
El estoicismo nació en la antigua Atenas, pero su mensaje resuena en cada rincón del mundo moderno: serenidad ante la incertidumbre, dominio de uno mismo y aceptación de lo que no depende de nuestra voluntad. Un viaje al pensamiento que enseñó a emperadores, esclavos y ciudadanos a vivir con integridad y fortaleza interior.














