
El secreto de la Selección no está en el 4-3-3: está en el asado
NeuquenNewsLionel Scaloni podría haber hablado de esquemas tácticos, presión alta, transiciones, posesión de pelota o movimientos defensivos. Podría haber explicado la fortaleza de la Selección argentina mediante estadísticas, sistemas de juego o conceptos técnicos. Sin embargo, eligió hablar del asado.
No fue una respuesta improvisada ni una frase pintoresca. Fue una definición mucho más profunda sobre su manera de conducir un grupo y comprender el fútbol.
“Yo no soy entrenador porque me gusta el 4-3-3”, sostuvo Scaloni. Lo que lo moviliza, explicó, es volver a vivir la experiencia de pertenecer a un equipo: estar con los compañeros, tomar mate, comer un asado y jugar al truco. Esas pequeñas escenas, aparentemente alejadas de la competencia, son para él una parte fundamental de la preparación.
En sus palabras aparece una idea que permite comprender buena parte de la fortaleza de esta Selección: los jugadores no solamente comparten una camiseta. Comparten la vida.
Scaloni sabe que un futbolista puede entrenar todos los movimientos, estudiar al rival y llegar preparado físicamente. Pero también sabe que nadie puede sostener durante mucho tiempo la presión, la exposición y la exigencia si no encuentra placer en el camino. Pensar únicamente en el próximo partido, advirtió, termina quemando a los jugadores. Por eso, en algunas ocasiones, decidió acortar un entrenamiento para que el plantel pudiera compartir un asado.
La afirmación puede resultar extraña dentro de un fútbol profesional cada vez más dominado por los datos, la tecnología y el rendimiento. Sin embargo, Scaloni no está rechazando la preparación. Está recordando que detrás de cada jugador existe una persona y que ningún sistema táctico funciona si quienes deben ejecutarlo no confían unos en otros.
La amistad no reemplaza al talento. La hermandad no gana partidos por sí sola. Pero ambas crean las condiciones para que el talento aparezca cuando el miedo, el cansancio o la presión amenazan con paralizarlo.
Una forma argentina de construir comunidad
El mate, el asado y el truco no son simples costumbres gastronómicas o recreativas. En la cultura argentina funcionan como ceremonias de encuentro. Alrededor de una mesa se cuentan historias, se discute, se ríe, se construye confianza y se aprende a reconocer al otro.
No se trata de sostener que la amistad sea patrimonio exclusivo de los argentinos. Pero sí de admitir que nuestra sociedad desarrolló una manera particular de expresar los afectos. Muchas veces no decimos lo que sentimos de manera solemne. Lo hacemos acercando un mate, encendiendo un fuego, cargando al compañero durante una partida de truco o permaneciendo a su lado cuando las cosas salen mal.
Scaloni parece haber comprendido que esa identidad no debía quedar afuera de la concentración. Por el contrario, debía convertirse en una herramienta.
La Selección que construyó durante estos años fue reconocida por su capacidad para competir, pero también por la forma en que sus integrantes se acompañan. Los suplentes celebran como titulares, los jóvenes encuentran protección entre los mayores y las figuras parecen haber aceptado que ninguna individualidad está por encima del grupo.
Los recuerdos que valen más que un resultado
Scaloni también habló de sus propias experiencias. Reconoció que nunca fue una gran estrella y que muchas veces fue convocado porque era considerado un buen compañero. Su valor estaba en acompañar, sostener y ayudar a construir un grupo.
Años después, todavía recuerda el Mundial Juvenil de Malasia de 1997 y a los compañeros con los que compartió aquella etapa. No conserva únicamente los partidos. Conserva las conversaciones, los encuentros y las experiencias que atravesaron juntos.
Para Scaloni, eso es lo que finalmente permanece. Los resultados ocupan un lugar importante, pero no pueden ser el único sentido de una carrera. Dentro de veinte años, los jugadores quizás no recuerden cada movimiento de un partido. Seguramente recordarán un asado, una broma, una charla durante una concentración o el abrazo de un compañero después de una derrota.
“Son cosas que para mí valen oro”, afirmó. Y cerró su idea con una definición que explica buena parte de la identidad del equipo: “Si hacemos grupo, somos todavía más fuertes”.


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