
Efemérides Argentinas - 14 de setiembre
NeuquenNews1771 — Bruno Ramírez comienza a trabajar como primer cartero de Buenos Aires
El 14 de septiembre se celebra en la Argentina el Día del Cartero, en recuerdo de Bruno Ramírez, considerado el primer hombre designado específicamente para distribuir correspondencia a domicilio en Buenos Aires.
Durante buena parte de la época colonial el sistema era muy diferente del que conocemos actualmente. La correspondencia viajaba mediante postas y llegaba a una oficina donde los destinatarios debían retirarla. A medida que Buenos Aires creció, surgió la necesidad de que alguien realizara la distribución dentro de la ciudad.
Ramírez era sevillano y comenzó a desempeñar esa tarea en 1771. La historia del Correo Argentino lo reconoce como el primer cartero porteño. Según las reconstrucciones históricas, realizaba sus recorridos a pie o a caballo y, en sus comienzos, no tenía un sueldo fijo: recibía una pequeña suma por cada carta entregada.
El sistema postal rioplatense ya tenía antecedentes. Domingo de Basavilbaso había impulsado décadas antes la organización de un correo regular y Buenos Aires se encontraba conectada con rutas que llegaban hacia Chile, Perú, Paraguay y otras regiones. La aparición del cartero completó ese sistema llevando finalmente la correspondencia hasta el destinatario.
El dato puede parecer menor, pero permite comprender la importancia que tuvieron las comunicaciones en sociedades donde una carta podía tardar semanas o incluso meses en recorrer grandes distancias. Durante la Revolución de Mayo y las guerras de Independencia, el correo se convertiría además en un instrumento estratégico para transmitir órdenes, noticias y decisiones políticas.
Correo Argentino reconoce a Bruno Ramírez como el primer cartero de Buenos Aires; la Legislatura porteña reconstruye su historia y la Universidad Nacional de Cuyo registra expresamente el 14 de septiembre de 1771 como origen de la conmemoración.
1895 — Nace Ezequiel Martínez Estrada, uno de los grandes ensayistas argentinos
El 14 de septiembre de 1895 nació en San José de la Esquina, provincia de Santa Fe, Ezequiel Martínez Estrada, poeta, narrador, crítico y ensayista cuya obra se convirtió en una de las interpretaciones más potentes —y también más pesimistas— de la sociedad argentina del siglo XX.
Su formación fue esencialmente autodidacta. Las dificultades económicas familiares lo obligaron a abandonar tempranamente los estudios formales y en 1914 comenzó a trabajar en el Correo Central de Buenos Aires, donde permaneció durante aproximadamente tres décadas.
Comenzó su carrera literaria como poeta. Publicó Oro y piedra en 1918 y posteriormente aparecieron libros como Nefelibal, Motivos del cielo, Argentina y Humoresca. Pero el gran giro de su obra llegó en 1933 con Radiografía de la pampa.
El libro intentaba explicar no solamente la geografía sino también las estructuras políticas, culturales y psicológicas de la Argentina. Martínez Estrada retomó, desde una perspectiva nueva, una vieja pregunta que atravesaba la tradición intelectual iniciada por Sarmiento: qué características del territorio y de su historia explicaban las dificultades argentinas para construir una sociedad política estable.
Continuó ese análisis en obras como La cabeza de Goliat, dedicada a Buenos Aires; Sarmiento y Muerte y transfiguración de Martín Fierro. También fue un crítico temprano de algunos de los fundamentos del modelo de desarrollo argentino: llegó a describir la denominada Conquista del Desierto en términos de exterminio y manifestó preocupación por la destrucción de la naturaleza derivada del progreso técnico.
Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y recibió importantes reconocimientos, entre ellos premios nacionales de literatura y el Premio Casa de las Américas. Murió en Bahía Blanca el 4 de noviembre de 1964.
La fecha y los principales datos biográficos coinciden en los registros de la Biblioteca Nacional, la Universidad Nacional de La Plata y el calendario histórico oficial de Buenos Aires.
