El paso siguiente será el informe definitivo, con los números de inversión sobre la mesa, y una decisión política e institucional que todavía nadie tomó. En el camino queda pendiente además una discusión que excede la logística: qué impacto ambiental tendría intervenir el Limay y el Negro, dos ríos que estructuran la vida y la producción del norte patagónico.

















