
Data centers en Neuquén: la oportunidad energética y el riesgo de llegar sin reglas
NeuquenNewsLa misma demanda que otros rechazan es la que Vaca Muerta quiere capturar. La pregunta es si Argentina puede aprovechar la ventana sin repetir los errores ajenos.
Los pioneros pisan el freno
El 14 de julio pasado, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, firmó una orden ejecutiva que estableció la primera moratoria estatal de Estados Unidos sobre nuevos centros de datos de hiperescala. La medida suspende por hasta un año la emisión de permisos ambientales estatales para instalaciones de más de 50 megavatios, mientras el estado elabora un marco regulatorio integral que contemple el impacto sobre la demanda eléctrica, el uso y la calidad del agua y las tarifas que pagan los consumidores.
El dato que explica la decisión: hacia mayo de 2026, el operador del sistema eléctrico neoyorquino acumulaba solicitudes de conexión de data centers por casi 12.000 megavatios, en un estado donde la tarifa eléctrica residencial promedio subió cerca de 68 por ciento desde 2019.
La reacción presidencial no tardó: Donald Trump calificó la moratoria como una “terrible decisión” que, a su juicio, beneficia a China en la carrera por la inteligencia artificial. El episodio expone una tensión que atraviesa a todo el hemisferio norte: la infraestructura que sostiene la IA generativa creció más rápido que las redes eléctricas, los acuíferos y los marcos regulatorios que deberían contenerla.
Irlanda es el caso extremo. Según la oficina nacional de estadísticas (CSO), los centros de datos consumieron en 2025 el 23 por ciento de toda la electricidad medida del país —unos 7.663 gigavatios hora, un alza interanual del 10 por ciento—, más que todos los hogares urbanos irlandeses juntos, que representan el 18 por ciento.
La progresión es elocuente: 5 por ciento en 2015, 14 por ciento en 2021, 21 por ciento en 2023, 23 por ciento hoy. Y eso ocurrió a pesar de que el operador de red mantenía desde 2021 una moratoria de hecho sobre nuevas conexiones en el área de Dublín, hoy sin efecto. En diciembre de 2025 la Comisión de Regulación de Servicios Públicos irlandesa reemplazó la restricción general por nuevas condiciones para conectar centros de datos. Entre ellas, se exige que los proyectos aporten nueva generación y cubran una parte sustancial de su consumo con energía renovable adicional.Ningún otro país reportó a la Agencia Internacional de Energía una carga proporcional mayor.

La escala del fenómeno
La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo eléctrico global de los centros de datos pasará de 415 teravatios hora en 2024 a unos 945 teravatios hora en 2030 —vale aclarar: es una proyección, no un dato consolidado—. Hoy representan alrededor del 1,5 por ciento del consumo eléctrico mundial y podrían acercarse al 3 por ciento al final de la década.
Los servidores acelerados para IA, el segmento de mayor crecimiento, aumentarían su consumo a un ritmo cercano al 30 por ciento anual, con Estados Unidos y China explicando casi el 80 por ciento del incremento global previsto.
Naciones Unidas fue más lejos en sus advertencias: hacia 2030, los centros de datos podrían consumir más energía que cualquier país del mundo salvo cinco, y volúmenes de agua equivalentes a las necesidades anuales de 1.300 millones de personas en África subsahariana.
Estados Unidos concentra cerca del 40 por ciento de los centros de datos del planeta, con unas 4.300 instalaciones. Reino Unido, Alemania y Francia apenas suman, en conjunto, un 5 por ciento. Esa concentración explica por qué el debate estalló primero allí: protestas locales por el gasto de agua, el consumo eléctrico y el impacto ambiental se multiplican en Virginia, Texas, Arizona y Georgia.

El costado invisible: agua, calor y opacidad
El corazón del problema está en un mecanismo poco visible: la refrigeración. Un centro de datos genera calor en forma constante y ese calor debe evacuarse para que el sistema no colapse. Entre el 75 y el 90 por ciento de las instalaciones del mundo utilizan refrigeración basada en agua, en muchos casos por evaporación: un método eficiente para disipar calor, pero intensivo en un recurso cada vez más disputado. En Europa predominan los circuitos cerrados, donde el agua circula sin contacto con el aire; en Estados Unidos son más comunes los circuitos abiertos, que favorecen el crecimiento microbiano.

