
El derrumbe del trabajo registrado: 435 empleos formales perdidos por día y un daño difícil de revertir
NeuquenNewsEl INDEC difundió esta semana el informe de mercado de trabajo del primer trimestre de 2026 y los números, en apariencia, no parecen catastróficos: la tasa de desocupación se ubicó en 7,8%, la tasa de actividad en 48,6% y la tasa de empleo en 44,8%. El propio organismo aclaró que esas variaciones no son estadísticamente significativas. Pero lo que late detrás de ese aparente equilibrio es un dato demoledor: en el último año el empleo formal perdió 32.211 trabajadores registrados, mientras el sector informal sumó 403.758 personas. La economía cambió la calidad de sus puestos: destruye los buenos y multiplica los precarios.

Treinta y un empresas cierran cada día
El informe más contundente sobre el deterioro del tejido productivo lo elaboró este mes el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sobre datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Desde la asunción de Javier Milei, la Argentina perdió 26.448 empleadores registrados y 370.487 puestos de trabajo privados formales. La caída equivale al cierre de 31 empresas y la destrucción de 435 empleos por día entre noviembre de 2023 y marzo de 2026.
Y un detalle que retrata quiénes están pagando la cuenta: el 99,75% de los empleadores que desaparecieron correspondía a empresas de hasta 500 trabajadores. Pymes, comercios barriales, talleres, microemprendimientos. El entramado que sostiene el empleo en cada localidad del interior es el que está desapareciendo.
Las proyecciones de las propias cámaras pyme son aún peores. El Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA) anticipa para el cierre de 2026 la pérdida de 500.000 puestos formales y la desaparición de hasta 40.000 unidades productivas. La recesión ya borró del mapa a 25.000 empresas desde diciembre de 2023, con un pico de 10.200 cierres registrados sólo en febrero.
Construcción, industria y comercio: los rubros arrasados
¿Qué tipo de empresas cierran y qué tipo de empleos se pierden? El mapa es nítido. El sector más afectado en pérdida de puestos de trabajo es la construcción, con una reducción de 81.425 trabajadores entre noviembre de 2023 y marzo de 2026. Le sigue la industria manufacturera, que perdió 79.263 puestos. La construcción acumula una caída del 22% de actividad en la era Milei según el ISAC del INDEC.
En términos porcentuales, el sector más golpeado en cantidad de empleadores fue transporte y almacenamiento, con una caída del 15,7%, seguido por servicios de organismos extraterritoriales (-14,4%), servicios inmobiliarios (-12%) y construcción (-9,6%).
El daño en la industria es de los más graves por su efecto multiplicador. El último informe del Centro de Estudios de la UIA reveló que el empleo en las fábricas argentinas llegó en marzo de 2026 al nivel más bajo en cuatro años: 46.659 trabajadores industriales perdieron su empleo formal en un año, una caída del 4% interanual. Comparado con el pico de agosto de 2023, la destrucción de empleo en la industria asciende a 82.428 operarios menos. El número de empleadores industriales cayó un 4,5% interanual, lo que significa que 2.167 firmas dejaron de declarar trabajadores. Textiles y calzado lideraron las pérdidas con una baja interanual del 12,7%.
A esto se suma un indicador que vale como termómetro de los hogares: el empleo registrado en casas particulares cayó de 629.660 a 600.429 personas, una pérdida de 29.231 puestos. Más de 34 empleos registrados menos por día en uno de los sectores más sensibles a las variaciones del ingreso familiar.

