
Sismicidad inducida en Vaca Muerta: Javier Grosso advierte sobre los riesgos y los límites del subsuelo
NeuquenNewsGrosso comenzó repasando el caso paradigmático de Sauzal Bonito, donde a comienzos de 2019 se registraron más de 20 sismos en solo 36 horas. “Fue el pueblo que visibilizó la situación”, explicó. Según señaló, el patrón de los sismos coincide geográficamente con la expansión de las fracturas hidráulicas en Vaca Muerta: Fortín de Piedra, norte de Añelo, y desde 2021, el área del Trapial en Rincón de los Sauces.
“Tiembla donde se está fracturando”, afirmó.
¿Sismos o terremotos? ¿Qué cambia?
La entrevista permitió aclarar un punto clave: no hay una diferencia técnica entre sismos y terremotos. Se trata en todos los casos de una liberación de energía. Lo que cambia es la profundidad: mientras un sismo natural puede producirse a más de 100 km bajo tierra, los sismos inducidos ocurren a solo 3 o 4 km, y por eso se sienten con más fuerza.
La huella hídrica del fracking
Uno de los aspectos más alarmantes del fracking es su enorme demanda de agua dulce. Grosso indicó que cada pozo utiliza hasta 80 millones de litros de agua y 15 mil toneladas de arena silícea, mezclados con más de 40 aditivos químicos. El problema es que gran parte de esa agua vuelve contaminada y es inyectada en pozos sumideros, lo que también puede causar sismos.
Además, las empresas no están obligadas a reutilizar el agua residual. “¿Por qué lo harían si el metro cúbico de agua del río cuesta apenas 651 pesos?”, se preguntó el geógrafo, denunciando que el Estado funciona como un “cuasi subsidio hídrico”.
Pozos viejos y sumideros cercanos a lagos
Grosso alertó sobre la convivencia peligrosa entre pozos viejos mal sellados y los nuevos pozos sumideros. En la zona de Centenario y Villa Manzano, por ejemplo, hay perforaciones de los años 70 que podrían actuar como vectores de contaminación si se altera la presión del subsuelo.
También mencionó que hay pozos sumideros al lado del lago Mari Menuco, que abastece al 70% de la población neuquina. “El riesgo no es quedarnos sin agua, sino quedarnos con agua contaminada”, advirtió.
¿Es posible una regulación sin afectar el trabajo?
Lejos de plantear una oposición tajante a la industria, Grosso propone enfoques de regulación gradual. Por ejemplo: espaciar las etapas de fractura para reducir la sismicidad, algo que ya ocurre en Texas y Alberta. “Eso no implicaría menos trabajo, sino más días de operación y más personal”, afirmó.
También insistió en que la ciencia y la universidad pública deben tener un rol protagónico en estos debates. “Las empresas se van cuando baja la rentabilidad. Nosotros nos quedamos. El Estado debe pensar a 30 años, no a tres”.
La entrevista completa
El testimonio de Javier Grosso aporta claridad, información técnica y una mirada integral sobre uno de los temas más sensibles del desarrollo no convencional en la Norpatagonia. Invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.


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