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El equilibrio precario en la política exterior (El Tábano Economista)
El Lic. Alejandro Marcó del Pont ofrece un análisis exhaustivo sobre la persistente estrategia de reasentamiento forzado que, a lo largo de la historia, ha buscado borrar la identidad única de los palestinos. En este artículo, se detalla cómo, desde la Nakba hasta las propuestas actuales, la comunidad internacional y algunos países árabes han respaldado políticas que no solo facilitan el desplazamiento masivo, sino que también intentan legitimar una limpieza étnica.
DE NUESTRA REDACCIÓN16/02/2025
NeuquenNews
La idea del reasentamiento palestino en varios puntos de territorios árabes se basaba en el concepto de que los palestinos son “árabes genéricos” que podían establecerse en cualquier otro país árabe. Sin embargo, esta visión ignora que los palestinos constituyen un pueblo con una identidad única, cuyas tradiciones, dialectos, vestimenta y raíces están profundamente vinculados a lugares específicos de Palestina.
Estas características los distinguen de los habitantes de los países árabes circundantes, lo que hace que su desplazamiento no sea simplemente una cuestión de reubicación, sino una amenaza a su identidad cultural y territorial.
La idea de la “limpieza étnica de Gaza, que analizaremos a continuación, ha contado con la anuencia encubierta de la comunidad internacional, especialmente de los países árabes. Este proyecto, que busca la “evaporación” de Palestina, parece un ciclo infinito que se repite una y otra vez, acercándose cada vez más a su realización. Para contrarrestarlo, es fundamental abordar la narrativa histórica, comenzando por la Nakba (que en árabe significa “catástrofe”). Este término se refiere al desplazamiento masivo de alrededor de 750.000 palestinos de su tierra natal en 1948, un evento que marca el inicio de esta lucha.

Tras la retirada británica de Palestina, la recién formada Organización de las Naciones Unidas (ONU) asumió la responsabilidad de resolver la “cuestión de Palestina”. El 29 de noviembre de 1947, la ONU aprobó un plan de partición que dividía el territorio en un estado judío y un estado árabe. Aunque los judíos constituían aproximadamente un tercio de la población en ese momento, el plan les asignaba la mayor parte del territorio, incluidas las tierras agrícolas más fértiles y los principales puertos. Además, medio millón de árabes palestinos que vivían en el área designada para el estado judío se enfrentaron a una difícil decisión: permanecer como minoría en su propio país o abandonar sus hogares.
El 14 de mayo de 1948, Israel declaró su independencia. Para entonces, entre 250.000 y 350.000 palestinos ya habían sido desplazados de sus tierras ancestrales. Al día siguiente, el 15 de mayo, se conmemoró por primera vez el Día de la Nakba, una fecha que simboliza la tragedia del pueblo palestino.
Mientras los palestinos huían a tierras vecinas, los ejércitos de cinco países árabes intervinieron en el conflicto con el objetivo de impedir la formación de un estado judío. Sin embargo, su intervención no solo no logró este propósito, sino que contribuyó a la expulsión de más palestinos de sus hogares. Muchos de ellos huyeron a pie, cargando lo poco que podían llevar consigo. Al final de la guerra árabe-israelí en 1949, se estima que 750.000 palestinos habían sido desplazados.
Desde entonces, los palestinos han insistido en su derecho a regresar a sus hogares y tierras, un derecho respaldado por la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada en diciembre de 1948. Este documento establece que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”. Sin embargo, este derecho ha sido sistemáticamente ignorado.
Los palestinos desplazados se convirtieron en refugiados sin nacionalidad, bajo la custodia del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (OOPS). En la Franja de Gaza, se establecieron ocho campamentos de refugiados para albergar a más de 200.000 palestinos que habían sido expulsados de más de 190 ciudades y pueblos. Estos campamentos se convirtieron en símbolos de la resistencia y la resiliencia del pueblo palestino.
En 1958, el primer ministro israelí, David Ben-Gurion, buscó formas de “motivar” a los refugiados a desplazarse hacia Jordania, con la esperanza de que, al alejarlos de Israel, fuera menos probable que regresaran. En 1961, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) comenzó a financiar un proyecto de irrigación en Jordania, empleando a refugiados palestinos como agricultores. El objetivo era que estos refugiados comenzaran a identificarse como jordanos y aceptaran reasentarse permanentemente en ese país.
