
A 59 años de la Noche de los Bastones Largos, el pensamiento crítico y la producción científica siguen siendo blancos de una cultura de poder que desconfía de las universidades, desinvierte en la investigación y sueña con un país subordinado, proveedor de materias primas y sin destino propio. Una mirada desde la sociología del conocimiento y la historia académica.













