
Usar una prenda 50 veces en lugar de 5 puede reducir un 400 % sus emisiones de carbono
NeuquenNews
En un mundo marcado por el consumo desmedido, la ropa se ha vuelto casi descartable. La llamada fast fashion —moda rápida— promueve un modelo de producción y consumo donde las prendas se usan apenas unas pocas veces antes de ser olvidadas o tiradas. Este modelo no solo agota recursos naturales y genera toneladas de residuos, sino que tiene un altísimo costo ambiental.
Una simple decisión individual, como usar una misma prenda 50 veces en lugar de 5, puede reducir hasta en un 400 % las emisiones de carbono asociadas a esa prenda a lo largo del año. Esto se debe a que el impacto ambiental de fabricar, transportar y desechar una prenda se reparte entre muchos menos usos cuando esta se descarta prematuramente. En cambio, extender su vida útil maximiza cada recurso involucrado en su confección.
La industria textil es responsable de aproximadamente el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Es una de las más contaminantes del planeta, por encima incluso de los vuelos internacionales y el transporte marítimo juntos. Y sin embargo, cada año millones de prendas se fabrican, se venden y se desechan a un ritmo cada vez más acelerado.
Reutilizar ahorra CO₂ de forma significativa
Una revisión realizada por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC‑Intexter) concluyó que reutilizar 1 kg de ropa evita aproximadamente 25 kg de CO₂, cifra muy superior a estimaciones previas (≈3 kg CO₂) . Este ahorro proviene principalmente de evitar la fabricación de nuevas prendas.
En este contexto, la moda circular y la moda lenta emergen como alternativas posibles y necesarias. Apostar por prendas de calidad, reparar antes de tirar, reducir la frecuencia de lavado y, sobre todo, usar más veces la misma ropa, son estrategias claves para reducir el impacto ambiental individual.

Segundo uso o moda de segunda mano
Estudios de ciclos de vida comparan sistemas de moda lineal frente a reutilización: prendas revendidas con buena tasa de desplazamiento pueden ahorrar entre 3 kg y 23 kg CO₂ por prenda, dependiendo del tipo (abrigo, suéter, etc.). Esto confirma que prolongar la vida útil reduce directamente las emisiones globales.
Además del ahorro de emisiones, reutilizar ropa también implica una menor generación de residuos, menor uso de agua, energía y productos químicos. Y si bien comprar menos puede parecer una renuncia, en realidad es una forma de reconectar con nuestras decisiones de consumo y darles un sentido más profundo.
Hoy, vestir con conciencia es un acto político. Implica elegir calidad sobre cantidad, durabilidad sobre moda pasajera, responsabilidad sobre indiferencia. Porque cada prenda que decidimos seguir usando es un pequeño gesto de resistencia frente a una industria que nos empuja al descarte constante.
Desde Neuquén Ambiental invitamos a pensar la ropa no como un producto efímero, sino como parte de un ecosistema que merece ser cuidado. Y recordamos que, cuando se trata del clima, cada uso cuenta.


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