
Canopus: el cohete que puso a la Argentina en el umbral del espacio
NeuquenNewsA las 6:30 de la mañana del 23 de diciembre de 1969, desde un descampado polvoriento del oeste riojano, un cohete de poco más de cuatro metros se elevó rugiendo hacia un cielo todavía oscuro. En su ojiva no viajaba un instrumento meteorológico ni una carga de telemetría, sino un pasajero vivo: un pequeño mono caí llamado Juan, oriundo de la selva misionera.
El vehículo era un Canopus II, diseñado y construido íntegramente en el país. Apenas cinco meses después de que el hombre pisara la Luna, la Argentina se convertía en la cuarta nación de la historia en enviar un ser vivo más allá de los límites de la atmósfera y recuperarlo con vida, detrás de Estados Unidos, la Unión Soviética y Francia.
El episodio, hoy recordado entre la épica y la anécdota curiosa, es la cumbre visible de un programa científico y tecnológico que, durante poco más de una década, colocó al país entre los líderes regionales de la cohetería. El Canopus no fue una hazaña aislada: fue el eslabón de una cadena de desarrollos que arrancó a comienzos de los años sesenta y que, por un breve período, hizo creer que poner un satélite argentino en órbita con un lanzador nacional era una meta alcanzable a mediano plazo.

