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Sionismo cristiano, geopolítica y la Argentina de Milei - 1° parte

Cómo una corriente religiosa nacida en Estados Unidos se convirtió en un factor de poder político en América Latina, y qué papel juega Argentina en ese engranaje global.
DE NUESTRA REDACCIÓN07/04/2026NeuquenNewsNeuquenNews

Hay una frase que el evangelismo conservador repite desde los púlpitos de Texas hasta las iglesias de la Patagonia: «Quien bendice a Israel será bendecido.» Es un versículo del Génesis, pero en el siglo XXI funciona también como programa político. Detrás de esa convicción se ha construido, con décadas de paciencia y millones de dólares, una de las redes de influencia más sofisticadas y menos visibles del mundo occidental.

Se llama sionismo cristiano. No es una iglesia, ni un partido, ni una organización con sede única. Es una cosmovisión teológica con consecuencias políticas concretas: la creencia, extendida sobre todo en el evangelismo protestante, de que el retorno del pueblo judío a Tierra Santa y la existencia del Estado de Israel son el cumplimiento de la profecía bíblica y una condición necesaria para la segunda venida de Cristo. Su base doctrinal es el dispensacionalismo: la historia humana avanza por etapas predeterminadas, Israel tiene un rol irrenunciable en ese plan, y apoyar al Estado judío es, por tanto, un mandato divino.

Ser judío refiere a una identidad religiosa, cultural y también étnica: implica pertenecer a una tradición milenaria con creencias, historia y comunidad propias. Ser sionista, en cambio, es una posición política: es la idea de que el pueblo judío debe tener —y sostener— un Estado propio, históricamente vinculado a Israel. No todos los judíos son sionistas, ni todos los sionistas son judíos; son planos distintos, uno ligado a la identidad y otro a una definición política.

Los números desafían cualquier idea de marginalidad. En Estados Unidos, los seguidores de esta corriente rondan entre 10 y 20 millones de personas, superando con holgura la cantidad total de judíos en el mundo. La organización Cristianos Unidos por Israel —CUFI, por sus siglas en inglés— fundada en 2006 agrupa a más de 7 millones de miembros. Entre ellos figuran el ex director de la CIA Mike Pompeo, el ex vicepresidente Mike Pence y el estratega John Bolton. No es una curiosidad espiritual: es un lobby con peso electoral, financiero y diplomático capaz de inclinar decisiones en Washington.

La ingeniería del lobby: cómo Israel organiza a sus aliados cristianos

El avance de esta corriente en América Latina no fue producto de la espontaneidad religiosa. Fue diseñado. Desde 2004, bajo iniciativa del rabino y político ultrasionista Binyamin Elon, el Parlamento israelí creó el grupo de trabajo «Aliados Cristianos de Israel» con un propósito preciso: identificar pastores, parlamentarios y figuras de influencia en distintos países para orientar agendas legislativas en favor de Tel Aviv. El mecanismo es elegante y eficaz: se invita a los pastores a visitar Israel, se los conecta con funcionarios y militares, se financia su estadía, y regresan transformados en embajadores informales.

El turismo religioso a Tierra Santa es, en ese sentido, mucho más que devoción. Es un instrumento de política exterior. Los pastores que visitan Israel vuelven con discursos, contactos, compromisos y, muchas veces, con recursos para financiar proyectos vinculados al Estado hebreo. Guatemala y Brasil son los casos más avanzados de esta penetración: en ambos países, legisladores evangélicos intervienen abiertamente en defensa de Israel en sus respectivos congresos. En Buenos Aires, el proceso llegó a su expresión más explícita con la llegada de Javier Milei al poder.

Argentina, el aliado más entusiasta del continente

Pocas transformaciones de política exterior han sido tan abruptas y visibles como la que protagonizó Argentina desde diciembre de 2023. Tras décadas de posiciones críticas hacia el sionismo —o al menos de cautelosa equidistancia—, Buenos Aires se convirtió en el aliado más explícito de Tel Aviv en Sudamérica. Las señales se acumularon desde el primer día: Milei expresó públicamente su admiración por el judaísmo, "soy el presidente mas sionista del mundo" dijo y prometió convertirse a esa fe una vez concluido su mandato, anunció el traslado de la embajada argentina a Jerusalén y recitó bendiciones hebreas en actos oficiales. Designó como embajador en Tel Aviv a su propio líder espiritual, el rabino Axel Wahnish.

El punto más alto de ese alineamiento llegó en junio de 2025, cuando Milei viajó por segunda vez a Israel y recibió el Premio Génesis —apodado «el Premio Nobel judío»— que incluye un millón de dólares en reconocimiento a su apoyo incondicional. Allí firmó con Netanyahu un Memorándum por la Defensa de la Democracia y la Libertad contra el Antisemitismo y el Terrorismo. A fines de ese mismo año lanzó los llamados «Acuerdos de Isaac»: una iniciativa calcada de los Acuerdos de Abraham, diseñada para profundizar vínculos entre Israel y América Latina, con Argentina como «país pionero» al lado de Estados Unidos.

“Milei apela al judaísmo no tanto desde una filiación religiosa coherente, sino como un dispositivo identitario que le permite marcar distancia frente a lo establecido y construir una narrativa de excepcionalidad política.”
Damián Setton, sociólogo, citado por el teólogo Nicolás Panotto

En ese contexto, los pastores evangélicos pro-Israel dejaron de ser aliados periféricos para convertirse en actores centrales del nuevo orden político. El vínculo no es solo simbólico: tiene forma de contratos, convenios y transferencias de dinero público.

ACIERA y los millones del Estado: la oración que se pagó cara

El 10 de diciembre de 2023, cuando Milei asumió la presidencia, el pastor que presidía la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) pronunció la oración evangélica oficial en la ceremonia. Fue un gesto cargado de significado político.

Semanas después, ese mismo gesto tuvo precio de mercado: la ministra Sandra Pettovello firmó con ACIERA un convenio de asistencia alimentaria que transfirió a esa organización 177 millones de pesos.

El timing fue brutal. La firma se realizó mientras largas filas de ciudadanos esperaban afuera del Ministerio de Capital Humano, cuya titular había declarado públicamente que «los que tienen hambre vengan de a uno que les voy a anotar el DNI». El dinero destinado a los comedores evangélicos llegó sin demoras. Los comedores del Estado tardaron meses.

ACIERA es, a su vez, miembro de redes internacionales del sionismo cristiano, incluyendo la Embajada Cristiana Internacional en Jerusalén (ICEJ), que reporta actividades regulares en Argentina desde hace años. La organización agrupa a las principales iglesias evangélicas conservadoras del país y opera como el principal canal de interlocución entre el evangelismo político y el Estado argentino. Y en Neuquén, esa red tiene un nodo particularmente denso y bien documentado.

Continúa como: Sionismo cristiano, geopolítica y la Argentina de Milei - 2° parte -  El capitulo local

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