La guerra de 1967 resultó en la ocupación israelí de Cisjordania, Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza. Durante las décadas de 1970 y 1980, Israel propuso varios planes para reasentar a los refugiados palestinos fuera de los campamentos. En 1983 se propuso, por ejemplo, desmantelar los campamentos y reubicar a sus habitantes en viviendas mejoradas en pueblos y ciudades. Sin embargo, estas propuestas no lograron resolver el problema de fondo.
Las negociaciones de Oslo de los años 1990 rechazaron la idea de expulsar a los palestinos de Gaza. De hecho, mantener a los refugiados en Gaza era un elemento central de la premisa de una solución de dos estados. No obstante, las esperanzas de esta solución se han desvanecido, y los planes de reasentamiento han resurgido.
Tras el ataque del 7 de octubre de 2023, que terminó costando la vida de al menos 55.000 palestinos, Israel propuso restablecer los asentamientos judíos en Gaza, que habían sido desmantelados en 2005. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, pidió “fomentar la emigración” de los palestinos de Gaza, sugiriendo que se les diera la opción de irse a otros países. Esta propuesta ha sido interpretada como un intento de legitimar la limpieza étnica bajo el disfraz de una iniciativa humanitaria.
A pesar de estas presiones, los palestinos han demostrado una resistencia inquebrantable. Tras el alto el fuego del 19 de enero de 2025, cientos de miles de palestinos desplazados regresaron a sus hogares en el norte de Gaza, reconstruyendo sus vidas entre las ruinas.
La experta en relaciones internacionales Lisa Isaac sugiere que la la clave podría estar en Alepo y Damasco, donde el rápido colapso del régimen gobernante en Siria podría ofrecer pistas sobre el futuro de la región. Aunque Siria no ha sido mencionado como un destino potencial para los palestinos desplazados, su inclusión no puede descartarse. Su nuevo liderazgo, encabezado por Ahmed al-Sharaa/al-Julani y el grupo Hay’at Tahrir al-Sham (HTS), podría buscar legitimidad internacional a través de la acogida de refugiados palestinos.
Siria no ha sido mencionada todavía entre los países propuestos para recibir a los palestinos desplazados, podemos inferir su posible inclusión. Esto es particularmente significativo dado que Egipto y Jordania han rechazado públicamente el desplazamiento de los palestinos mediante una postura árabe unificada. Sin embargo, la nueva Siria, con su nuevo liderazgo, nueva identidad y nuevo papel regional, separada de su pasado eje de resistencia, podría perseguir esto por varias razones:
Ahmed al-Sharaa/al-Julani y el grupo HTS necesitan urgentemente ser eliminados de las listas de terroristas para obtener reconocimiento internacional de los Estados Unidos e Israel que garantizará la estabilidad de su gobierno. Para su fortuna, los palestinos en Siria gozan en general de derechos equivalentes a los de los sirios, en particular en lo que respecta a la propiedad, el empleo, la educación y el acceso a la atención sanitaria. Siria necesita aproximadamente 400.000 millones de dólares para la reconstrucción; por lo tanto, las cuestiones relativas a Siria y Palestina podrían abordarse en conjunto.
¿Qué tiene de inusual la propuesta de Trump de reubicar a la población de la Franja de Gaza?
Después de todo, la historia se repite, pero a menudo nos hacemos los sordos a sus susurros, fingiendo que las lecciones del pasado siguen envueltas en misterio, cuando en realidad son evidentes.
Durante 75 años, los palestinos han resistido los intentos de borrar su presencia de su patria histórica. La propuesta de reubicación de Trump y los planes de Israel representan un nuevo capítulo en este conflicto, uno que busca normalizar el desplazamiento y la limpieza étnica. Sin embargo, la resistencia de Gaza ha demostrado que los palestinos no están dispuestos a renunciar a su tierra ni a su identidad.
Es imperativo que la comunidad internacional, especialmente los países árabes, respondan con firmeza a estas propuestas. La historia nos ha enseñado que ignorar las lecciones del pasado solo conduce a repetir los mismos errores. Gaza yace en ruinas, devastada por la maquinaria de guerra de Netanyahu, sin condena alguna por parte de Estados Unidos. Y mientras tanto, Trump propone otro capítulo de desplazamiento y normalización.

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