
¿Somos menos inteligentes que antes? La verdad detrás del debate sobre la Generación Z
NeuquenNews
En los últimos días circuló una frase que suena fuerte: “por primera vez una generación no superó a la anterior en coeficiente intelectual (CI)”. El dato apunta a la Generación Z frente a los millennials. Y, como suele pasar, la frase es impactante… pero la realidad es más compleja.
La ciencia no dice que los jóvenes de hoy sean “menos inteligentes”. Lo que sí está observando es otra cosa: el mundo cambió muy rápido, y nuestras formas de aprender no siempre lograron adaptarse al mismo ritmo.
El dato real: el “efecto Flynn” se frenó
Durante gran parte del siglo XX, los puntajes de inteligencia venían subiendo generación tras generación. A ese fenómeno se lo llamó Efecto Flynn. Se lo vinculó a mejoras en educación, alimentación, salud, acceso a información y estimulación mental. Pero en los últimos años, en varios países desarrollados, esa curva dejó de subir e incluso en algunos casos empezó a bajar levemente.
La clave: los estudios científicos señalan que esto no se debe a una caída natural de la inteligencia, sino a factores del entorno.
No es genética, es ambiente
Investigaciones con grandes bases de datos —como estudios realizados en Noruega— muestran que el cambio ocurre incluso dentro de una misma familia. Eso indica algo importante: no es que las personas “nazcan menos capaces”, sino que el entorno influye cada vez más.
En otras palabras: el cerebro sigue teniendo potencial, pero el contexto cambió.
¿Qué cambió?
Los científicos y educadores señalan varios factores que se combinan:
1. Cambios en la educación
La calidad educativa, el nivel de lectura profunda y la concentración sostenida no siempre evolucionaron al ritmo de la tecnología. Las pruebas internacionales PISA, por ejemplo, mostraron una caída global reciente en matemática y comprensión lectora.
2. Hiperestimulación digital
Pantallas, redes sociales, notificaciones constantes. El cerebro hoy recibe más estímulos que nunca. Eso no significa “volverse menos inteligente”, pero sí puede afectar la atención prolongada y la capacidad de concentración.
3. Sueño y cansancio mental
Dormir mal impacta directamente en memoria, aprendizaje y regulación emocional. Y el uso nocturno de pantallas creció fuerte, sobre todo entre jóvenes.
4. Nuevas habilidades, nuevos perfiles
Algunos estudios muestran algo interesante: mientras ciertas habilidades tradicionales (como razonamiento verbal o matemático) bajan, otras —como la orientación visual o espacial— pueden mejorar.
Es decir: no es una caída general, sino un cambio en el tipo de inteligencia que se ejercita.
El error más común: confundir entorno con capacidad
Decir que “una generación es menos inteligente” es una simplificación peligrosa. La evidencia científica apunta a otra conclusión: Cuando el entorno cambia, también cambian las habilidades que se desarrollan. La inteligencia humana no desaparece. Se transforma.
¿Por qué debería importarnos?
Porque el verdadero debate no es sobre el CI. Es sobre cómo vivimos, cómo aprendemos y cómo pensamos.
- ¿Cuánto tiempo dedicamos hoy a leer sin interrupciones?
- ¿Cómo afecta el ruido digital a la atención?
- ¿Qué pasa con el sueño, la ansiedad y la saturación mental?
- ¿Está la escuela preparada para un cerebro que vive hiperconectado?
No se trata de nostalgia por el pasado. Se trata de comprender el presente.
La conclusión: no es una generación, es el mundo
No hay evidencia seria que diga que la Generación Z sea “menos inteligente”. Lo que sí existe es una señal de alerta: el entorno moderno puede estar debilitando ciertas capacidades mientras fortalece otras.
Y eso no es un destino inevitable. Es un desafío. Porque la inteligencia no depende solo de cómo nacemos… sino también de cómo vivimos.
¿Qué es el Efecto Flynn?
El Efecto Flynn es un fenómeno documentado por el investigador James R. Flynn que describe el aumento sostenido, a lo largo del siglo XX, de los puntajes promedio en los tests estandarizados de inteligencia (CI) en muchos países.
El crecimiento fue de aproximadamente 2 a 3 puntos de CI por década, especialmente en pruebas de razonamiento abstracto y resolución de problemas (como las matrices progresivas), más que en conocimientos memorísticos. No se explicó por cambios genéticos —que ocurren mucho más lentamente— sino por factores ambientales: mayor escolarización, mejor nutrición, reducción de enfermedades infantiles, entornos más estimulantes y una vida cotidiana cada vez más orientada al pensamiento abstracto.
En las últimas décadas, sin embargo, en varios países desarrollados este aumento se frenó o incluso se revirtió parcialmente, dando lugar al llamado “efecto Flynn inverso”, lo que reabrió el debate sobre cómo el contexto social, educativo y tecnológico influye en el desarrollo cognitivo.


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