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El Mundial como pausa: la hermandad transitoria de los argentinos

Por qué la misma sociedad que se abraza con un desconocido en una tribuna extranjera vuelve a fragmentarse apenas se apaga la pantalla
DE NUESTRA REDACCIÓN07/07/2026NeuquenNewsNeuquenNews
Durante cinco semanas, millones de argentinos se reconocieron en un mismo cántico, una misma bandera y un mismo destino. Cuando termina el partido —y cuando termina el torneo— esa hermandad no siempre sobrevive el regreso a la vida cotidiana. La psicología social y la sociología tienen, desde hace décadas, un nombre y una explicación para ese contraste. No es magia ni es hipocresía: es un mecanismo conocido, que además tiene un costo político concreto cuando el país vuelve a discutir de qué manera reparte su sufrimiento.

El termómetro de este Mundial

Los datos de esta edición confirman el patrón. Un relevamiento de la consultora Netquest, citado por Infobae, encontró que el 89% de los argentinos asocia el entusiasmo por la Copa del Mundo con el orgullo por el país, y el 77% lo asocia directamente con la unión nacional. La psicóloga consultada en esa misma nota, Pedace, ofrece la clave que ordena todo el fenómeno: los grandes eventos deportivos funcionan como una pausa emocional frente a una realidad marcada por crisis recurrentes. Pausa, no resolución: el Mundial no arregla nada, adormece por un rato la sensación de conflicto permanente.

En la misma línea, la especialista en tendencias Mariela Mociulsky señaló en La Nación que el Mundial deja al descubierto una necesidad humana que la vida moderna --hecha de algoritmos, consumos personalizados y agendas individuales-- satisface cada vez menos: la necesidad de pertenecer a algo compartido.

Cuando el yo individual se convierte en yo social

Hay un marco clásico de la psicología social que explica el mecanismo con precisión: la teoría de la identidad social, desarrollada por Henri Tajfel y John Turner. Sostiene que ninguna persona tiene una sola identidad fija, sino que alterna entre un "yo individual" (sus intereses, su trabajo, su familia) y un "yo social" (su pertenencia a un grupo). Cuál de los dos predomina depende del contexto. La bandera, el himno y la camiseta activan el yo social por encima del individual: durante el partido, dejamos de procesar el mundo como individuos en competencia y empezamos a procesarlo como integrantes de un mismo equipo.

A esto se suma la desindividuación, otro concepto clásico de la psicología de masas: en contextos de multitud --la tribuna, el banderazo, hasta el grupo familiar frente al televisor-- se diluye el freno individual y aparece la conducta que el grupo propone. Un análisis de Infobae sobre este Mundial, retomando trabajos del psicólogo Chris Stiff (Universidad de Keele) y de la psicóloga social Christine Ma-Kellams, describe cómo ese mismo mecanismo puede derivar en fraternidad con un desconocido o en hostilidad hacia un rival, según qué le proponga el contexto. La desindividuación no es buena ni mala en sí misma: amplifica lo que ya está en el ambiente.

El nombre científico de lo que pasa después: anomia

Para explicar el contraste con el día después, la sociología recurre a un concepto que Émile Durkheim formuló hace más de un siglo y que sigue siendo una referencia obligada: la anomia. Durkheim la describió como el estado de una sociedad en la que las normas y los vínculos que regulan la convivencia se debilitan o se vuelven contradictorios, típicamente en contextos de crisis económica o de cambios sociales acelerados. En anomia, cada quien queda más librado a sus propios códigos y el lazo social se afloja. El Mundial es, en ese sentido, la excepción que confirma la regla: durante esas semanas la anomia se suspende porque aparece, por primera vez en mucho tiempo, una norma compartida por absolutamente todos.

Aplicado a la Argentina de 2026 --con destrucción de empleo formal, cierre de empresas y un ajuste fiscal que reconfigura el rol del Estado-- el diagnóstico resulta especialmente ajustado: es precisamente en los períodos de mayor incertidumbre económica cuando la literatura sociológica anticipa más anomia, es decir, menos cohesión cotidiana. El Mundial no revierte esa tendencia de fondo; la interrumpe durante un paréntesis.

