1100X100SV (1)

Carolina Maria de Jesus: escribir desde el fango para salir del fango

Vivía en una favela de São Paulo y recogía cartones para comer. Escribía de noche en cuadernos rescatados de la basura.
DE NUESTRA REDACCIÓN27/03/2026 "Mujeres que hicieron historia"

Carolina Maria de Jesus recogía papel y cartón en las calles de São Paulo para vender por kilos en un depósito de reciclaje. Con ese dinero compraba frijoles y pan. A veces alcanzaba para los tres hijos, a veces no. Los días que no alcanzaba, anotaba en su cuaderno que sus hijos tenían hambre. No con drama. Con la misma precisión seca con que un contador anota una deuda: el dato, la fecha, el hecho. El hambre era un hecho. Lo demás era literatura.

Vivía en la favela do Canindé, a orillas del río Tietê, en una barraca de madera y lata que había construido con materiales recogidos en la calle a lo largo de años. Era 1955. Tenía tres hijos de tres padres distintos, ninguno de los cuales había permanecido. No tenía ningún apoyo institucional, ninguna red de protección, ningún familiar cercano que pudiera ayudarla. Tenía dos años de escuela primaria —había podido estudiar tan poco porque la pobreza y el racismo del interior de Brasil en los años veinte y treinta no dejaban otro margen— y una capacidad de observación que ninguna universidad habría podido enseñarle.

Había nacido en 1914 en Sacramento, en el estado de Minas Gerais, hija de una familia negra y muy pobre. Intentó estudiar de niña: una señora del pueblo pagó su matrícula por dos años, y esos dos años fueron los únicos. Cuando la señora se fue, la escuela se acabó. Carolina siguió sola, leyendo todo lo que encontraba, aprendiendo de los libros con la tenacidad de quien sabe que nadie más va a enseñarle.

Llegó a São Paulo en los años cuarenta buscando trabajo. La ciudad estaba en plena industrialización, creciendo a una velocidad que producía riqueza para unos y miseria para muchos. Para los que llegaban del nordeste o del interior, para las personas negras, para las mujeres sin educación formal, la ciudad ofrecía el trabajo más duro y las condiciones más precarias. Carolina terminó en la favela do Canindé.

Escribía de noche, cuando sus hijos dormían, a la luz de lo que hubiera —a veces una vela, a veces el resplandor de las luces lejanas de la ciudad—, en cuadernos que rescataba de la basura. Escribía su vida: las peleas entre vecinos, el hambre que llegaba y no se iba, el barro que la lluvia hacía en los pasillos entre las barracas, los colores del río al amanecer, los niños que jugaban descalzos, la violencia de los hombres que tomaban aguardiente cuando no tenían otra cosa que hacer, la brutalidad cotidiana de ser negra y pobre y mujer en el Brasil de los años cincuenta. Pero también escribía el olor de los jazmines que alguien había plantado en una lata oxidada, la luna sobre el río, la belleza específica e improbable de ese lugar que el resto de la ciudad prefería no mirar.

En 1958, un periodista joven llamado Audálio Dantas llegó a la favela do Canindé para cubrir una historia sobre la remoción de un parque de juegos. En la discusión que se armó, escuchó a una mujer negra, alta, con papeles bajo el brazo, amenazar a los hombres que perturbaban el orden: 'Voy a poner sus nombres en mi libro'. Dantas se acercó. Pidió ver el libro. Leyó los cuadernos.

Lo que encontró lo dejó sin palabras: una escritura directa, sin pretensión literaria en el sentido académico, pero con una precisión y una fuerza que ningún estilo aprendido habría podido fabricar. Era la vida tal como era, vista desde adentro, sin la mediación de quien escribe sobre los pobres desde afuera con distancia compasiva. Dantas llevó los cuadernos a una editorial. La editorial dudó. Dantas insistió.

'Quarto de Despejo: Diário de uma Favelada' se publicó en agosto de 1960. En el primer mes se vendieron treinta mil ejemplares. En el primero año, más de cien mil. Se tradujo a trece idiomas. Carolina Maria de Jesus se convirtió, literalmente de un día para otro, en la escritora brasileña más leída en el extranjero. Fue recibida en el Palacio del Gobierno. Fue invitada a hablar en universidades. La prensa internacional mandó corresponsales a entrevistarla.

Con el dinero que ganó pudo comprar una casa de material en una zona alejada de la favela. Sus hijos pudieron ir a la escuela. Pero la celebridad fue tan abrupta como el olvido que vino después. El mundo literario que la había aclamado no sabía muy bien qué hacer con ella cuando los focos se movieron. Su segundo libro, 'Casa de Alvenaria', publicado en 1961 y que narraba su salida de la favela, fue recibido con frialdad. Era un libro sobre alguien que ya no era suficientemente pobre para seguir siendo interesante para quienes la habían descubierto.

Murió en 1977, de nuevo en la pobreza, en una casa pequeña en el interior de São Paulo. Tenía sesenta y tres años. Sus cuadernos quedaron. Son tan honestos y tan duros como el día en que los escribió, en esas noches de la favela do Canindé cuando el hambre era un hecho y la escritura era la única cosa que no le costaba nada.

“El hambre es la profesora más severa. Aprendí todo lo que sé en su escuela.”  — Carolina Maria de Jesus

Te puede interesar
Lo más visto