1920 — Nace Mario Benedetti, una de las voces fundamentales de la literatura latinoamericana
El 14 de septiembre de 1920 nació en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, Uruguay, Mario Benedetti, poeta, narrador, dramaturgo, periodista y ensayista que terminaría convirtiéndose en uno de los escritores latinoamericanos más leídos del siglo XX.
Su nombre completo era Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia. Su familia se trasladó posteriormente a Montevideo y las dificultades económicas hicieron que comenzara a trabajar muy joven. Esa experiencia del empleo, las oficinas, la vida urbana y la clase media montevideana terminaría apareciendo repetidamente en su literatura.
Benedetti formó parte de la llamada Generación del 45, uno de los movimientos intelectuales más importantes de Uruguay, en el que participaron también figuras como Idea Vilariño, Juan Carlos Onetti e Ida Vitale.
Entre sus obras más conocidas están Montevideanos, La tregua, Gracias por el fuego, Inventario, Primavera con una esquina rota y numerosos libros de cuentos, poemas y ensayos. La tregua, publicada en 1960, se convirtió particularmente en una de las novelas latinoamericanas de mayor difusión internacional.
Su vida estuvo profundamente atravesada por la política. Después del golpe de Estado uruguayo de 1973 inició un largo exilio que lo llevó, entre otros lugares, a Buenos Aires, Lima, La Habana y Madrid. Sus textos de aquellos años reflejan el desarraigo, las dictaduras latinoamericanas y la experiencia de quienes debieron abandonar sus países.
La relación de Benedetti con la Argentina fue intensa: vivió aquí en distintas etapas, tuvo una enorme cantidad de lectores argentinos y su producción circuló ampliamente dentro de la cultura rioplatense.
Murió en Montevideo el 17 de mayo de 2009. La Administración Nacional de Educación Pública de Uruguay, el Instituto Cervantes y organismos oficiales de Tacuarembó coinciden en fechar su nacimiento el 14 de septiembre de 1920.
1923 — Firpo saca a Dempsey del ring y entra para siempre en la historia del boxeo argentino
El 14 de septiembre de 1923, en el Polo Grounds de Nueva York, el argentino Luis Ángel Firpo enfrentó al estadounidense Jack Dempsey por el campeonato mundial de los pesos pesados. Aquel combate, promocionado como “la pelea del siglo”, se convirtió en uno de los acontecimientos deportivos más famosos de la historia argentina.
Dempsey era una enorme figura mundial. Firpo, apodado “El Toro Salvaje de las Pampas”, había llegado desde la Argentina desafiando una estructura deportiva dominada por boxeadores estadounidenses y europeos.
El primer round fue extraordinariamente violento. Dempsey derribó varias veces al argentino, pero Firpo continuó combatiendo. Entonces ocurrió la escena que lo transformaría en leyenda: un derechazo del argentino lanzó al campeón fuera del ring, sobre los periodistas ubicados junto al cuadrilátero.
Dempsey logró regresar y continuar. La secuencia quedó rodeada desde entonces por la polémica acerca del tiempo que permaneció fuera del ring y la ayuda que recibió para regresar. Lo históricamente seguro es que volvió a combatir y terminó noqueando a Firpo durante el segundo asalto.
Firpo perdió oficialmente la pelea, pero en la Argentina la percepción fue muy diferente. Para una sociedad que comenzaba a desarrollar grandes fenómenos deportivos de masas, aquel hombre que había arrojado fuera del cuadrilátero al campeón mundial se transformó inmediatamente en un héroe.
La célebre escena fue inmortalizada además por el pintor estadounidense George Bellows en Dempsey and Firpo, una de las representaciones artísticas más famosas de un combate de boxeo.
En recuerdo de aquella pelea, cada 14 de septiembre se celebra en la Argentina el Día del Boxeador.
