
El petróleo volvió a superar los US$100 y la guerra amenaza con trasladarse a los precios de todo el mundo
NeuquenNewsEl petróleo volvió a cruzar una frontera que enciende todas las alarmas de la economía mundial. El barril de Brent, referencia internacional utilizada por la Argentina, cerró el miércoles en US$101,21, mientras que el West Texas Intermediate estadounidense terminó en US$96,05.
La suba no responde a una recuperación extraordinaria del consumo ni a una mejora general de la economía. Es el precio del miedo. Estados Unidos e Irán profundizaron sus ataques sobre embarcaciones petroleras y volvieron a colocar en el centro del conflicto al estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.
Washington informó ataques contra cinco petroleros iraníes. Teherán respondió con ofensivas contra una decena de embarcaciones en las inmediaciones de Ormuz. Al mismo tiempo, los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, atacaron instalaciones energéticas de Arabia Saudita y extendieron la amenaza hacia otra zona estratégica: el mar Rojo.
La guerra ya no se limita a objetivos militares. Avanza directamente sobre la infraestructura que produce y transporta la energía necesaria para mover la economía global.
Ormuz: el cuello de botella que mantiene en vilo al mercado
Por el estrecho de Ormuz circula aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo y gas. Cualquier ataque, bloqueo o reducción significativa del tránsito marítimo puede retirar millones de barriles del mercado en cuestión de días.
El problema no es solamente la destrucción física de buques o instalaciones. Cada nueva ofensiva eleva los costos de los seguros, reduce la cantidad de compañías dispuestas a navegar por la zona, obliga a buscar rutas alternativas y genera demoras en toda la cadena logística.
De acuerdo con estimaciones citadas por Reuters, los inventarios mundiales de petróleo disminuyeron en unos 400 millones de barriles durante 2026. Además, las interrupciones de producción en Medio Oriente alcanzaron aproximadamente 6,7 millones de barriles diarios durante agosto.
El mercado no está reaccionando únicamente a lo que ya ocurrió. Está incorporando el riesgo de lo que todavía puede suceder.
De los barcos atacados a la góndola
La consecuencia más visible es el aumento de los combustibles. Pero el impacto de un petróleo más caro se extiende mucho más allá de las estaciones de servicio.
Suben los costos del transporte terrestre, aéreo y marítimo; se encarece la producción agropecuaria; aumentan los fertilizantes, los plásticos y numerosos productos derivados de los hidrocarburos. Finalmente, buena parte de esos costos termina trasladándose a los alimentos y a los bienes de consumo.
Associated Press advirtió que el incremento ya comenzó a sentirse con fuerza en distintas regiones. En Estados Unidos, el precio promedio de la nafta llegó a US$4,22 por galón, mientras que el diésel alcanzó un récord de US$5,94. En algunas economías en desarrollo, los combustibles registraron aumentos superiores al 80%.
Los países más vulnerables son aquellos que dependen de las importaciones de energía y cuentan con menores recursos para subsidiar los precios. Para ellos, cada ataque en Medio Oriente puede traducirse rápidamente en inflación, escasez y deterioro social.
Algunos analistas incluso advierten que el barril podría acercarse a los US$150 si continúan las ofensivas contra petroleros e instalaciones estratégicas. No se trata de una proyección inevitable, sino de un escenario extremo condicionado por una escalada mayor.
Vaca Muerta: más dólares, pero también más presión interna
Para Neuquén y la Argentina, un Brent por encima de los US$100 tiene una doble lectura.
Por un lado, mejora el valor potencial de las exportaciones de Vaca Muerta, aumenta la rentabilidad de los proyectos petroleros y puede acelerar inversiones en producción e infraestructura. También incrementa la recaudación provincial por regalías, siempre que el mayor precio internacional se refleje en los valores de comercialización.
Pero la misma suba que mejora los ingresos de las petroleras exportadoras puede presionar sobre el precio interno de los combustibles. Si las compañías buscan acercar los valores locales a la paridad internacional, el encarecimiento puede terminar trasladándose a la nafta, el gasoil, el transporte y los alimentos.
La paradoja argentina vuelve a quedar expuesta: el país posee una de las principales reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo, pero su economía interna continúa siendo vulnerable a cada movimiento del precio internacional.
Tener petróleo no garantiza energía barata. Esa relación depende de las políticas de precios, los impuestos, la capacidad de refinación, la infraestructura y la decisión sobre cuánto de la renta extraordinaria queda en el país.
Una oportunidad construida sobre una crisis
El nuevo salto del crudo puede ser presentado como una oportunidad para Vaca Muerta. Y efectivamente lo es desde el punto de vista exportador. Pero conviene no confundir una mejora coyuntural de precios con una estrategia energética.
El barril supera los US$100 porque la guerra se extiende, porque hay buques atacados, trabajadores muertos o desaparecidos y millones de consumidores amenazados por una nueva ola inflacionaria.
Argentina puede aprovechar la mayor demanda internacional para generar divisas. La discusión política es qué hará con esos ingresos y cómo evitará que la ventaja exportadora termine convirtiéndose en un castigo para los consumidores locales.
Porque si Vaca Muerta exporta petróleo a precios de guerra, pero los argentinos también pagan combustibles, transporte y alimentos con esos mismos valores, el negocio será excelente para unos pocos y mucho más discutible para el resto.
Fuentes: Associated Press, Reuters sobre el cierre del Brent y Reuters sobre las interrupciones del suministro.


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