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La “pobreza intermitente” y el derrumbe de la clase media argentina

El consultor Guillermo Oliveto advierte que el 70% de los argentinos “termina el mes el día 20” y se auto percibe en una “pobreza intermitente”. La movilidad ascendente que definió a la clase media argentina se resquebraja: del sueño de la casa propia al temor de no llenar la heladera.
ACTUALIDAD24/09/2025NeuquenNewsNeuquenNews
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En una entrevista publicada en el diario Clarín, Oliveto describe a una clase media en "caída libre". La Argentina supo definirse como un país de clase media. Esa identidad, cimentada en la educación pública, el ascenso social y la propiedad de la vivienda, fue orgullo y diferenciación regional. Pero el análisis de Guillermo Oliveto muestra un deterioro profundo: de un 75% de población en clase media y apenas un 4% de pobreza hace décadas, hoy el número se redujo a un 43%, con más del 30% en situación de pobreza estructural.

El quiebre no es solo económico, sino cultural. En los focus groups que releva Oliveto aparece un nuevo término: “pobreza intermitente”. Familias que aún mantienen rasgos de clase media, pero que mes a mes se sienten pobres según su capacidad de llegar -o no- al día 30.

Del sueño de la casa al miedo a no comer
El recorrido histórico muestra la mutación de las aspiraciones sociales. Primero fue la vivienda propia, luego -tras la crisis de 2001 y la desaparición del crédito hipotecario- viajar, consumir tecnología y disfrutar de la globalización. En la prolongada cuarentena cuando los chicos no podían ir a la escuela, lo que sentían era que estaban condenando a sus hijos a perder la posibilidad de la movilidad social ascendente, y probablemente a tener una movilidad social descendente, y esto era como romper el ADN de la argentinidad. Hoy, en la clase media baja, la expectativa se reduce a lo básico: llenar la heladera y evitar el desalojo.

“El gen de la clase media empuja para arriba”, explica Oliveto, con valores de educación, trabajo y esfuerzo. “El gen de la pobreza es resignación y opacidad”. Lo alarmante es que este último empieza a expandirse y amenaza con dominar el clima social.

Argentina tiende a parecerse cada vez más a las estructuras clásicas de Latinoamérica. El arquetipo de la argentinidad está hackeado y en riesgo.

Una sociedad partida en dos
La radiografía del consumo confirma la fragmentación. Un 30% de la población -empleados formales y autónomos exitosos- sostiene el boom en autos, inmuebles, viajes y electrodomésticos. El resto, un 70%, sobrevive con pluriempleo, trabajos informales y estrategias de rebusque digital.

Con un 42% de empleo en negro, Oliveto advierte que no hay salida posible sin más trabajo registrado en el sector privado. Incluso si Argentina lograra aprovechar el “ticket” de Vaca Muerta, la minería, el agro y la economía del conocimiento, la falta de formalidad laboral puede condenar al país a repetir la historia de Angola en lugar de la de Noruega.

Esperanza y añoranza
Para Oliveto, el clima de época es contradictorio: un 45% mantiene la esperanza, lo que da oxígeno, pero al mismo tiempo predomina la añoranza por un país que se aleja. El riesgo es que surja un nuevo sujeto social marcado por la apatía, la pérdida de la vocación de progresar y el acostumbramiento a “llegar hasta el 20”.

En ese marco, el consultor concluye: cuidar a la clase media es defender la identidad nacional. Si el país deja erosionar ese motor de movilidad ascendente, puede perder el rasgo que alguna vez lo distinguió en América Latina.

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