Ese riesgo dejó de ser teórico tras un incidente en un centro de datos de Meta en Wyoming, donde se detectó en el alcantarillado la bacteria Cupriavidus gilardii, capaz de provocar neumonía en personas inmunodeprimidas. Las autoridades locales suspendieron los permisos de vertido de la instalación. A eso se suma una zona gris regulatoria: desde 2023, un cambio en la Ley de Agua Limpia estadounidense permite construir algunos centros de datos sin permisos federales cuando afectan aguas fuera del alcance legal de la norma.
Hay, además, un déficit estructural de transparencia. Muchas empresas no publican en detalle su consumo energético ni hídrico, y la normativa europea que exige registros nacionales todavía no se aplica plenamente. Sin ese mapa, es imposible saber qué parte del costo digital termina pagando cada territorio. Es un punto que cualquier jurisdicción que aspire a recibir estas inversiones debería tomar nota desde el día uno.
El espejo neuquino: del shale al algoritmo
Mientras Nueva York y Dublín frenan, Neuquén acelera. En mayo de 2026, el COPADE presentó formalmente el concepto “Gas to Digital”: usar la capacidad energética de Vaca Muerta para alimentar centros de datos, plataformas de inteligencia artificial, servicios en la nube y procesamiento de datos. El secretario del organismo, Rubén Etcheverry, planteó que la cuenca puede dejar de ser solamente una plataforma exportadora de hidrocarburos para convertirse en un nodo de infraestructura digital de escala global.
La apuesta no es abstracta. El proyecto más resonante es Stargate Argentina: en octubre de 2025, OpenAI y la firma Sur Energy firmaron una carta de intención para desarrollar un centro de datos de hasta 500 megavatios en la Patagonia, con una inversión estimada de hasta 25.000 millones de dólares bajo el paraguas del RIGI.
Según trascendió al momento del anuncio, se evaluaron cinco localizaciones patagónicas y Neuquén y la zona de Vaca Muerta figuraban entre las favoritas por disponibilidad energética, conectividad de fibra óptica y acceso al agua, aunque la localización definitiva no fue confirmada. Corresponde subrayar el estatus real del proyecto: se trata de una carta de intención, no de una decisión final de inversión, y la primera fase —estimada entre 7.000 y 10.000 millones de dólares— depende de la conformación de un consorcio con un desarrollador de infraestructura de nube que oficie de socio, con OpenAI como comprador principal de la capacidad de cómputo.
En paralelo, YPF explora su propio camino. En junio de 2026, Horacio Marín recorrió la Gigafactory de Tesla en Texas y avanzó en una carta de intención que combina cargadores rápidos en estaciones de servicio con un proyecto conjunto entre Tesla e YPF Luz para levantar un centro de datos en Neuquén alimentado con gas de Vaca Muerta. El propio Marín aclaró que el negocio no está cerrado: lo único firmado es el capítulo de infraestructura de carga, sin menciones especificas y sin montos ni plazos para el data center. Y a menor escala, BigSur Energy anunció una inversión inicial de 25 millones de dólares para instalar centros de datos a gas en la cuenca, replicando explícitamente el modelo de la Cuenca Pérmica de Texas.
Ese modelo texano es la referencia obligada del sector. Chevron firmó un acuerdo de compra de energía a 20 años para abastecer un centro de datos de Microsoft en Pecos, Texas —el proyecto Kilby—, con 2,67 gigavatios de capacidad dedicada y suministro previsto para 2028, sujeto a que la decisión final de inversión se apruebe antes de fin de 2026.
Para una petrolera, la lógica es atractiva: en lugar de vender gas expuesto a los ciclos de precio, convierte parte de su producción en electricidad colocada bajo contratos largos con clientes tecnológicos de demanda garantizada. La consultora Bain identificó el acceso a energía como el gran filtro para los nuevos centros de datos, y la generación independiente a gas como la vía predominante en Estados Unidos.

La ventana y la advertencia
La paradoja es evidente. La demanda eléctrica que satura las redes de Nueva York, Dublín y Ámsterdam es exactamente el activo que Neuquén puede ofrecer: gas abundante y barato en boca de pozo, espacio físico, clima frío que reduce los costos de refrigeración y un régimen de incentivos —el RIGI— diseñado para capital de gran escala. En un mercado global donde la energía se convirtió en el cuello de botella del cómputo, la segunda reserva mundial de gas no convencional tiene, por primera vez, la posibilidad de exportar algo más valioso que moléculas: capacidad de procesamiento.
Pero la experiencia internacional también funciona como advertencia. Irlanda atrajo a los gigantes tecnológicos con impuestos bajos y buena conectividad, y dos décadas después discute si el negocio valió la pena: los data centers consumen más electricidad que sus hogares, la ciudadanía asocia esas instalaciones con el aumento de las tarifas y el operador de red debió congelar conexiones en la capital.
Nueva York decidió frenar antes de llegar a ese punto, con un argumento que cualquier legislatura provincial haría bien en leer completo: que el desarrollo no traslade sus costos a los usuarios residenciales ni comprometa el agua y la red de todos.
Para Neuquén, las preguntas relevantes llegan antes que los proyectos: qué agua usarán estos centros y bajo qué esquema de refrigeración, en una cuenca donde el recurso hídrico ya está tensionado por la demanda del fracking; quién pagará las ampliaciones de transmisión eléctrica; qué obligaciones de transparencia sobre consumo energético e hídrico se exigirán como condición de radicación; y qué parte del valor agregado —empleo, proveedores, capacidades tecnológicas— quedará efectivamente en la provincia, considerando que un data center de hiperescala puede operar con poco más de un centenar de empleados directos.
La inteligencia artificial no flota en una nube abstracta: tiene tuberías, turbinas, agua, calor y un consumo muy concreto. Neuquén tiene la oportunidad histórica de estar del lado de la oferta de esa ecuación.
Aprovecharla sin repetir el camino irlandés exige algo que la urgencia inversora suele postergar: reglas claras, medición pública y un marco regulatorio que llegue antes que el primer servidor.
Fuentes
Datos de Irlanda: Central Statistics Office (CSO), publicación del 07/07/2026, vía RTÉ. Proyecciones globales: Agencia Internacional de Energía (informe Energy and AI) y Naciones Unidas. Gas to Digital: COPADE, presentación de mayo de 2026 (Rubén Etcheverry). Stargate Argentina: comunicados de OpenAI, Sur Energy y Presidencia de la Nación (octubre 2025); estatus verificado a julio de 2026 (Data Center Dynamics). YPF-Tesla: declaraciones públicas de Horacio Marín (junio 2026, Minergy). Chevron-Microsoft/Kilby y BigSur Energy: cobertura especializada de junio de 2026.



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