
De la infancia a la identidad: el cerebro entre los 6 y 12 años
NeuquenNews
Entre los 6 y los 12 años, el cerebro humano atraviesa una de sus fases más intensas y silenciosas de transformación. No es tan llamativa como la infancia temprana ni tan tumultuosa como la adolescencia, pero en este tramo se tejen, casi sin que nos demos cuenta, los cimientos de la identidad personal. Es en esta etapa “olvidada” donde se consolidan funciones mentales complejas, se afianzan vínculos sociales más elaborados y el niño comienza a construir una narrativa interna sobre quién es, qué puede hacer y cómo encaja en el mundo que lo rodea.
1. Un cerebro casi adulto... pero todavía en construcción
Alrededor de los 6 años, nuestro cerebro ya alcanza el 90‑95 % de su tamaño adulto. Sin embargo, esto no significa que haya terminado su evolución: entre los 6 y 12 años, se da una "segunda ola" de desarrollo. Aumenta la materia gris (conexiones neuronales), seguida de un proceso de afinamiento que elimina rutas menos útiles. Al mismo tiempo, la materia blanca —los axones recubiertos de mielina— sigue creciento, mejorando la velocidad y eficiencia del procesamiento cerebral .
2. Las herramientas del pensamiento entran en juego
Según Piaget, los niños en esta etapa entran en la fase de operaciones concretas (7–11 años): pueden pensar lógicamente sobre situaciones reales, entender causas y consecuencias, clasificar conceptos, etc. Desde ~10‑12 años, algunos pueden llegar a nivel de operaciones formales, pensado de forma más abstracta.
Tras los 7 años se impone progresivamente el control ejecutivo: mejor memoria, atención selectiva, inhibición de impulsos, planificación —todas capacidades que se disparan entre los 7 y 12 años .
3. Identidad en construcción: sociales y emocionales
Durante estos años:
- Los niños amplían su autoconcepto, evaluándose en distintas áreas (aspecto físico, rendimiento, habilidades sociales…) .
- Se producen comparaciones sociales —¿soy mejor o peor en esto que mis pares?—, lo que afecta su autoestima .
- Desarrollan nuevas estrategias emocionales: antes buscaban a los padres, ahora pueden distraerse, replantear una situación estresante o buscar apoyo en los pares o maestros .
Además, según Erikson, en esta etapa el niño quiere sentirse capaz y valorado al aprender y en actividades; el fracaso repetido sin ayuda puede hundir su autoestima .
4. Cerebro social: de kits a grupos
Las amistades y el entorno escolar ganan protagonismo. Aprenden el trabajo en equipo, la empatía y a resolver conflictos verbalmente . Este apoyo por pares se vuelve clave para su desarrollo emocional.
5. Memoria y el yo
Con su desarrollo lingüístico, los niños empiezan a usar el efecto de autorreferencia: recuerdan mejor lo que se relaciona con ellos mismos. Su memoria personal se fortalece y con ello, la narrativa de quiénes son .
6. El cerebro se afina: control, atención y regulación
Hasta los 12: mejora la regulación de la atención, la supresión de distracciones y el control de impulsos . Esto permite funciones superiores: resolver problemas y planificar con visión de futuro.
¿Por qué esta etapa se considera “olvidada”?
A menudo se valora mucho la primera infancia (0‑6 años) y la adolescencia (13‑19), considerando la preadolescencia como un tramo intermedio menos visible. Pero en este periodo se sientan las bases de:
- Pensamiento lógico y abstracto incipiente,
- Expresión de identidad personal/física,
- Regulación emocional autónoma,
- Redes sociales más complejas y sentido de pertenencia.
Todo esto forma el núcleo de la identidad: lo que pensamos, cómo nos sentimos, cómo actuamos y con quiénes nos relacionamos.
¿Qué pueden hacer padres, docentes y cuidadores?
- Potenciar áreas de interés: apoyar talentos y curiosidades fortalece su confianza .
- Ejercitar el pensamiento: juegos educativos, discusiones abiertas, preguntas que inviten al razonamiento, estimulan las operaciones concretas.
- Guiar emocionalmente: enseñar a identificar y nombrar emociones, modelar estrategias de afrontamiento.
- Fomentar relaciones sanas: propiciar el trabajo en equipo, escucharles y respetar sus espacios con pares.
- Apoyar éxitos y aprender de fracasos: reforzar esfuerzos y poner errores como oportunidad de aprendizaje.
Cimiento de la identidad
La etapa de los 6 a 12 años no es un paréntesis indiferente; es el cimiento de la identidad. El cerebro se afila, las capacidades sociales y ejecutivas crecen, emergen las bases del pensamiento abstracto. Con el acompañamiento adecuado, se forma una versión más sólida del ‘yo’ que definirá al adolescente y al adulto que vendrán.



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