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Milei se hunde y Bukele resiste: el mapa de la popularidad en Latinoamérica

El ranking de aprobación presidencial de abril 2026 confirma tendencias que ya eran difíciles de ignorar. La brecha entre quienes gobiernan con legitimidad popular y quienes lo hacen en contramano de sus sociedades se agranda. Para Argentina, los números son un llamado de atención que no admite eufemismos.
ACTUALIDAD04/05/2026NeuquenNewsNeuquenNews

El informe de CB Global Data, relevado entre el 13 y el 18 de abril con más de 40.000 encuestados en 18 países, entrega un termómetro preciso del estado de ánimo político en la región. El método es robusto, los márgenes de error razonables, y la comparación mensual permite trazar algo más valioso que una foto: una película.

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El podio que no sorprende y el que sí

Nayib Bukele encabeza el ranking con 70,1% de imagen positiva. Es el presidente más popular de Latinoamérica por segundo mes consecutivo, aunque su tendencia ya es negativa: cayó 1,7 puntos respecto a marzo. El fenómeno Bukele sigue siendo políticamente incómodo para buena parte de la academia progresista: un gobernante con métodos autoritarios documentados que mantiene un respaldo popular extraordinario. Esa contradicción dice más sobre el agotamiento ciudadano con la inseguridad que sobre la salud democrática de El Salvador.

Claudia Sheinbaum aparece segunda con 69,8%, también en caída respecto al 72,3% de marzo. La presidenta mexicana hereda una maquinaria política formidable, aunque los primeros signos de desgaste empiezan a hacerse visibles. Completar el podio Rodrigo Chaves de Costa Rica con 59,5% tiene más mérito: es el único de los tres que sube, y lo hace con fuerza (+2,7 puntos). En un continente donde casi todo baja, crecer es una señal que merece atención.

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Milei: la caída es una tendencia, no un accidente

El caso argentino requiere análisis más detenido, y los números del informe lo justifican con creces.

Javier Milei registra 36,2% de imagen positiva y 59,7% negativa en abril. Pero el dato más relevante no es el stock, sino el flujo: en marzo tenía 42,3% de aprobación. Eso implica una caída de 6,1 puntos porcentuales en un solo mes, una de las más pronunciadas de todo el ranking en ese período. No es ruido estadístico dentro de los márgenes de error. Es una señal.

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Para dimensionarlo en contexto regional: Milei ocupa el puesto 14 de 18, ubicado en la zona que el propio informe denomina "los 6 peores". Debajo de él están Noboa en Ecuador (35,7%), Mulino en Panamá (34,1%), Delcy Rodríguez en Venezuela (27,5%) y Balcázar en Perú (17,9%). En esa compañía el presidente argentino no encuentra consuelo fácil.

La pregunta que el periodismo tiene obligación de hacerse es si esta caída responde a factores coyunturales o si expresa algo más estructural. Los datos disponibles apuntan a lo segundo. Milei asumió con un capital político basado en la promesa de transformación radical y en el hartazgo generalizado con la dirigencia tradicional. Ese capital se viene erosionando de manera sostenida. La brecha entre la narrativa de la gestión y la experiencia cotidiana de los argentinos parece ensancharse, y eso tiene correlato en las encuestas.

La base dura mileísta sigue ahí y sigue siendo ideológicamente cohesionada. El 28% de imagen "muy buena" que registra el informe es un núcleo que probablemente resista cualquier deterioro macroeconómico de corto plazo. Pero ese núcleo, solo, no alcanza para sostener una agenda política en un país que necesita construir consensos para reformas de fondo.

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Lo que el ranking le dice a la región

Más allá del caso argentino, el mapa regional dibuja algunas constantes. Los presidentes que suben son, en general, aquellos que logran mostrar resultados concretos en agenda de seguridad o en mejoras materiales tangibles. Los que caen son, en su mayoría, los que operan en economías bajo presión o que han acumulado desgaste por escándalos de gestión.

La anomalía más llamativa del informe es Daniel Ortega en Nicaragua, sexto con 51,8% de aprobación. Que un régimen abiertamente autoritario, que persigue a la Iglesia Católica y expulsa a sus críticos, figure en la mitad superior del ranking, debería generar más incomodidad analítica de la que habitualmente provoca. O la metodología tiene limitaciones evidentes en contextos sin libertad de expresión, o el apoyo es parcialmente real y eso obliga a revisar algunos supuestos sobre la relación entre autoritarismo y legitimidad popular en América Latina.

