
El gobierno de Milei lanza licitación de deuda por más de $32 billones y USD 3.555 millones para renovar vencimientos
NeuquenNews
El Gobierno nacional oficializó este lunes 15 de diciembre de 2025 la Resolución Conjunta 63/2025 de la Secretaría de Finanzas y la Secretaría de Hacienda del Ministerio de Economía, que dispone una amplia emisión de deuda pública para ser colocada en licitaciones programadas.
La normativa publicada en el Boletín Oficial establece la emisión de cinco nuevos instrumentos del Tesoro —incluidas letras capitalizables en pesos con vencimiento en abril y noviembre de 2026 y un bono capitalizable con vencimiento en mayo de 2027— así como títulos ajustados por CER y de tipo cero cupón.
Qué está haciendo el Gobierno, en criollo
Con esta norma, Economía sale a buscar financiamiento ofreciendo:
- Títulos en pesos a tasa fija/capitalizable (dos Letras y un Bono) con vencimientos abril 2026, noviembre 2026 y mayo 2027.
- Títulos ajustados por inflación (CER) (una Letra a descuento y un Bono cero cupón) con vencimientos noviembre 2026 y mayo 2027.
- Reaperturas (ampliaciones) de instrumentos que ya existían: una LECAP, una CER, una TAMAR y una dólar-linked (atadas al dólar) por hasta USD 3.555.982.900.
En otras palabras: diversifica opciones para tentar a distintos inversores (los que quieren tasa fija, los que quieren cobertura contra inflación, los que quieren cobertura cambiaria y los que prefieren tasa variable).
El dato crítico: los montos “máximos” suenan gigantes, pero no implican deuda automática
Los topes autorizados son muy altos (por ejemplo, una letra nueva hasta $8 billones y varias hasta $5 billones), pero la clave es que son límites máximos para “cubrir la demanda” de la licitación. O sea: no es gasto ya realizado, sino capacidad de emitir/colocar según cuánta plata entre y a qué tasa. Eso, en sí mismo, es una señal: el Tesoro necesita mantener abierta la canilla del financiamiento y, si el mercado acompaña, toma más.
Por qué es una medida sensible en el contexto 2025
Argentina llega a diciembre de 2025 con:
- Inflación mensual en torno al 2,5% en noviembre y una interanual cerca de 31,4% (según datos difundidos por INDEC y cobertura periodística).
- Un Gobierno que viene mostrando superávit fiscal primario en 2025 (hay estimaciones/seguimientos privados y reportes que hablan de superávit acumulado cercano a 1,3% del PBI en parte del año, aunque con desafíos por delante).
- Un esquema cambiario que en 2025 tuvo cambios relevantes (con referencias a un régimen de banda/flotación administrada en el año).
Con esa foto, la lógica oficial es: “si sostengo el orden fiscal y logro financiarme en pesos, evito emisión y descomprimo tensiones”. El problema es el costo y el riesgo que se va acumulando en el stock de deuda.
Análisis crítico: lo que gana y lo que se compra (caro)
1) Gana aire de caja hoy, pero patea obligaciones hacia adelante.
Las letras y bonos nuevos vencen entre 2026 y 2027: eso ayuda a ordenar el calendario de pagos, pero también significa que el Estado se compromete a devolver —con intereses o ajustes— en plazos relativamente cortos para un país con historial de sobresaltos.
2) CER: es “seguro antiinflación” para el inversor… y riesgo para el Estado.
Cuando se emite ajustado por CER, el Estado promete que el capital sube con la inflación. Si la inflación no baja tan rápido como el Gobierno desea (y noviembre mostró aceleración mensual), el costo real de esa deuda puede crecer. El País+1
3) Dólar-linked: calma expectativas, pero te mete una cuenta dolarizada.
La reapertura de la letra vinculada al dólar (hasta USD 3.555.982.900) puede servir para atraer demanda cuando hay temor cambiario, pero le transfiere al Estado el riesgo: si el tipo de cambio se mueve fuerte, el pasivo se encarece en pesos. En un país donde el frente cambiario es un termómetro político y económico, eso es dinamita si el programa se complica.
4) Tasa variable (TAMAR): te “acompaña” el mercado… para bien o para mal.
La letra a tasa TAMAR se ajusta con la tasa del sistema. Si las tasas bajan, genial para el Tesoro; si suben por estrés financiero, el costo sube automáticamente. El BCRA publica TAMAR y se movía en torno a valores de referencia de fines de 2025.
5) El punto político: “superávit” no significa “fin del endeudamiento”.
El superávit primario puede convivir con necesidad de deuda por vencimientos, intereses y refinanciación. Por eso esta medida, aunque “técnica”, es un recordatorio: el plan depende de que el Tesoro pueda renovar y colocar deuda sin que se dispare el costo.
Explicación:
La resolución muestra un Estado que intenta sostener un equilibrio delicado: no emitir, mantener el superávit, bajar inflación y, a la vez, seguir financiándose en un mercado que pide cobertura (CER, dólar-linked) o tasas atractivas. Esa combinación suele tener un precio: o pagás tasas más altas, o aceptás indexación, o aceptás riesgo cambiario. Y, muchas veces, terminás aceptando las tres cosas en distintas proporciones.
En síntesis: la medida puede ser eficaz para pasar el verano financiero, pero también acumula compromisos y traslada riesgos al Estado. Si la inflación vuelve a recalentarse o el frente cambiario se tensa, los instrumentos CER y dólar-linked pueden convertirse en una factura más grande de lo que hoy parece.


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