
Sin rumbo. Cambia de referente como de remera
“Estos son mis principios, si no les gustan tengo otros”. La frase que inmortalizó el humorista estadounidense Groucho Marx (1890 - 1977) tiene en la ciudad de Neuquén un cultor que la convierte en realidad, sin alejarse jamás de la ridiculez, el patetismo y el grotesco.
El ex concejal y ex diputado nacional Leandro López -de él se trata- es experto no sólo en panqueques, deslealtades e ingratitudes, sino también en la búsqueda de beneficios propios, en desmedro tanto de sus propios compañeros (ya nadie lo considera así) como de la sociedad en su conjunto.
Ahora, desde su misérrimo lugar en el PRO (donde está más solo que nunca) apoya la candidatura a gobernador de Rolando Figueroa, a quien le había endilgado identidad kirchnerista y lo había cuestionado por ello. Esos eran sus principios, pero ahora tiene otros. “Rolo para el cambio. La única opción para poder derrotar al Régimen Feudal Sapagista”, escribió ahora el sujeto este, López, en su cuenta de Twitter.
La penosa historia política del tal López rebalsa de traiciones. Una remite a 2019, cuando llamó a votar por el MPN para restarle posibilidades al candidato del Frente de Todos, Ramón Rioseco. Traicionó así, a Horacio “Pechi” Quiroga, quien era candidato a gobernador por Juntos por el Cambio (JxC) o Cambiemos, lo mismo da.
“Estos son mis principios, si no les gustan tengo otros”. En 2022, López revalidó sus incoherencias y recomendó públicamente conformar un gran frente opositor, que llevara a Rioseco como candidato a gobernador en 2023. Sí, el mismo Rioseco al que había denostado.
Luego, en la búsqueda de un lugarcito para seguir prendido a la teta del Estado, el sujeto este, López, también le puso unas fichitas a Jorge Sobisch y alentó su ingreso a JxC, cosa que no es posible por la sencilla razón de que JxC ya no existe debido a que el propio López y otros decidieron que el partido de Mauricio Macri no tenga candidato a gobernador en Neuquén y lo encolumnaron mansamente detrás de Figueroa.
López cambia de referente como de remera y condimenta esa conducta con frases patéticas, como aquella sobre que los humanos van a vivir unos 200 años, con la que intentó justificar la reforma jubilatoria. Dicen que del ridículo no se vuelve, pero él intenta volver cambiando permanentemente de ropaje.


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