Gustavo Petro, en Colombia, sigue su propio camino descendente: 38,2%, con 57,5% de imagen negativa. El experimento de la izquierda colombiana al poder se acerca a sus últimas instancias sin haber podido consolidar una narrativa de gestión exitosa. Lula en Brasil, en cambio, sube a 48,4% y confirma una recuperación gradual que pocos pronosticaban hace seis meses.

El dato que más importa

En un continente donde la paciencia ciudadana se mide en meses, ningún presidente puede darse el lujo de ignorar su termómetro de popularidad. No porque las encuestas deban gobernar las decisiones —eso sería populismo puro—, sino porque cuando la aprobación cae de manera sostenida por debajo del 40%, la capacidad de implementar reformas complejas se reduce dramáticamente. El Congreso se vuelve más hostil, los aliados más esquivos, los adversarios más audaces.

Para Milei, la ventana de transformación estructural que él mismo se prometió está sujeta a ese reloj político que los números de abril no hacen más que acelerar.

Los cinco frentes que están hundiendo a Milei

Hay una diferencia importante entre un gobierno que baja en las encuestas y un gobierno que baja porque está perdiendo el relato. Milei enfrenta lo segundo. Cada uno de sus cinco problemas más duros no es solo un daño operativo: es una contradicción directa con el núcleo simbólico de lo que prometió ser.

El caso $LIBRA es el más grave de todos no por su complejidad jurídica, sino por lo que implica en términos de confianza. El expediente acumula un memo con el precio del tuit cifrado en 1,5 millones de dólares, ocho llamadas entre el Presidente y el operador Novelli el mismo día del lanzamiento —cuatro de ellas previas al tuit—, una videollamada de medianoche entre Novelli, Karina Milei y Santiago Caputo, y mensajes borrados con la orden explícita de seguir borrando. Lo que no tiene todavía es una indagatoria, pero las querellas la pidieron. El 64,9% de los encuestados le atribuye responsabilidad al Presidente, y ese número no se mueve desde diciembre de 2025. Cuando un porcentaje de rechazo se vuelve inelástico, ya no es una crisis de imagen: es un daño estructural a la credibilidad.

El escándalo Adorni tiene otra dimensión de daño. El 78,7% de los argentinos considera que el jefe de Gabinete debería renunciar o pedir licencia, y su imagen positiva se derrumbó de 34,5% en febrero a 12,1% en abril. Milei eligió respaldarlo públicamente. Esa lealtad tiene un precio que se deduce directamente de su propio capital político. Más grave aún: las acusaciones de malversación vinieron de adentro del bloque propio, de la diputada Marcela Pagano. Cuando el fuego amigo es el más preciso, algo está roto en la arquitectura interna del poder.

La economía es el problema que no perdona porque es cotidiana y acumulativa. El 58% de los encuestados considera que la situación económica de su familia es mala, y el 74% tiene una visión negativa del mercado laboral. Frente al aumento de precios, el 58,4% debió ajustar su consumo y el 32,8% tomó deuda. El gobierno puede mostrar indicadores macroeconómicos que en términos técnicos son defendibles. El problema es que la macro sana y el bolsillo enfermo es exactamente la combinación que más enoja al ciudadano que no votó teoría económica sino expectativa de mejora concreta.

Los créditos del Banco Nación son, en rigor, el problema más costoso simbólicamente. No por su magnitud económica, sino porque el 67,4% lo considera un hecho de corrupción o privilegio, y eso incluye fracciones significativas del propio electorado oficialista. Un gobierno que llegó al poder prometiendo exterminar a la "casta" y que reproduce sus prácticas más reconocibles está destruyendo el único activo de diferenciación que lo hacía irreemplazable para su electorado. No hay relato que sobreviva a esa contradicción de manera indefinida.

La fractura de la base propia es el problema más estratégico de todos porque prefigura el escenario electoral. Un 40,1% de los propios votantes de La Libertad Avanza empieza a mostrar fastidio con la situación actual, y ese número crece. Por primera vez desde el inicio de la gestión, la expectativa negativa a un año supera a la positiva, lo que marca un quiebre en el clima de opinión que había acompañado al gobierno en sus primeros meses. Un líder puede gobernar con baja imagen si su base está blindada. Cuando la base empieza a agrietarse, la aritmética electoral cambia de naturaleza.

Lo que estos cinco problemas tienen en común no es la casualidad ni la mala suerte. Todos comparten una característica: son daños que el propio gobierno generó o agravó con sus decisiones. El desgaste no le vino de afuera. Le llegó desde adentro.


Fuente: CB Global Data, Ranking Presidentes de Latinoamérica, Abril 2026. Trabajo de campo 13-18 de abril de 2026. N=40.528 casos totales. Margen de error promedio ±1,9% a 2,2%. Nivel de confianza 95%.

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