Por qué esa hermandad no le llega a todos por igual

El paréntesis se cierra apenas la agenda pública vuelve a poner en discusión a quién le toca pagar el costo del ajuste. Ahí interviene un tercer marco, esta vez de la sociología del bienestar social: la heurística del merecimiento (deservingness), desarrollada por el investigador Wim van Oorschot. Según este modelo, la solidaridad hacia un grupo depende de si se lo percibe como cercano, sin responsabilidad por su propia situación, necesitado, agradecido y bien comportado. Un hincha extranjero cumple automáticamente esos criterios: no disputa ningún recurso ni desafía ninguna convicción política. Un jubilado o una persona con discapacidad, en cambio, deja de calificar para esa solidaridad automática apenas el discurso público los reencuadra bajo etiquetas como privilegio o curro.

El psicólogo Albert Bandura describió el mecanismo que permite ese giro sin culpa: la desconexión moral. Etiquetar eufemísticamente (ajuste, sinceramiento), atribuir la responsabilidad a la propia víctima ("no laburan", "viven del Estado") o minimizar la consecuencia social de una medida son formas de sostener una postura política sin sentir el costo emocional de saber que, del otro lado, hay una persona real pasándola mal.

La literatura académica sobre la Argentina reciente confirma que este no es un fenómeno difuso sino medible: investigaciones como la de Iván Ramírez y Alejandro Falak ("Te amo, te odio: dame más", Revista SAAP, 2023) y la de Sol Montero sobre el discurso de la nueva derecha en redes sociales describen una polarización afectiva creciente, es decir, animosidad hacia la identidad del otro grupo político que funciona con independencia del contenido en discusión. Un trabajo específico publicado en la revista Intersticios analizó, además, cómo ese mecanismo de deslegitimación se aplicó puntualmente a los discursos sobre la quita de pensiones por discapacidad en el país.

El costado que no siempre se cuenta

El mismo interruptor que se enciende con la Selección puertas afuera tiene, puertas adentro, su versión más oscura de todo el año: la violencia de las barras bravas, que según registros de la organización Salvemos al Fútbol acumula alrededor de cien muertos en las últimas dos décadas, con picos recurrentes --cinco víctimas fatales solo en 2024--. Y la fraternidad con el turista extranjero convive, en el resto del calendario, con una tensión mucho menos comentada: relevamientos del INADI muestran que siete de cada diez argentinos reconocen que existe discriminación hacia los inmigrantes de países limítrofes, sobre todo bolivianos y paraguayos. La hermandad de la camiseta, en definitiva, nunca fue universal ni permanente: fue siempre selectiva y condicional.

Conclusión crítica

Lo que muestra el Mundial no es que los argentinos sean, en el fondo, mejores o peores personas según la fecha del calendario. Muestra algo más incómodo: que la capacidad de sentir empatía colectiva existe, está intacta y se activa con facilidad, pero que su uso depende casi por completo de qué relato ocupa el lugar del "nosotros" en cada momento. El folklore de la unión nacional durante la Copa del Mundo no es prueba de una argentinidad solidaria que el año la traiciona: es la evidencia de que esa solidaridad puede convocarse cuando conviene y desactivarse cuando incomoda a una agenda política. Mientras el país discute qué hacer con sus jubilados, sus discapacitados y sus desempleados, ese mismo reservorio de fraternidad que se ve en cada Mundial permanece disponible, sin usarse, mal administrado por un sistema político y comunicacional --el propio y el opositor-- que encuentra más rédito en administrar el enojo que en sostener la unión. El verdadero fracaso no es que los argentinos dejen de ser hermanos cuando termina el partido. Es que nunca nadie, desde el poder, intentó en serio que esa hermandad sobreviviera al pitido final.

Fuentes consultadas: Infobae (Netquest, junio-julio 2026), La Nación (junio-julio 2026 y archivo), Revista Panamericana de Comunicación, Revista SAAP, Intersticios - Revista sociológica de pensamiento crítico, INADI, Salvemos al Fútbol.

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