
Oligarquía o democracia: el dilema que define nuestro tiempo
NeuquenNewsExiste una frase del juez Louis Brandeis del Tribunal Supremo de Estados Unidos que el informe de Oxfam recupera como epígrafe conceptual de todo su argumento: "Podemos tener una riqueza extrema concentrada en manos de unos pocos, o podemos tener democracia. Pero no podemos tener ambas cosas." Lo que el documento de casi setenta páginas hace es demostrar, con datos de 136 países y decenas de estudios académicos, que esa disyuntiva ya no es teórica. Es el presente.
Una década dorada para los milmillonarios
Los números con los que abre el informe son de una contundencia difícil de procesar. En 2025, por primera vez en la historia, el número de milmillonarios en el mundo superó las 3.000 personas. Su riqueza combinada alcanzó los 18,3 billones de dólares en noviembre de 2025, un 81% más que en marzo de 2020 —ajustado a la inflación—. Solo en el último año, esa riqueza creció un 16,2%, tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores.
En octubre de 2025, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, se convirtió en la primera persona en acumular una riqueza superior a medio billón de dólares.
Los datos individuales no son menos impactantes. Los 12 milmillonarios más ricos acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más que 4.000 millones de personas. Y lo que ganaron los milmillonarios en el último año alcanzaría para distribuir 250 dólares a cada persona del planeta, y aun así seguirían siendo más de 500.000 millones de dólares más ricos.
Al mismo tiempo, una de cada cuatro personas en todo el mundo pasa hambre.
El freno de la pobreza
El informe desmonta uno de los pilares argumentales del modelo económico vigente: que el crecimiento, incluso cuando concentra riqueza, termina beneficiando a todos. Los datos muestran lo contrario. En las últimas décadas, quienes defendían la globalización económica podían ampararse en los avances reales en términos de reducción de la pobreza. Sin embargo, desde que comenzó la década de 2020, estos argumentos ya no se sostienen. La reducción de la pobreza se ha frenado de manera general y, de hecho, en África ha vuelto a aumentar. En 2022, casi la mitad de la población mundial —el 48%, es decir, 3.830 millones de personas— vivía en situación de pobreza.
Una proyección incluida en el informe resulta especialmente reveladora: si se mantiene la trayectoria actual, 2.900 millones de personas —un tercio de la población mundial— seguirán viviendo en la pobreza en 2050. Sin embargo, una redistribución leve bastaría para revertir este panorama: con solo el 65% de lo que ganaron los milmillonarios en el último año se podría acabar con la pobreza extrema en todo el planeta.
La desigualdad afecta de manera desproporcionada a mujeres, comunidades racializadas y personas LGBTIQ+. Las mujeres y las personas racializadas son quienes desempeñan, mayoritariamente, los empleos peor remunerados y más precarios. Se calcula que las mujeres dedican 12.500 millones de horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, lo que supone una contribución a la economía mundial de, al menos, 10,8 billones de dólares.
Cómo se compra el poder político
La segunda parte del informe es la más políticamente incómoda. Oxfam documenta con precisión los tres mecanismos a través de los cuales los milmillonarios traducen su riqueza en poder político: comprando apoyo, controlando medios y ejerciendo el poder directamente.
Sobre el primero, los datos de Estados Unidos son elocuentes pero no excepcionales. La Encuesta Mundial de Valores reveló que casi la mitad de las personas encuestadas tenían el convencimiento de que las personas ricas a menudo compran las elecciones de su país. En 2024, tan solo 100 familias millonarias donaron 2.600 millones de dólares a la campaña de las elecciones federales de Estados Unidos, una cifra sin precedentes. Esto significa que uno de cada seis dólares gastados por todas las candidaturas, partidos y comités procedía de estas familias.
Los datos de 136 países confirman que, a mayor desigualdad en la distribución de los recursos económicos, mayor desigualdad también en la distribución del poder político. Esto acaba traduciéndose en la adopción de medidas políticas que anteponen los intereses de las élites frente a las necesidades de los grupos de menores ingresos.

Un estudio académico que analizó una amplia muestra de políticas en Estados Unidos reveló que, cuando una política contaba con el apoyo de los más ricos, la probabilidad de que se convirtiera en ley era del 45%. Cuando los más ricos no la apoyaban, esa probabilidad caía al 18%.
Sobre el control de los medios, el informe señala que más de la mitad de los medios de comunicación más importantes del mundo son propiedad de milmillonarios, y tan solo seis milmillonarios dirigen nueve de las diez principales redes sociales del mundo. En Francia, el milmillonario de extrema derecha Vincent Bolloré, cuya fortuna proviene de inversiones en combustibles fósiles, compró el canal de noticias CNews y lo transformó en la versión francesa de Fox News. En Estados Unidos, tanto X —antes Twitter— como Meta han reducido sus medidas para prevenir la propagación del odio y la desinformación, con el pretexto de la libertad de expresión. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley constató que los discursos de odio crecieron en torno al 50% en los meses posteriores a que Elon Musk adquiriera X.
