
El límite de Figueroa a Milei: qué hay detrás del voto negativo de Julieta Corroza
NeuquenNewsDurante buena parte de los últimos meses, en Buenos Aires pareció consolidarse una certeza: Rolando Figueroa había ingresado definitivamente al universo de los gobernadores aliados de Javier Milei. Había argumentos para pensarlo.
Neuquén acompañó algunas de las reformas estructurales impulsadas por el Gobierno nacional, adhirió al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones —RIGI— y mantiene una relación particularmente estrecha con Nación alrededor de Vaca Muerta, las exportaciones energéticas y los grandes proyectos de infraestructura. Figueroa incluso participó junto al Gobierno nacional de actividades destinadas a captar inversiones internacionales.
Pero quizá el error haya sido confundir cooperación con subordinación. El voto de Julieta Corroza en el Senado comienza a aclararlo.
La senadora de La Neuquinidad votó este jueves en contra del proyecto denominado oficialmente Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Lo hizo mientras los otros dos representantes neuquinos, Nadia Márquez y Pablo Cervi, ambos de La Libertad Avanza, acompañaron al Gobierno.
El resultado fue ajustado: 37 votos afirmativos contra 33 negativos. Hasta allí podría parecer simplemente otra diferencia parlamentaria. Pero detrás del voto aparece una historia bastante más interesante.
La Casa Rosada daba por descontado el voto neuquino
Hace apenas algunas semanas, el Gobierno nacional contaba a Corroza entre los votos que podían ayudarlo a aprobar la iniciativa.
Durante la sesión del 16 de julio, la senadora neuquina incluso contribuyó al quórum que permitió abrir el recinto. Medios nacionales ubicaban entonces su voto dentro del esquema de apoyos con el que trabajaba el oficialismo. No era una especulación absurda.
Corroza había acompañado en febrero la reforma laboral en general, aunque después votó contra algunos de sus capítulos. Su posición entonces sintetizó bastante bien la doctrina política que La Neuquinidad pretende construir en el Congreso: acompañar reformas, pero establecer límites cuando considera afectados intereses provinciales, derechos laborales o actividades estratégicas de Neuquén.
Ella misma lo había anunciado después de las elecciones de 2025: “Ni oficialismo ni oposición”. Su definición fue todavía más explícita: “Somos pro Neuquén”.
Hasta ahora podía sonar a consigna electoral. El jueves comenzó a parecer una estrategia.
La tierra modificó el tablero
La frontera apareció cuando el Gobierno nacional intentó modificar el régimen de propiedad de tierras rurales.
El proyecto originalmente pretendía una apertura mucho mayor a capitales extranjeros. Después, ante las resistencias, el oficialismo fue reduciendo sus pretensiones hasta proponer elevar del 15% al 25% el límite de propiedad extranjera por provincia.
Tampoco alcanzó. El 5 de agosto Figueroa salió públicamente a fijar posición.
“No estamos de acuerdo con la extranjerización de la tierra”, dijo, y reclamó directamente al Gobierno nacional que retirara ese capítulo. Su advertencia fue terminante: Neuquén no acompañaría una ley que lo contuviera.
No fue una declaración aislada.
Dos días antes había enviado a la Legislatura provincial un proyecto para restringir la adjudicación y venta de tierras fiscales provinciales a ciudadanos argentinos o personas jurídicas constituidas en el país y vincular esas adjudicaciones con proyectos productivos, ganaderos o turísticos.
El proyecto provincial tiene límites y no constituye por sí solo un blindaje integral frente a cualquier proceso de extranjerización, especialmente porque se concentra en tierras fiscales. Pero políticamente cumplió otra función: permitió a Figueroa colocar una bandera antes de que la discusión llegara al recinto nacional.
La tierra se transformó así en una línea roja.
Pero Corroza fue todavía más lejos
Aquí aparece el dato que vuelve más interesante la historia. La presión de Neuquén y de otros sectores terminó funcionando. Ante la certeza de que podía perder la votación, La Libertad Avanza retiró el capítulo referido a la venta de tierras a extranjeros.
También retiró, a último momento, las modificaciones sobre la Ley de Manejo del Fuego.
El proyecto que finalmente llegó a la votación general conservó fundamentalmente modificaciones vinculadas con expropiaciones y procedimientos de desalojo.
El Gobierno había cedido. Sin embargo, Corroza votó igualmente en contra. Ese voto permite una segunda lectura.
Si el único objetivo de Figueroa hubiera sido impedir la flexibilización de la Ley de Tierras, una vez retirado ese capítulo la senadora podría haber acompañado el resto de la iniciativa y todos habrían podido presentar el resultado como una negociación exitosa.
No ocurrió. Corroza permaneció entre los 33 votos negativos.
Por eso el episodio parece exceder la discusión jurídica sobre tierras y adquirir una dimensión estrictamente política.