La fecha, el desarrollo general del combate y su enorme impacto social están documentados por una investigación de la Asociación Argentina de Investigadores en Historia, El Gráfico y La Nación.
1960 — Nace la OPEP y comienza a modificarse el poder mundial sobre el petróleo
El 14 de septiembre de 1960, al finalizar una conferencia desarrollada en Bagdad, Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela acordaron crear la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP.
La reunión había comenzado el 10 de septiembre. Los cinco países compartían una preocupación: gran parte del mercado petrolero internacional estaba controlado por grandes compañías multinacionales capaces de modificar unilateralmente los precios de referencia utilizados para calcular los ingresos que recibían los países productores.
La cuestión tenía una dimensión que iba mucho más allá del petróleo. Muchos de esos Estados financiaban una parte fundamental de sus presupuestos y sus programas de desarrollo con ingresos petroleros. La disminución de precios significaba, por lo tanto, una reducción directa de recursos fiscales.
El acuerdo firmado en Bagdad buscó establecer una organización permanente capaz de coordinar las políticas petroleras de los países productores y defender sus intereses sobre un recurso natural estratégico.
La participación latinoamericana fue decisiva. El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo fue uno de los grandes impulsores intelectuales de la organización junto al saudí Abdullah al-Tariki.
La OPEP tardaría algunos años en alcanzar la capacidad de intervención global que posteriormente la caracterizó, pero su creación alteró progresivamente la relación entre las grandes compañías petroleras y los Estados propietarios de los recursos.
Su importancia quedaría particularmente demostrada durante la década de 1970, cuando el petróleo pasó a ocupar el centro de la geopolítica internacional y los países productores ganaron una capacidad de negociación que hubiera resultado impensable pocas décadas antes.
Para entender el mercado energético contemporáneo, el 14 de septiembre de 1960 es una fecha fundacional: allí comenzó una estructura de coordinación que, más de seis décadas después, sigue teniendo influencia sobre precios, producción y expectativas del mercado petrolero mundial.
El acuerdo original está registrado en la Serie de Tratados de Naciones Unidas; la propia OPEP confirma la fundación el 14 de septiembre, y un estudio de CEPAL reconstruye el contexto económico y político de su creación.
1984 — Asesinan a Lino Palacio, una leyenda del humor gráfico argentino
El 14 de septiembre de 1984 fueron asesinados en su departamento de Buenos Aires el dibujante Lino Palacio y su esposa, Cecilia Pardo. Palacio tenía 80 años y era uno de los grandes nombres de la historieta y la caricatura argentina.
Había nacido en Buenos Aires el 5 de noviembre de 1903 y comenzó a publicar dibujos desde muy joven. A lo largo de una trayectoria de varias décadas creó personajes que terminaron incorporándose al lenguaje popular argentino.
Entre ellos estaban Don Fulgencio, “el hombre que no tuvo infancia”; Avivato; Ramona; Doña Tremebunda y Cicuta. Algunos alcanzaron tal popularidad que fueron adaptados posteriormente al cine.
Palacio también desarrolló una importante faceta como caricaturista político. Durante la Segunda Guerra Mundial utilizó el seudónimo Flax para realizar viñetas sobre la evolución del conflicto internacional, combinando información política y humor gráfico.
Su trabajo apareció en medios como La Prensa, La Razón, La Opinión, Caras y Caretas, Mundo Argentino y Billiken. Para esta última revista realizó durante años tapas que forman parte de la memoria visual de varias generaciones de argentinos.
En 1982 recibió un Diploma al Mérito de la Fundación Konex como uno de los principales humoristas gráficos de la década.
El final fue brutal. Tres personas ingresaron a su departamento con intención de robar y asesinaron al dibujante y a su esposa. El crimen tuvo una enorme repercusión pública y terminó ocupando las mismas primeras planas que durante décadas Palacio había observado desde el humor.
