
Byung-Chul Han: la sociedad del cansancio

En las últimas décadas, el mundo cambió sin hacer ruido. No hubo grandes revoluciones visibles, ni caídas abruptas de sistemas, ni golpes espectaculares del poder. Sin embargo, algo profundo se transformó en la vida cotidiana de millones de personas: el cansancio se volvió una forma de existencia.
No el cansancio físico del trabajo duro, sino uno más silencioso, más difuso, más íntimo. Un agotamiento del alma, de la mente, de la voluntad. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han intentó comprender ese fenómeno y lo resumió en una idea potente: vivimos en la sociedad del cansancio.
Han no describe un mundo dominado por la represión, sino por la autoexigencia. Ya no hace falta un amo visible. Cada individuo se exige a sí mismo hasta el límite.
Durante siglos, las sociedades funcionaron bajo una lógica disciplinaria: prohibiciones, normas, castigos, control externo. El poder decía “no”. Pero en el mundo contemporáneo —según Han— el poder cambió de forma. Ya no reprime, seduce. Ya no prohíbe, impulsa. Ya no limita, exige rendimiento. La palabra dominante dejó de ser “debes” y pasó a ser “puedes”.
Y allí comienza el problema
El individuo moderno cree ser libre porque no siente cadenas visibles. Puede producir, mostrarse, opinar, crear, competir, reinventarse. Pero esa aparente libertad esconde una presión constante: ser mejor, rendir más, no detenerse. El sujeto contemporáneo no se siente obligado por otro, sino por sí mismo. Se convierte en su propio jefe, su propio vigilante, su propio explotador.
Y cuando no alcanza, se culpa
En este nuevo escenario, las enfermedades cambian. Ya no predominan las infecciones externas, sino los trastornos internos: depresión, ansiedad, agotamiento, síndrome de burnout. No nacen del castigo, sino del exceso de exigencia. El enemigo ya no está afuera. Está dentro.
Han sostiene que vivimos en una sociedad del rendimiento, donde el valor del individuo se mide por su productividad. Hacer, producir, avanzar, optimizar. El descanso parece pérdida de tiempo. El silencio, inutilidad. La pausa, debilidad. El resultado es una vida acelerada, saturada de estímulos, donde la mente no logra detenerse.
Y sin pausa, no hay pensamiento profundo
El exceso de información —dice Han— no genera claridad, sino ruido. La hiperconectividad no produce comunidad, sino aislamiento. La exposición permanente no construye identidad, sino fragmentación. El individuo está conectado con todo, pero distante de sí mismo.
En ese mundo, incluso el ocio se vuelve productivo: hay que aprovecharlo, mostrarlo, convertirlo en contenido. La vida entera se transforma en rendimiento.
Pero el cansancio profundo no es solo fatiga. Es pérdida de sentido. Cuando todo se vuelve exigencia, la vida pierde silencio, contemplación, profundidad. Y sin esos espacios, el ser humano se vuelve incapaz de reflexionar sobre sí mismo.
Han advierte que la verdadera libertad no está en poder hacerlo todo, sino en poder detenerse. En poder decir no. En recuperar el tiempo no productivo, el tiempo sin finalidad, el tiempo humano. Porque —según él— el exceso de positividad también puede destruir.
El sujeto del siglo XXI no es reprimido. Está agotado
Sin embargo, el pensamiento de Han no es pesimista, sino lúcido. No propone regresar al pasado, sino recuperar algo esencial: la pausa, la contemplación, el silencio, la interioridad. Recuperar el derecho a no producir constantemente, a no optimizar cada instante, a no medir la vida solo en términos de rendimiento.
En un mundo acelerado, detenerse es un acto casi revolucionario
Byung-Chul Han no escribe para alarmar. Escribe para mostrar. Su diagnóstico es incómodo porque refleja algo profundamente cotidiano: el cansancio no siempre viene del trabajo duro, sino de la presión invisible de tener que ser siempre algo más.
Tal vez, en medio del ruido, la hiperexigencia y la velocidad, su enseñanza más simple sea también la más difícil: No todo en la vida debe producir. No todo debe medirse. No todo debe acelerarse.
A veces, vivir también es detenerse. Y quizá, en esa pausa, el ser humano vuelva a encontrarse consigo mismo.


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