Adentro del Salón de Actividades Físicas (SAF), la feria de artesanos y emprendedores locales convirtió el espacio en algo parecido a un paseo por la identidad de este lugar. Tejidos, cerámica, hilados, macramé, chocolates y alfajores artesanales. Todo hecho acá, por manos que conocen el territorio.
Afuera, la gastronomía tomó la calle con propuestas para todos los gustos. Desde un chocolate caliente que entró perfecto con el aire fresco de la montaña, hasta platos gourmet que combinaron los sabores de la región con técnica y creatividad. Y puestos de comida al paso para los que querían algo rápido entre la acreditación y el kids. Hubo opciones para todos.
El resultado fue ese ambiente que hace que un evento deportivo se convierta en algo más. Un día completo, con sabores, colores y conversaciones. La aldea de montaña más linda siendo lo que mejor sabe ser: anfitriona.

