Infografía: elaboración propia con datos de CEPA, INDEC, Instituto Gino Germani (UBA) y Centro de Estudios UIA.
La motosierra en el Estado: 60.494 puestos eliminados
En paralelo, el Estado no es contracara sino multiplicador del problema. Según cifras del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, desde diciembre de 2023 ya se eliminaron 60.494 puestos en la administración pública nacional, con una fuerte caída en cargos jerárquicos. El gobierno proyecta despedir entre 5.000 y 6.000 empleados públicos más en los próximos meses, en el marco de un plan que apunta a reducir hasta un 10% la planta total durante 2026: más de 27.000 puestos. Los organismos en la mira son Indec, Conicet, INTA, INTI, Senasa, Anses, ARCA, Enargas, ENRE y Enacom, entre otros: la red de organismos técnicos que el país tardó décadas en construir.
El "empleo que se crea": qué hay detrás del relato oficial
El gobierno suele responder a estas cifras señalando que la economía "crea empleo". Conviene mirar qué empleo es ese. El Instituto Gino Germani de la UBA publicó en mayo un trabajo titulado "Derrame invertido: la cascada regresiva" que pone números a la sustitución. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el de 2025, el saldo neto de puestos de trabajo es casi nulo (-18.764), pero esa aparente estabilidad oculta una metamorfosis profunda: se destruyeron 253.543 puestos asalariados formales y se crearon 288.765 nuevos cuentapropistas de baja calificación.
"Nueve de cada diez puestos generados en este período son precarios, sin relación de dependencia, sin protección social y con ingresos que promedian el 45% de lo que percibe un trabajador registrado. No hay creación de empleo genuino; hay sustitución de empleo de calidad por ocupaciones de subsistencia". — Informe "Derrame invertido", Instituto Gino Germani (UBA), mayo 2026 |
¿En qué condiciones trabajan los 2,6 millones de cuentapropistas precarios? ▪ Jornada: el 44% está sobreocupado y trabaja más de 45 horas semanales; el 33% subocupado. ▪ Ingreso promedio: $720.000 mensuales, un 45% por debajo de un asalariado formal. ▪ Pobreza: el 86% no logra superar la Canasta Básica Total (línea de pobreza). ▪ Indigencia: el 42% queda por debajo de la Canasta Alimentaria (línea de indigencia). ▪ Sin protección: el 73% trabaja totalmente fuera de cualquier registro legal (sin aportes jubilatorios, ni obra social, ni cobertura por enfermedad o accidente). ▪ Perfil: el 51% son jefes o jefas de hogar; el 47% no terminó el secundario. ▪ Concentración: el 55% se desempeña en comercio y construcción, las ramas de menor productividad. |
A esto se suma el deterioro salarial entre quienes sí mantienen un empleo registrado. El salario privado registrado perdió 1,3% de poder de compra en marzo. En los últimos doce meses acumula una caída del 3,9% y respecto del promedio de 2023, el deterioro es del 5,7%. Son siete meses consecutivos a la baja. Y el salario mínimo real se desplomó 39% desde noviembre de 2023: ya está por debajo del nivel de 2001.
Trabajar y seguir siendo pobre
El fenómeno tiene una traducción concreta en la vida cotidiana de millones de familias. Un informe de la organización Futuros Mejores señaló que el 59% de las personas pobres en edad de trabajar ya tiene empleo. Es decir, no se trata de falta de trabajo, sino de ingresos insuficientes. Apenas el 7,9% de ese segmento está desempleado. Trabajar dejó de ser garantía de no ser pobre.
La pobreza infantil es el reflejo más doloroso. Un informe del 9 de junio de 2026 de UNICEF Argentina, basado en datos oficiales del segundo semestre de 2025, indica que el 42,3% de los niños, niñas y adolescentes viven en hogares pobres y el 9,4% se encuentra por debajo de la línea de indigencia. Las estimaciones para el primer semestre de 2026 proyectan que la pobreza infantil podría llegar a valores en torno al 44%. Son 5,1 millones los chicos que residen en hogares pobres y, de ellos, cerca de 1,1 millones en hogares indigentes.
Un daño difícil de recomponer
Lo más serio de este panorama no es la fotografía de un trimestre. Es la consolidación de una matriz.
"La consolidación de más de dos años de caída ininterrumpida evidencia que la pérdida de puestos de trabajo ha dejado de ser un ajuste transitorio para transformarse en un daño estructural". — Industriales Pymes Argentinos, mayo 2026 |
La advertencia es técnica pero su sentido es político: lo que se rompe, no se recompone solo. El economista Daniel Schteingart, curador de Argendata, lo sintetizó esta misma semana al difundirse los datos del INDEC:
"En 2012-2015, el 52% del empleo era asalariado formal. Hoy esa cifra es 45%, la menor en veinte años. Ganó peso el empleo asalariado informal y, sobre todo, el empleo no asalariado. En 2026, el 28% del empleo es no asalariado, el máximo en al menos 25 años".
¿Por qué será tan difícil revertirlo? Porque la destrucción no es sólo cuantitativa: cada fábrica que cierra se lleva consigo equipos técnicos formados durante décadas, cadenas de proveedores, conocimiento productivo localizado. Las habilidades de los trabajadores tampoco son "plastilina", como suelen suponer los manuales: un obrero metalúrgico de 50 años no se reconvierte sin más en programador. Cuando esos trabajadores caen, lo hacen sobre redes familiares ya tensionadas por la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el endeudamiento. El año 2026 marca un punto de inflexión: la capacidad de pago de las familias ha llegado a su límite y el coeficiente de morosidad alcanza niveles máximos en más de veinte años.
El gobierno celebra la baja de la inflación, el crecimiento del PIB del 2,3% interanual del primer trimestre y la llegada de inversiones de gran escala bajo el RIGI. Pero el otro lado de esa fotografía es nítido: la economía crece y al mismo tiempo expulsa trabajadores formales, cierra pymes, deshace al Estado técnico y empuja a millones a un autoempleo de supervivencia donde se gana menos, se trabaja más y no se llega a cubrir la mesa familiar. Esa fractura entre un puñado de sectores ganadores y un universo creciente de excluidos del trabajo de calidad es la marca social de este tiempo.
Cuando finalmente se quiera reparar el tejido, será mucho más caro y mucho más lento que destruirlo.



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