Sobre el ejercicio directo del poder, el dato más perturbador es quizás este: Oxfam calcula que la probabilidad de que los milmillonarios ocupen cargos políticos es al menos 4.000 veces mayor que el de cualquier persona corriente. En 2025 el mundo asistió a la toma de posesión de un presidente milmillonario rodeado de un gabinete con varios milmillonarios, respaldado y financiado por el hombre más rico del mundo.
Represión en lugar de redistribución
La tercera sección del informe documenta lo que Oxfam llama el patrón más alarmante del momento: ante la indignación generalizada de la ciudadanía por el costo de vida y la desigualdad, los gobiernos de todo el mundo están optando por la represión en lugar de la redistribución.
En los últimos 12 meses han tenido lugar más de 142 grandes protestas contra gobiernos en todo el mundo. En 2024, la libertad de expresión empeoró en una cuarta parte de los países del mundo. Según Freedom House, 2024 fue el decimonoveno año consecutivo en el que este indicador retrocedió a nivel mundial, ya que más de 60 países experimentaron un retroceso en derechos políticos y libertades civiles.
El informe ofrece casos concretos y documentados. En Kenia, las protestas juveniles de 2024 contra la ley de finanzas impuesta en parte por exigencias del FMI fueron respondidas con secuestros, torturas y al menos 39 muertes confirmadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. En Colombia, las protestas de 2021 fueron enfrentadas con militarización y armas letales, causando más de 80 muertes y miles de detenciones arbitrarias. En Argentina, las manifestaciones sindicales de 2024 derivaron en brutalidad policial generalizada, con al menos 1.155 manifestantes heridos y 33 con impactos en cabeza y rostro.
En la última década, se registraron en todo el mundo más de 6.400 ataques contra personas defensoras de los derechos humanos que documentaban daños causados por empresas. En el 89% de esos casos, el objetivo eran personas defensoras del clima, la tierra y el medioambiente.
El informe también documenta cómo el sistema de deuda global funciona como palanca de esta dinámica. Según la UNCTAD, 3.400 millones de personas viven en países que destinan más dinero al pago de intereses de la deuda que a educación o sanidad. En África, el gasto en el servicio de la deuda es, de media, un 150% mayor que el gasto conjunto en educación, sanidad y protección social.
El nexo entre desigualdad y erosión democrática
Uno de los aportes académicos más relevantes del informe es la demostración estadística de que desigualdad y autoritarismo no son fenómenos paralelos sino causalmente vinculados. Un exhaustivo estudio analizó 23 episodios de erosión democrática en 22 países. El estudio reveló que los países con mayor desigualdad tienen una probabilidad siete veces mayor de experimentar esta erosión democrática que los países con menos desigualdad.
Esa erosión incluye el debilitamiento del sistema de equilibrio de poderes, la restricción de las libertades civiles, la manipulación de elecciones y la normalización de prácticas autoritarias. El modelo matemático permite hacer predicciones: en un país como Suecia, con menor desigualdad, la probabilidad de retroceso democrático es del 4%. En Estados Unidos, más desigual, es del 8,4%. En Sudáfrica, con un nivel de desigualdad aún mayor, el riesgo escala hasta el 31%.
En la actualidad, casi tres cuartas partes de la población mundial vive en regímenes autocráticos, y menos del 3% vive en países con un espacio cívico abierto. Es un círculo vicioso que avanza de manera imparable: 42 países se encuentran en un proceso de autocratización.
Las propuestas
El informe no se limita al diagnóstico. En su sección final plantea tres líneas de acción para gobiernos y sociedades.
La primera es reducir drásticamente la desigualdad económica mediante Planes Nacionales de Reducción de la Desigualdad con plazos concretos, gravando efectivamente a los superricos, cancelando la deuda insostenible de los países del sur global, aumentando salarios y garantizando servicios públicos universales.
La segunda es frenar el poder político de los superricos estableciendo cortafuegos legales entre riqueza y política: regular el lobby, prohibir la financiación de campañas por parte de milmillonarios, legislar a favor de la independencia de los medios y regular los algoritmos para aumentar su transparencia.
La tercera es construir el poder político de la mayoría: proteger el espacio cívico, fortalecer los sindicatos, garantizar la representación de grupos históricamente excluidos y crear mecanismos de participación ciudadana real en la formulación de políticas.
La conclusión del presente informe demuestra que esto no es inevitable. Los gobiernos pueden optar por anteponer las necesidades de la gran mayoría frente al poder de las oligarquías. Organizada, la propia ciudadanía puede convertirse en un poderoso contrapeso frente al poder de la riqueza extrema. Juntos y juntas podemos exigir un mundo más justo y menos desigual.
El informe cierra con una afirmación que podría parecer optimista pero que descansa en evidencia histórica concreta: el cambio es posible. Lo que está en juego, según Oxfam, es simplemente si habrá voluntad política —y ciudadana— para impulsarlo.
Fuente: Oxfam Internacional, "Contra el Imperio de los Más Ricos: Defendiendo la Democracia Frente al Poder de los Milmillonarios", enero de 2026. Autoras y autores principales: Alex Maitland, Anjela Taneja, Anthony Kamande, Carlos Brown Solá, Harry Bignell, Max Lawson y Rune Møller Stahl.


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