Figueroa necesita a Milei, pero también necesita diferenciarse de Milei
Neuquén tiene demasiados intereses cruzados con el Gobierno nacional como para imaginar una ruptura frontal. Vaca Muerta necesita mercados, inversiones, infraestructura, estabilidad regulatoria y acuerdos internacionales. Figueroa lo sabe y por eso difícilmente convierta a la Casa Rosada en un enemigo permanente.
Pero Milei también necesita a Neuquén. Necesita su petróleo, su gas, sus inversiones y, en determinadas votaciones, sus representantes.
Esa interdependencia es probablemente la clave para comprender la relación. No se trata de una alianza ideológica. Se parece mucho más a un contrato político de conveniencia mutua donde cada parte conserva capacidad para decir que no.
Figueroa lo había explicado, casi literalmente, en enero: “Siempre vamos a estar a favor de lo que beneficie a Neuquén y en contra de lo que perjudique a los neuquinos”.
Lo ocurrido con Corroza muestra que aquella frase no era solamente retórica.
También existe una razón electoral
Hay además un componente que sería ingenuo ignorar.
La Libertad Avanza ya no es solamente el gobierno con el que Figueroa debe negociar en Buenos Aires. Es también uno de sus principales competidores dentro de Neuquén.
En las elecciones legislativas de 2025, LLA obtuvo el 35,81% de los votos para senadores, contra el 29,37% de La Neuquinidad. El resultado le permitió al espacio libertario quedarse con dos senadores nacionales —Márquez y Cervi— mientras que el oficialismo provincial obtuvo la banca de Corroza.
Ese resultado dejó una enseñanza incómoda para el oficialismo neuquino.
Figueroa puede negociar con Milei, coincidir con Milei e incluso facilitar algunas de sus reformas. Lo que no puede hacer sin pagar un costo político es convertirse en Milei.
Porque si La Neuquinidad termina votando igual que La Libertad Avanza en cada discusión importante, tarde o temprano aparecerá una pregunta difícil de responder: ¿para qué necesita el electorado neuquino un partido provincial si puede votar directamente a los libertarios?
La banca de Corroza funciona entonces como algo más que un voto en el Senado. Es también una herramienta para construir identidad propia.
La Neuquinidad busca recuperar una vieja lógica provincial
Hay algo conocido para cualquier neuquino en esta estrategia. Durante décadas, el poder político provincial construyó autonomía frente a los gobiernos nacionales negociando con todos pero subordinándose completamente a ninguno.
Figueroa parece intentar reconstruir esa lógica bajo una nueva identidad política. Puede acompañar inversiones privadas y al mismo tiempo reclamar control provincial sobre los recursos.
Puede respaldar reformas económicas nacionales y al mismo tiempo sostener políticas públicas que el Gobierno de Milei recorta. Puede sentarse con la Casa Rosada y, cuando considera que está en juego un interés estratégico provincial, ordenar a su senadora que vote en contra.
No necesariamente hay una contradicción. Hay una disputa por quién fija los límites.
Vaca Muerta explica también por qué la tierra importa
En Neuquén esta discusión adquiere además una dimensión que no existe con la misma intensidad en otras provincias. La provincia posee algunos de los recursos energéticos más importantes del planeta.
Y allí existe una diferencia conceptual profunda entre permitir que el capital extranjero invierta y permitir que el capital extranjero se apropie del territorio.
El modelo hidrocarburífero neuquino demuestra que ambas cosas no son necesariamente equivalentes: las compañías pueden recibir concesiones, invertir miles de millones de dólares y explotar recursos mientras la provincia conserva el dominio originario de esos recursos y buena parte del control territorial.
El propio proyecto enviado por Figueroa sostiene esa lógica: inversión sí; desprendimiento indiscriminado de tierras fiscales, no. Es una diferencia que el discurso ultraliberal suele borrar.
Para la concepción libertaria, una tierra es fundamentalmente un activo susceptible de propiedad privada y transacción.
Para una provincia como Neuquén también es territorio, agua, energía, producción, frontera y soberanía. Ahí probablemente apareció el límite.
No fue una rebelión: fue un aviso
Sería apresurado interpretar el voto de Corroza como el comienzo de una ruptura entre Figueroa y Milei. Probablemente ocurra exactamente lo contrario.
Neuquén seguirá negociando con el Gobierno nacional y seguramente acompañará otras iniciativas. Pero después de esta votación la Casa Rosada tiene un dato nuevo.
La banca de Julieta Corroza no forma parte automáticamente de los votos libertarios. Y Figueroa parece decidido a utilizarla.
La paradoja es que la discusión sobre la tierra terminó revelando algo que estaba oculto detrás de la buena relación entre los dos gobiernos: Figueroa necesita que Milei tenga éxito suficiente como para sostener las inversiones y la actividad económica de Vaca Muerta, pero necesita también que La Neuquinidad conserve suficiente distancia como para no desaparecer detrás del Presidente.
En política, las alianzas también tienen fronteras. Y esta semana Figueroa decidió marcar la suya.


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