, por su peso en la economía mundial, Argentina tenía que comerciar con el gigante asiático.
No es difícil comprender la transformación. China es el segundo socio comercial de la Argentina, detrás de Brasil.
Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones argentinas hacia ese mercado alcanzaron los US$4.891 millones, mientras que las importaciones sumaron US$7.983 millones. El intercambio bilateral llegó así a casi US$12.900 millones, aunque con un déficit para la Argentina de US$3.092 millones.
En junio, China compró productos argentinos por US$943 millones y vendió al país bienes por US$1.502 millones.
Es una relación relevante para sectores como el agro, la minería, la energía, la industria, las telecomunicaciones y el abastecimiento de bienes de capital e insumos productivos.
Entre Washington y Pekín
La renovación también tiene una lectura geopolítica.
Milei construyó buena parte de su política exterior sobre un alineamiento prácticamente automático con Estados Unidos y, particularmente, con Donald Trump. Pero Washington observa con preocupación el peso financiero, comercial y estratégico de China en la Argentina.
En abril de 2025, Mauricio Claver-Carone, entonces enviado especial estadounidense para América Latina, reclamó públicamente el fin del swap y calificó la línea de crédito china como “extorsiva”.
China rechazó esas acusaciones y denunció un intento de Estados Unidos de obstaculizar sus vínculos con América Latina.
Pese a esa presión, el gobierno de Milei volvió a renovar el acuerdo. No porque haya modificado completamente su identidad ideológica, sino porque prescindir de China implicaría retirar del horizonte financiero del Banco Central una línea de respaldo difícil de reemplazar y deteriorar una relación comercial estratégica para numerosos sectores de la economía argentina.
El episodio demuestra los límites de una política exterior construida a partir de afinidades personales, alineamientos ideológicos e insultos públicos.
La economía real no responde a las consignas de campaña. Argentina puede privilegiar su relación política con Estados Unidos, pero no está en condiciones de romper o deteriorar sus vínculos con la segunda economía mundial.
Un alivio que también expone una dependencia
La renovación es favorable en términos financieros inmediatos. Evita que el Banco Central deba afrontar una devolución abrupta, preserva la continuidad del instrumento y ofrece una cobertura adicional frente a eventuales tensiones cambiarias.
También facilita el comercio bilateral y permite financiar parte de las importaciones utilizando yuanes en lugar de dólares.
Pero el acuerdo también expone una debilidad estructural.
Su valor nominal total equivale a cerca del 40% de las reservas brutas argentinas, aunque solamente el tramo activado —unos US$5.000 millones— se encuentra directamente asociado al stock contabilizado y representa alrededor del 10,5% de esas reservas.
El problema no es mantener relaciones con China ni utilizar un instrumento financiero disponible. El problema es presentar como fortaleza propia una reserva que, en buena medida, continúa dependiendo de préstamos, swaps y acuerdos con organismos internacionales o gobiernos extranjeros.
Milei pasó de prometer que no haría negocios con “comunistas” a necesitar que el Banco Popular de China mantenga disponible una de las líneas de respaldo financiero más importantes del país.
El pragmatismo puede ser saludable cuando corrige errores ideológicos. Lo que resulta menos aceptable es la falta de reconocimiento de esa contradicción y la ausencia de información completa sobre los costos y compromisos asumidos.
Argentina necesita una política exterior basada en sus intereses nacionales, capaz de relacionarse con Estados Unidos, China y el resto del mundo sin subordinaciones automáticas.


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