A 205 años de su paso a la inmortalidad, la historia del general que defendió el Norte con un ejército de gauchos, repartió tierras entre los humildes y murió a los 36 años, traicionado por las élites de su propia provincia. Sin caja, sin tropa regular, sin apoyo de Buenos Aires, había sostenido durante seis años una guerra de guerrillas que blindó la frontera norte y permitió que San Martín pudiera cruzar los Andes. Lo llamaron “padre de los pobres” y, dos siglos después, sigue siendo una figura incómoda para el relato oficial.