Un detalle del chequeo merece señalarse: la ficha de Fundación Konex actualmente consigna su fallecimiento el 15 de septiembre, pero las fuentes oficiales de Cultura de la Nación, el Gobierno de Buenos Aires, las crónicas del caso y las investigaciones periodísticas coinciden en que el asesinato ocurrió el 14 de septiembre de 1984. Por la convergencia documental, adopto esta última fecha.
2002 — El asesinato de Ezequiel Demonty se convierte en un caso emblemático de violencia institucional
En la madrugada del 14 de septiembre de 2002, Ezequiel Demonty, un joven de 19 años, fue detenido junto con dos amigos por integrantes de la Policía Federal cuando regresaban a su casa después de haber salido a bailar.
Los policías los detuvieron, golpearon y trasladaron hasta la zona del Puente Alsina, sobre el Riachuelo. Allí los obligaron bajo amenazas a arrojarse al agua y cruzar hacia la otra orilla.
Ezequiel advirtió que no sabía nadar. Aun así fue forzado a ingresar al río y murió ahogado. Sus amigos Claudio Maciel y Julio Paz consiguieron sobrevivir. El cuerpo de Demonty apareció una semana después.
El caso se transformó rápidamente en uno de los hechos más graves de violencia institucional ocurridos desde la recuperación democrática. La investigación judicial permitió reconstruir la participación de integrantes de la comisaría 34ª de la Policía Federal y terminó con condenas de extrema gravedad para varios responsables, incluidas penas de prisión perpetua.
La lucha de su madre, Dolores “Dolly” Sigampa de Demonty, tuvo además una dimensión pública que trascendió el juicio. Se convirtió en una referente de familiares de víctimas de violencia institucional y participó en organizaciones dedicadas a denunciar prácticas policiales abusivas.
Años después, el puente donde ocurrió el hecho dejó oficialmente de denominarse Puente Alsina y pasó a llamarse Puente Ezequiel Demonty, convirtiendo el lugar del crimen en un espacio de memoria.
El informe anual del CELS reconstruye detalladamente el caso; el Boletín Oficial de la Nación reconoce expresamente que fue asesinado por policías el 14 de septiembre de 2002; y documentación de la Legislatura porteña vuelve a registrar los hechos y las condenas.
2002 — Muere Lolita Torres, una de las grandes figuras del espectáculo argentino
Ese mismo 14 de septiembre de 2002 murió en Buenos Aires Beatriz Mariana Torres, conocida artísticamente como Lolita Torres, cantante y actriz que había alcanzado una extraordinaria popularidad en la Argentina y también en distintos países del mundo.
Había nacido en Avellaneda el 26 de marzo de 1930 y desde niña estudió canto y danza española. Con apenas once años comenzó a presentarse profesionalmente y rápidamente construyó una carrera que abarcaría radio, teatro, cine, televisión y música.
Durante las décadas de 1940, 1950 y 1960 se convirtió en una de las estrellas del cine argentino. Participó en películas como Ritmo, sal y pimienta, La niña de fuego, La mejor del colegio, La edad del amor, Un novio para Laura, La hermana San Sulpicio y Cuarenta años de novios.
Su éxito adquirió además una dimensión internacional poco habitual para una artista argentina de aquella época. Alcanzó una popularidad excepcional en la Unión Soviética, donde sus películas fueron vistas por millones de espectadores y realizó giras que la transformaron en una figura enormemente reconocida.
Con el tiempo amplió su repertorio hacia el folclore, la canción latinoamericana, el tango y la balada. Fue también madre del cantante y actor Diego Torres.
Durante sus últimos años enfrentó importantes problemas de salud. En agosto de 2002 fue internada en el Hospital Español de Buenos Aires y permaneció varias semanas en terapia intensiva. Murió el 14 de septiembre, a las 9.20, como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio. Tenía 72 años.
La información quedó documentada en la cobertura periodística realizada ese mismo día por La Nación, en un proyecto de homenaje presentado en la Cámara de Diputados de la Nación y en los archivos de Radio Nacional.


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