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Abogada e influencer argentina detenida en Brasil por hechos de racismo

Agostina Páez, una abogada e influencer argentina de 29 años, fue retenida por la justicia brasileña en Río de Janeiro luego de que se viralizara un video en el que, durante una discusión con empleados de un bar en el barrio de Ipanema, realizó gestos y comentarios considerados racistas hacia los trabajadores del local.
ACTUALIDAD19/01/2026NeuquenNewsNeuquenNews
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Agostina Páez, una abogada e influencer argentina de 29 años

La Fiscalía de Brasilia y la policía de Río de Janeiro intervinieron tras la denuncia, y se dispuso la retención de su pasaporte además de la obligación de utilizar una tobillera electrónica de monitoreo, como parte de las medidas cautelares mientras avanza la causa por discriminación racial, delito tipificado en la legislación brasileña. 

Agostina Páez, oriunda de Santiago del Estero, relató que el intercambio se originó tras una discusión por una factura en el boliche, y si bien reconoció que su reacción fue “un error”, dijo que había sido “provocada”. Afirmó además que ha recibido amenazas y permanece “angustiada y con miedo”

Reacciones públicas y debate sobre racismo y libertad de expresión

El caso escaló al debate público cuando figuras como la modelo y presentadora Anamá Ferreira repudiaron el episodio. Ferreira afirmó en redes sociales que no se trata de “un exabrupto”, sino de racismo, y pidió una sanción ejemplificadora, incluso deseando que Páez “pase unos años presa en Brasil”

La discusión giró en torno a la Ley N.º 14.532/2023 de Brasil, que equipara la injuria racial al crimen de racismo, una figura penal que no es afianzable ni prescriptible y contempla penas severas para actos discriminatorios. 

Por otro lado, críticos de la judicialización del caso han cuestionado las medidas adoptadas, argumentando que gestos ofensivos, aunque inaceptables, deben calibrarse en el contexto de la libertad de expresión —un debate que ya generó cruces en redes sociales y medios.

Contexto jurídico y social

En Brasil, el combate al racismo es asunto de estado desde hace décadas y se reforzó en 2023 con la unificación de figuras de discriminación en el código penal. La legislación brasileña considera delito grave la injuria y discriminación racial, y no admite fianza en muchos casos, con penas que pueden incluir privación de libertad según la pena aplicada por un juez. 

El caso de Páez se ha convertido en un foco mediático tanto en Argentina como en Brasil, y ha sido tratado en distintos medios de noticias y redes sociales, con llamados de diplomáticos para garantizar la defensa y asistencia consular de la abogada en territorio brasileño mientras continúa el proceso judicial. 

Datos adicionales para contexto histórico y social

En Brasil, las leyes antirracistas buscan combatir una discriminación que tiene raíces profundas en la historia colonial y la esclavitud, un pasado en el que millones de africanos fueron traídos forzosamente al continente americano.

(Nota: cifras precisas sobre el tráfico de esclavos hacia el actual territorio argentino entre 1585 y 1835 varían según fuentes académicas; en Argentina no hubo un puerto esclavista masivo comparable al de Brasil o el Caribe, aunque sí hubo esclavitud y tráfico en menor escala).

Las normativas actuales en Brasil se han reforzado para sancionar expresamente actos de odio racial, reflejando una sensibilidad social y jurídica que castiga expresiones discriminatorias como delito penal.

En Argentina, el marco es distinto al brasileño: existe una ley antidiscriminatoria (Ley 23.592) que permite dejar sin efecto el acto discriminatorio y habilita reclamos civiles y judiciales, pero no configura —por sí sola— un “crimen imprescriptible” como el racismo en Brasil. La norma argentina también prevé que, si un delito se comete por persecución u odio a una raza, religión o nacionalidad, se agrava la pena (sube el mínimo y el máximo) respecto del delito base. 

Además, el Código Penal contempla explícitamente el odio racial como agravante en figuras graves como el homicidio (art. 80, inc. 4), lo que muestra que el sistema argentino tiende a agravar conductas cuando hay motivación discriminatoria.

Como dato de época, en Argentina el INADI —históricamente receptor de denuncias y articulador de políticas públicas— fue disuelto por decreto en 2024, y el gobierno indicó que las denuncias deben canalizarse directamente por vía judicial, lo que también cambia el “camino institucional” para víctimas y denunciantes.

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