
El crepúsculo del petrodólar: cuando el crudo ya no se paga en dólares
NeuquenNewsEn 1974, en medio de la crisis del petróleo que sacudió a Occidente, el gobierno de Richard Nixon alcanzó un acuerdo que cambiaría la historia económica del siglo XX. Arabia Saudita se comprometía a vender su crudo exclusivamente en dólares estadounidenses. A cambio, Washington ofrecía protección militar, venta de armas y acceso privilegiado al mercado financiero norteamericano. El resto de la OPEC siguió el camino al año siguiente, y así nació el sistema del petrodólar: el mecanismo por el cual la demanda global de energía se convirtió en demanda global de dólares, financiando de paso los déficits gemelos de la economía estadounidense durante décadas.
Ese sistema, que se convirtió en el pilar silencioso del orden financiero global, muestra hoy sus grietas más profundas. No como resultado de un único evento disruptivo, sino de una convergencia de presiones estructurales que se vienen acumulando desde hace años y que en 2025-2026 alcanzaron un punto de inflexión.
El número que lo dice todo
La participación del dólar en las reservas globales cayó del 71% al 56,3% desde 2008, con los bancos centrales del mundo comprando más de 1.000 toneladas métricas de oro anualmente por tres años consecutivos. China redujo sus tenencias de bonos del Tesoro norteamericano de 1,3 billones de dólares en 2013 a apenas 682.000 millones en noviembre de 2025, mientras expandía el comercio denominado en yuanes por toda Asia.
A junio de 2025, la participación del dólar en las reservas mundiales cayó al 57,8%, un mínimo de varias décadas. El euro sostiene aproximadamente el 20%, el yuan el 6%, y el oro escala posiciones sistemáticamente.
El Atlantic Council, uno de los centros de análisis más influyentes de Washington, es cauteloso pero no optimista. En el futuro previsible, el dólar mantendrá su dominancia. Pero una democratización gradual del paisaje financiero global parece estar en marcha, hacia un mundo donde más monedas locales puedan usarse para transacciones internacionales. En ese mundo, el dólar seguiría siendo prominente pero sin su poder desproporcionado, complementado por el yuan, el euro y el yen en una proporción más acorde al peso real de sus economías.
El laboratorio chino: el caso de Irán
El ejemplo más revelador del nuevo orden que se está construyendo es la relación comercial entre China e Irán. Bajo sanciones norteamericanas que buscaban reducir las exportaciones persas a cero, Pekín montó una arquitectura financiera paralela que hace irrelevante al dólar en ese intercambio.
China ha comprado petróleo iraní sancionado durante años, y las restricciones de Washington apenas le han hecho mella gracias a una cadena de suministro en la sombra basada en transbordos y un sistema de pagos denominado en yuanes que elude por completo al dólar.
Las cifras son elocuentes. Cuatro de cada cinco barriles del petróleo exportado por Irán van a China. Las compras chinas generaron más de 140.000 millones de dólares al régimen de Teherán desde enero de 2021. El mecanismo es refinado: refinerías independientes chinas, conocidas como "teapots", compran el crudo iraní con descuentos de varios dólares por barril respecto al Brent, realizando los pagos típicamente en renminbi y a través de pequeños bancos sancionados por Estados Unidos, blindando a los compradores de la exposición al sistema dominado por el dólar.
Este modelo no es una anomalía. Es un prototipo. Como señala el Asia Society Policy Institute en un informe elaborado junto a la consultora Enodo Economics, el sistema del petrodólar está siendo reformado por las innovaciones de China en sistemas alternativos de pago, particularmente su yuan digital y la plataforma mBridge, que permite transacciones interbancarias entre bancos centrales sin pasar por el sistema SWIFT.
El petroyuan avanza sobre el tablero
China lanzó en 2018 contratos de futuros de petróleo denominados en yuanes en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái. Lo que entonces parecía un gesto simbólico es hoy una realidad en expansión. A enero de 2025, varios países ya operan con el petroyuan, incluyendo Rusia, Irán, Venezuela, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Egipto.
Pekín ha firmado contratos petroleros de largo plazo con Rusia, Irán y países del Golfo en yuanes, reduciendo la dependencia de la moneda norteamericana. Las naciones bajo sanciones estadounidenses, como Irán y Rusia, expandieron sus liquidaciones en monedas no dólar, acelerando la transición.
El economista Zoltan Pozsar, ex director de investigación de Credit Suisse, lo resumió con precisión: ese proceso representa el ocaso del petrodólar y el amanecer del petroyuan.
Sin embargo, el camino está lejos de ser llano. A pesar del avance, barreras estructurales frenan al yuan: las restricciones al capital chino reducen la confianza de los inversores internacionales, y los mercados financieros de China siguen siendo opacos, lo que frena la aceptación global de su moneda. La conclusión más probable, según los analistas, no es el reemplazo del dólar sino la emergencia de un sistema multipolar donde varias monedas coexistan en el comercio energético global.
Las fuerzas que aceleran el cambio
El desplazamiento no obedece solo a la voluntad de China. Hay al menos cuatro vectores convergentes que lo impulsan:
La "weaponización" del dólar. El uso de sanciones, el control del sistema SWIFT y la confiscación de reservas cambiarias generaron una espiral defensiva de desdolarización: los países temerosos del brazo financiero de Washington buscan acuerdos bilaterales en monedas locales, reduciendo la demanda de dólares. Rusia, por ejemplo, tras las sanciones de 2014 y la invasión de Ucrania en 2022, tiene hoy al oro como la mitad de sus reservas.