Una política espacial nacida en plena Guerra Fría
El impulso sistemático comenzó con la creación de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), el organismo que ordenó las actividades aeroespaciales en el ámbito de la Fuerza Aérea Argentina. Su primer presidente fue el ingeniero Teófilo Tabanera —cuyo nombre lleva hoy el Centro Espacial de la CONAE en Córdoba—. El contexto era el de la carrera espacial entre las superpotencias, y la Argentina no quería quedar al margen de un terreno que parecía definir el prestigio tecnológico de las naciones.
La figura técnica decisiva fue el comodoro ingeniero Aldo Zeoli, recordado como el padre de la cohetería argentina. Formado en parte en el Reino Unido e incorporado a la Fuerza Aérea, Zeoli encabezó al grupo de técnicos que proyectó el primer cohete de investigación del país, el Alfa Centauro, lanzado el 2 de febrero de 1961: un vehículo de una sola etapa, 2,70 metros de largo, apenas 9,4 centímetros de diámetro y unos 28 kilos de peso. De ese punto de partida modesto surgió, en pocos años, toda una familia de cohetes sonda.
El trabajo se concentró en el Instituto de Investigación Aeronáutica y Espacial (IIAE), heredero del Instituto Aerotécnico de Córdoba, y los lanzamientos se realizaron principalmente desde el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados (CELPA) de Chamical, en La Rioja, operativo entre 1962 y 1974. Desde allí despegaron las series Orión, Canopus, Rigel y Castor, además de campañas de estudio atmosférico, lucha antigranizo y experiencias internacionales como el programa EXAMETNET.
De Orión a Canopus: la búsqueda de más altura
El Canopus nació de una necesidad concreta. Tras los buenos resultados del programa Orión —cuyo modelo II alcanzó 112 km de altura y fue el primer cohete argentino de combustible compuesto—, los ingenieros del IIAE buscaron una planta propulsora más potente, capaz de llevar una carga útil de tamaño respetable hasta los 200 km. El primer paso fue un demostrador tecnológico, el Canopus I: un cohete de una etapa, propelente compuesto de poliuretano, unos 160 kilos de peso, cuatro metros de largo y 27,85 centímetros de diámetro, ensayado por primera vez en noviembre de 1966. De él se hicieron apenas un par de lanzamientos de calificación.
El rediseño dio como resultado el Canopus II, el vehículo operativo de la familia: una estructura mejorada y más larga —cerca de 4,7 metros—, mayor carga de combustible y un peso del orden de los 280 kilos, con el mismo diámetro de 27,85 cm. Su primer lanzamiento se efectuó en 1969. El Canopus II no solo voló como cohete independiente: se utilizó como primera etapa del cohete sonda Rigel y, agrupado en racimos de cuatro motores, como base del potente Castor. Esa modularidad —reutilizar un motor probado como ladrillo de vehículos más ambiciosos— era exactamente la lógica de ingeniería que distinguía a un programa serio de una sucesión de experimentos sueltos.
Juan, el "primer astronauta argentino"
El vuelo tripulado por un ser vivo se enmarcó en el proyecto Experiencia BIO, orientado a enviar animales al espacio con telemetría y recuperarlos con vida. No fue el primer intento: ya en 1967 se habían lanzado roedores en cohetes Orión, que alcanzaron unos 25 kilómetros de altura.
El salto cualitativo llegó con Juan. El mono caí, de alrededor de un kilo y medio de peso, fue lanzado en el Canopus II el 23 de diciembre de 1969 y alcanzó aproximadamente 82 kilómetros de altura en un vuelo suborbital de pocos minutos. Tras desplegarse el sistema de frenado y los paracaídas, la cápsula tocó tierra a unos sesenta kilómetros del punto de lanzamiento, sobre una salina de la propia provincia de La Rioja, donde fue recuperado sano y salvo. Lejos de morir en la experiencia, Juan sobrevivió y vivió alrededor de dos años más como atracción del zoológico de la ciudad de Córdoba. La operación contó con la participación del Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial y de la CNIE. Más allá del valor simbólico, el experimento tenía objetivos médicos y biológicos concretos sobre el comportamiento de un organismo durante el vuelo, y consolidó el dominio nacional de la telemetría, la recuperación de cápsulas y el seguimiento por radar.
El breve apogeo y el desmantelamiento
Aquellos años fueron los de mayor empuje. Apenas un día antes del vuelo de Juan, ensayos preliminares en Chamical alcanzaron altitudes que rozaban registros sudamericanos, y la familia de cohetes sonda permitió mediciones de radiación, estudios de la ionosfera y campañas científicas sostenidas. El Rigel —combinación de un Canopus como primera etapa y un Orión como segunda— llegó a superar holgadamente los 200 km, con más de una veintena de lanzamientos a lo largo de los años. Parecía, en efecto, que un lanzador satelital propio era cuestión de tiempo.
No ocurrió. Las dificultades económicas y los vaivenes políticos golpearon al programa: hacia comienzos de los setenta varias estructuras civiles dejaron de funcionar, el CELPA de Chamical cesó su actividad de lanzamientos en 1974 y el impulso original se diluyó. Más tarde, el desarrollo derivó en el controvertido proyecto del misil Cóndor, finalmente desmantelado en los años noventa en el marco del realineamiento de la política exterior argentina, con instalaciones y planos enviados al exterior y equipos altamente calificados dispersados.
Recién en la década de 1990 el país retomaría una política espacial sistemática, ahora con fines exclusivamente civiles y con foco en satélites: la creación de la CONAE y la posterior serie de satélites SAC y SAOCOM marcaron ese segundo capítulo, que continúa con proyectos de lanzadores como el Tronador.
Lo que dejó el Canopus
Visto desde hoy, el Canopus condensa una paradoja argentina conocida: la capacidad de alcanzar logros de frontera con recursos limitados, y la dificultad de sostenerlos en el tiempo. En poco más de una década, un grupo de ingenieros formados en el país diseñó motores, vehículos de varias etapas y sistemas de recuperación que pusieron a la Argentina entre las primeras naciones en cruzar el umbral del espacio con un ser vivo. El mono Juan se volvió la cara amable de esa historia; los cohetes que lo llevaron y lo trajeron, la prueba de una madurez técnica que después costó recuperar.
Fuentes consultadas
- Wikipedia — Historia de la astronáutica en Argentina / Canopus II / CELPA Chamical / Aldo Zeoli
- Argentina.gob.ar (CONAE) — Antecedentes del programa espacial
- La historia del primer astronauta argentino, Cenital
- La historia de Juan, el mono astronauta, La Nación
- Un documental reconstruye los inicios de la historia aeroespacial argentina, Perfil
- Una historia de cohetes: el desarrollo aeroespacial en Argentina, Agencia TEC / Agencia de Noticias Científicas (UNQ)
- Evolución del desarrollo tecnológico espacial en Argentina (paper, Portal Amelica)
- Machtres — Vectores Argentinos; Argentina en el Espacio: Vectores 1960/1969
- JP Cohetería — fichas técnicas de los cohetes Castor y Canopus


Los primeros pobladores: 14.000 años de historia antes de la conquista


El FMI le exige a Milei más trabajadores pagando Ganancias: la amenaza llega también a Vaca Muerta

Claudio Úbeda tras la eliminación de Boca: “Hay que asumir la derrota y dar la cara”


Cielo cubierto, viento fuerte y nieve en la cordillera: el pronóstico para este martes en Neuquén


Lluvia hoy y viento feroz la semana que viene: lo que se viene en Neuquén según la AIC y el SMN

Los primeros pobladores: 14.000 años de historia antes de la conquista

Murió el Indio Solari a los 77 años, uno de los mayores exponentes del rock nacional

La Fundación BPN invita a ver los partidos de Argentina en pantalla gigante en el Cine Teatro Español





