1100X100SV (1)

Alfonsina Storni: el mar como destino elegido

Poeta que rompió todos los moldes y encontró su final en las olas que tanto amó.
DE NUESTRA REDACCIÓN11/03/2026 "Mujeres que hicieron historia"

Hay una carta que Alfonsina Storni escribió horas antes de caminar al mar. No era una carta de despedida en el sentido convencional. Era casi una nota periodística, breve y sin adornos, que envió al diario La Nación junto a su último poema: 'Voy a dormir'. Lo firmó, lo cerró en un sobre, y esa noche del 25 de octubre de 1938, en Mar del Plata, se internó en el agua y no regresó.

Tenía cuarenta y seis años. Tenía un cáncer de mama que la había obligado a una operación desfigurante, y que había dejado su cuerpo transformado de maneras que no podía controlar. Tenía también una vida entera de lucha acumulada que muy pocas personas conocían en su totalidad: la infancia pobre en San Juan y en la ciudad de Rosario, el trabajo desde los doce años en talleres de costura y tiendas de telas, el hijo que tuvo sola a los veinte años —sin marido, con el apellido del padre puesto en el documento de Alejandro como si fuera el propio, para evitar la mayor humillación— y los años de mesera, maestra y periodista que pagaron los libros. Siempre los libros.

Alfonsina Storni había llegado a Buenos Aires en 1911 con una valija liviana, un hijo de pocos meses y la determinación de quien no tiene nada que perder. Era hija de inmigrantes italianos empobrecidos; su padre, que tuvo una cantina en San Juan antes de que la familia se derrumbara económicamente, murió cuando ella era adolescente. La muerte del padre la dejó como sostén de su madre y sus hermanos. Trabajó. Sobrevivió. Y en Buenos Aires encontró algo que la provincia no tenía: un ambiente literario donde una mujer podía publicar, debatir y existir como escritora si tenía suficiente talento y suficiente coraje.

No fue fácil. Nunca fue fácil. Los hombres que dirigían las revistas literarias la llamaban 'la poetisa' con ese tono que suavizaba el talento reduciéndolo al género. Se la elogiaba por ser emotiva, por ser sensible, por ser femenina, como si esas fueran cualidades separadas de la inteligencia en lugar de partes de ella. Alfonsina aprendió rápido a navegar esos ambientes sin doblegarse. Publicó en Caras y Caretas, en La Nación, en La Nota. Se ganó la vida escribiendo mucho antes de que los premios llegaran.

Y la poesía. La poesía fue su forma de decir lo que el periodismo no admitía. En 'Tú me quieres blanca' le exigió a los hombres la misma pureza que le exigían a ella con una ironía tan precisa que todavía corta. En 'Peso ancestral' lloró sin disculpas las lágrimas que generaciones de mujeres habían aprendido a tragarse: 'Un hombre me dijo: no llores / Yo tomé entre mis manos su cabeza / y lloré más que él... pero él no lloraba / por que tomó entre sus manos mi tristeza'. En 'El ruego' habló del deseo femenino sin eufemismo. En decenas de poemas más construyó una voz que reconocía el peso del mundo y se negaba a fingir que no existía.

Fue parte de una generación extraordinaria de poetas latinoamericanas. Con Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou formó un triángulo de amistad y admiración mutua que cruzó fronteras y que les dio a las tres una interlocución que la literatura masculina de sus países no siempre les ofrecía. Se leían, se citaban, se defendían. En 1938, pocos meses antes de morir, Alfonsina asistió a un homenaje a Juana de Ibarbourou en Montevideo. Regresó a Buenos Aires con el cáncer ya muy avanzado.

La operación fue en septiembre. En octubre, el 18, escribió desde Mar del Plata su último poema. El 25, el mar la esperaba. Tenía preparado el sobre con el poema y la nota para el periódico. Algunos estudiosos debatieron durante décadas si fue un suicidio o una entrada accidental al agua. Los que la conocían bien nunca dudaron.

Hoy su nombre lo canta Mercedes Sosa en una canción que es, en sí misma, un poema: 'Alfonsina y el mar', con letra de Félix Luna, la convirtió en imagen eterna del mar y la poeta que se fusionan. Es una imagen hermosa. También es una que suaviza el dolor y la decisión detrás del final. Alfonsina Storni no se disolvió en el océano como una metáfora romántica. Eligió, con la misma claridad con que eligió cada palabra de su obra, cuándo y cómo terminar. Esa autonomía, incluso en la muerte, era parte de todo lo que había reclamado en vida.

“Quiero hacer de mi vida una escalera de luz y subir por ella.”  — Alfonsina Storni

Te puede interesar
Lo más visto
images-_4_

La bomba que nadie quiere ver

NeuquenNews
INTERNACIONALES21/03/2026
Occidente lleva medio siglo mirando hacia otro lado mientras Israel acumula un arsenal nuclear fuera de todo control internacional. Es hora de llamarlo por su nombre: hipocresía de Estado.