La expansión de los BRICS. El bloque que originalmente reunía a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica incorporó nuevos miembros y discute activamente instrumentos financieros propios. Varios de sus integrantes ya son productores o compradores masivos de energía.
Las monedas digitales de bancos centrales. La plataforma mBridge, desarrollada con participación de China y varios bancos centrales de Medio Oriente, permitiría liquidar transacciones petroleras en tiempo real sin necesidad del dólar ni de instituciones financieras occidentales.
La transición energética. Las energías renovables, el hidrógeno verde y las baterías reducen el monopolio del petróleo, erosionando el peso geopolítico que da sustento al sistema del petrodólar.
Qué significa todo esto para Vaca Muerta
Argentina llega a este escenario de transformación global en un momento de máxima exposición al mercado petrolero internacional —y también en su mejor momento productivo en décadas.
En enero de 2026, la producción total de petróleo en Argentina alcanzó 882.200 barriles por día, con el segmento no convencional explicando el 68,4% del total nacional. Las exportaciones de crudo aportaron 6.716 millones de dólares en 2025. La balanza energética consolidó un superávit récord de 7.815 millones de dólares en ese año, impulsado por exportaciones petroleras que superaron los 8.300 millones desde Vaca Muerta.
La consultora Economía y Energía proyecta que Argentina podría alcanzar el millón de barriles diarios hacia finales de 2026 o comienzos de 2027, de mantenerse la tendencia tanto en producción convencional como no convencional.
El timing es crucial. El país ingresa al mercado exportador global justo cuando ese mercado está redefiniendo sus reglas de fondo.
¿Cuáles son las implicancias concretas?
El precio seguirá siendo el rey, pero denominado en múltiples monedas. Por ahora, incluso los contratos en yuanes o rupias terminan referenciándose al Brent o al WTI, que cotizan en dólares. Un debilitamiento del dólar por menor demanda estructural podría, paradójicamente, elevar el precio en dólares del barril —una señal positiva para productores como Argentina. Pero también podría introducir mayor volatilidad en los ingresos si la referencia comienza a fragmentarse entre múltiples benchmarks.
La diversificación de compradores se vuelve estratégica. Si el comercio petrolero se bifurca entre un circuito dólar-Occidente y un circuito yuan-BRICS, los productores que puedan acceder a ambos mercados tendrán ventaja competitiva. Vaca Muerta ya exporta a varios destinos, pero la gran pregunta es si Argentina desarrollará la infraestructura financiera y diplomática para operar en ambos circuitos. La relación del gobierno de Milei con Washington y el FMI, prioritaria en la agenda actual, podría limitar márgenes de maniobra con el bloque chino-ruso.
Los precios de referencia local quedan expuestos. El break-even de Vaca Muerta está cerca de los 35 a 40 dólares por barril. Con un Brent a 60 dólares, exportar sigue siendo rentable. Pero si la fragmentación monetaria genera mayor volatilidad en el precio de referencia, planificar inversiones a 5 o 10 años —el horizonte natural de un proyecto de shale— se complica significativamente.
Las regalías de Neuquén en juego. La provincia cobra regalías sobre el valor de boca de pozo del crudo, referenciado al mercado internacional. Un sistema multipolar de precios sin un benchmark claro genera incertidumbre sobre esa base de cálculo. La Secretaría de Energía provincial tendrá que actualizar sus marcos regulatorios para contemplar contratos en monedas alternativas.
Un cambio gradual, no un colapso
Sería un error periodístico, y también analítico, presentar esto como el fin inminente del sistema. Incluso si Arabia Saudita acepta rublos, yuanes, pesos u oro por su petróleo, en casi todos los casos necesitará convertir esas monedas a dólares. El dólar sigue siendo la moneda de reserva global por márgenes ampios. Las instituciones financieras internacionales, el sistema de liquidación global, los contratos de derivados energéticos —todo está construido sobre infraestructura dólar.
El Asia Society Institute distingue tres escenarios posibles: una evolución manejada con expansión gradual de las liquidaciones en yuanes mientras se mantiene el marco del petrodólar; un shock externo disparado por conflicto geopolítico, avance tecnológico o turbulencia de mercado; o un giro rápido hacia Asia, con Arabia Saudita y los Estados del Golfo integrándose decisivamente en los sistemas chinos.
El escenario más probable es el primero, al menos en el horizonte de la próxima década. Pero los eventos de 2025-2026 —la escalada de sanciones estadounidenses, el conflicto en Medio Oriente con el Estrecho de Ormuz bajo tensión, la aceleración del yuan digital— muestran que la velocidad del cambio puede superar a las proyecciones.
Para Neuquén y para Argentina, la lectura es dual: el petróleo sigue siendo oro negro, pero el color del dinero que lo paga está cambiando. Quienes se posicionen a tiempo en esa nueva geografía financiera del crudo tendrán ventaja. Los que lleguen tarde, pagarán el costo de la curva de aprendizaje con divisas que tal vez ya no sean las mismas de siempre.
Fuente: Desafío Energético


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