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Galtieri, Milei, y el patriotismo de ocasión

Hay gobiernos que recuerdan la patria cuando comienzan a quedarse sin gobierno. La desempolvan, la envuelven en una bandera y la colocan en cadena nacional. Entonces Malvinas deja de ser una política de Estado y se convierte en una operación de supervivencia.
DE NUESTRA REDACCIÓN06/09/2026NeuquenNewsNeuquenNews

Leopoldo Fortunato Galtieri recurrió a ella cuando la dictadura se encontraba agotada. El régimen enfrentaba una sociedad que había comenzado a perder el miedo, una economía destruida y una creciente movilización popular. Apenas tres días después de reprimir la marcha por “Paz, pan y trabajo”, la Junta desembarcó en las islas y pretendió convertir el respaldo a una causa nacional en apoyo a quienes gobernaban mediante el terror.

El patriotismo llegó justo cuando lo necesitaban.

Más de cuatro décadas después, Javier Milei parece haber descubierto la misma utilidad política. Con su imagen deteriorada y el calendario electoral acercándose, el Presidente que elogió a Margaret Thatcher, relativizó la posición histórica argentina y subordinó su política exterior a los intereses de Estados Unidos e Israel apareció repentinamente como custodio intransigente de la soberanía nacional.

Otra vez, el patriotismo llega en el momento más conveniente.

La comparación no supone igualar una dictadura con un gobierno surgido de las urnas. La semejanza está en el mecanismo: tomar una causa que pertenece a toda la sociedad, endurecer el discurso y utilizarla para recuperar una legitimidad que comienza a escaparse por otros lados.

Galtieri creyó que Estados Unidos respaldaría la aventura militar argentina porque la dictadura había sido un aliado obediente de Washington en la lucha anticomunista. Descubrió demasiado tarde que, cuando llegó el momento decisivo, Ronald Reagan eligió a Margaret Thatcher y a la alianza histórica entre Estados Unidos y el Reino Unido.

Milei también construyó su política internacional sobre amistades personales, subordinaciones ideológicas y promesas de respaldo externo. Abrió las puertas del país, ofreció recursos, celebró inversiones extranjeras, elogió a Thatcher y convirtió su cercanía con Donald Trump e Israel en una credencial de gobierno. Pero cuando esas relaciones comenzaron a chocar con su necesidad electoral, apareció el tono desafiante.

El problema petrolero alrededor de Malvinas es real. También lo es el avance unilateral británico sobre recursos que se encuentran en un territorio cuya soberanía está en disputa. Argentina tiene el derecho y la obligación de responder. Pero la legitimidad del reclamo no vuelve legítima cualquier utilización política de la causa.

Resulta difícil creer en la repentina indignación soberana de un gobierno que ha puesto los recursos estratégicos argentinos al servicio del mejor postor. No hay soberanía posible si se reclama el petróleo de Malvinas mientras se entrega el petróleo, el gas, el litio, el agua y las tierras del continente. Tampoco existe patriotismo cuando la defensa del interés nacional depende del resultado de una encuesta.

Galtieri quiso que la sociedad confundiera Malvinas con la dictadura. Milei pretende que el país confunda Malvinas con su propia continuidad política. Ambos procuraron colocarse en el centro de una causa que los antecede, los excede y no les pertenece.

El primero pasó de reprimir al pueblo a convocarlo en nombre de la patria. El segundo pasó de admirar a Thatcher y despreciar al Estado a presentarse como defensor de la soberanía y de los recursos nacionales. En ambos casos, la bandera apareció cuando el poder necesitó refugiarse detrás de ella.

Malvinas no debe utilizarse para borrar el fracaso de un gobierno, fabricar enemigos convenientes ni recuperar votos. Es una causa nacional demasiado profunda para quedar reducida a una campaña electoral.

La Argentina debe defender su soberanía frente al Reino Unido y frente a cualquier empresa que pretenda apropiarse de sus recursos. Pero también debe defenderla frente a quienes, desde el propio Gobierno, entregan el país durante todo el año y se vuelven patriotas cuando llegan las elecciones.

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