
La investigación científica comienza a registrar consecuencias físicas vinculadas con el uso intensivo de teléfonos y otros dispositivos. Hay evidencia consistente sobre fatiga visual, dolor en manos y alteraciones momentáneas del equilibrio. Sin embargo, algunas afirmaciones —como la deformación permanente del cuello o del meñique— todavía están lejos de haber sido demostradas.














