
El consumo pyme no repunta: febrero mostró un alivio estacional, pero el comercio sigue en retroceso
NeuquenNewsEl dato de febrero dejó una postal conocida para la economía argentina: una mejora mensual que sirve para mostrar movimiento, pero no para hablar de recuperación. El relevamiento de CAME señaló que las ventas minoristas pyme cayeron 5,6% interanual a precios constantes, aunque subieron 2,6% frente a enero en la medición desestacionalizada. En el acumulado del año, la retracción llegó al 5,2%. Es decir: hubo un repunte de corto plazo, pero sobre un piso todavía débil.
El propio informe muestra por qué ese rebote no alcanza. Se trató de un febrero sostenido en buena medida por el inicio de clases, con gasto volcado a útiles, indumentaria escolar y consumos básicos. No fue una expansión general del mercado interno, sino una reasignación del presupuesto familiar. Cuando un hogar tiene ingresos limitados, no consume más: simplemente deja de comprar unas cosas para poder pagar otras. Eso explica que seis de los siete rubros relevados hayan terminado en rojo. Las mayores bajas se dieron en bazar y decoración (-14,4%), perfumería (-10,7%) y alimentos y bebidas (-8,7%). Solo farmacia escapó por poco a la caída, con un alza de 0,3%.
Ese detalle sectorial no es menor. Que alimentos y bebidas caigan en volumen, aun tratándose de bienes esenciales, indica que el problema no pasa solo por el humor social ni por una estacionalidad puntual. Habla de un consumidor que compra menos cantidad, baja calidad, cambia marcas y se concentra en lo indispensable. CAME describe justamente ese comportamiento: búsqueda de precios, preferencia por promociones, uso de cuotas y desplazamiento hacia bienes de base. En farmacia, además, el relevamiento agregó otro dato delicado: baja del ticket promedio, más peso de medicamentos recetados, preferencia por genéricos y demoras de hasta tres meses en pagos de obras sociales.
El contexto macro ayuda a entender ese cuadro. La inflación nacional de febrero fue de 2,9% y acumuló 33,1% interanual, mientras que en Neuquén el IPC de febrero fue de 2,5%, con una variación interanual de 36,5%. Al mismo tiempo, el índice de salarios mostró en enero una suba mensual de 2,5% y un aumento interanual de 37,7%. En términos generales, el salario registrado viene empardando o superando por poco a la inflación interanual, pero eso no se traduce automáticamente en una recomposición sólida del poder de compra, sobre todo después del deterioro previo y en un escenario donde los gastos fijos pesan cada vez más.
Ahí está uno de los puntos centrales del problema. El comercio no vive de porcentajes macroeconómicos sino de lo que queda libre en el bolsillo después de pagar alquiler, servicios, transporte, alimentos y educación. Y febrero mostró justamente una presión fuerte de esos rubros. El IPC nacional tuvo como división de mayor aumento a vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con 6,8%, impulsado por subas tarifarias. Cuando ese gasto fijo crece, el ajuste no se hace sobre la boleta de luz: se hace sobre el consumo en mostrador.
Por eso el dato mensual positivo debe leerse con cautela. No hubo un cambio de tendencia, sino un alivio transitorio. De hecho, el propio INDEC muestra una economía con señales mezcladas: el EMAE de enero subió 1,9% interanual, pero entre las actividades con mayor incidencia negativa aparecieron precisamente “Comercio mayorista, minorista y reparaciones” e “Industria manufacturera”. En otras palabras, puede haber crecimiento en algunos sectores, pero no necesariamente en aquellos que más rápido sienten el humor cotidiano de la calle.
La industria también aporta una pista preocupante. En febrero, el IPI manufacturero cayó 8,7% interanual y catorce de las dieciséis divisiones industriales mostraron bajas; entre ellas, alimentos y bebidas retrocedió 6,9%. La construcción, a su vez, cayó 0,7% interanual en febrero. Cuando industria y construcción se enfrían, el comercio termina recibiendo parte del golpe: menos empleo, menos horas trabajadas, menos changas, menos circulación de dinero y más prudencia en cada compra.
Incluso los indicadores de consumo por canal refuerzan esa idea de una demanda fragmentada. En enero, las ventas en supermercados a precios constantes cayeron 1,2% interanual, mientras que en autoservicios mayoristas subieron 1,3%. Ese cruce sugiere un comportamiento defensivo: parte de los hogares y pequeños comercios se vuelcan a formatos donde creen encontrar mejor precio por volumen o una relación costo-rendimiento más conveniente. No es consumo expansivo; es consumo en retirada, que busca dónde perder menos.
En el mercado laboral tampoco sobran razones para el optimismo. El desempleo cerró el cuarto trimestre de 2025 en 7,5% para el total de 31 aglomerados urbanos. Ese dato no describe por sí solo toda la realidad social, pero marca un límite evidente para cualquier recuperación del comercio: sin empleo firme y sin mejora consistente del ingreso, no hay demanda robusta que sostenga a los negocios de cercanía.
El relevamiento de CAME también deja ver algo más profundo que una simple caída de ventas: el comercio está operando a la defensiva. El 52,6% de los propietarios dijo estar igual que hace un año, pero ese “igual” no debe confundirse con bienestar. En un contexto recesivo, muchas veces estabilidad significa apenas haber evitado empeorar. Además, el 38,8% reportó deterioro y el 57,6% consideró que no es momento de invertir. Solo el 15,5% vio condiciones aptas para desembolsos. Cuando casi seis de cada diez comerciantes descartan invertir, lo que aparece no es solo prudencia: aparece desconfianza sobre el mercado interno que viene.
En Neuquén, ese cuadro nacional encuentra un contraste interesante. Mientras el consumo no despega, el municipio avanzó este año con medidas de alivio fiscal para comercios, entre ellas un descuento del 20% en la licencia comercial para los negocios de la ciudad y exenciones temporarias en zonas afectadas por obras. La señal política es clara: si el sector necesita ayuda tributaria para sostenerse, es porque la actividad todavía no logra respirar por sí sola.
El dato más sincero del informe quizá esté en las expectativas. El 42,9% cree que dentro de un año estará mejor y el 46,6% imagina una situación similar a la actual. Hay expectativa, sí, pero todavía no hay recuperación. En la práctica, el comercio pyme sigue atrapado entre dos pinzas: por un lado, hogares que priorizan sobrevivir; por otro, costos fijos que no dejan de empujar. En ese marco, la mejora de febrero parece más un espejismo estacional que el inicio de una reactivación.
La conclusión es menos cómoda que los slogans. El mercado interno no está en despegue; está en administración de escasez. El consumidor selecciona, posterga y reduce. El comerciante liquida, financia y resigna margen. Y la economía real, la que se mide en persianas levantadas y tickets de compra, sigue esperando algo más importante que un rebote mensual: necesita recomposición genuina del salario, previsibilidad de costos y una caída real de la incertidumbre. Hasta que eso no ocurra, cada mejora estadística parcial corre el riesgo de ser apenas una pausa en una contracción más larga.
Fuente base del análisis: relevamiento de ventas minoristas pyme de CAME, complementado con datos oficiales de INDEC y del Gobierno de Neuquén.


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