
Una vecina neuquina expone la emergencia hídrica del norte: “El norte neuquino no pide privilegios. Pide, simplemente, agua”
NeuquenNewsLa crisis de agua que atraviesan las comunidades del norte neuquino volvió a quedar en el centro del debate público gracias a la carta escrita por Nadina Aramayo, una vecina de la provincia que decidió expresar, con claridad y contundencia, la preocupación que miles de habitantes vienen sosteniendo desde hace años.
Su texto —titulado “La sequía en el norte neuquino: una deuda histórica que ya no admite excusas”— describe, sin rodeos, la gravedad de la situación y la contradicción que atraviesa una provincia que se proyecta al mundo como potencia energética, pero que no logra resolver el acceso al recurso más básico para la vida: el agua.








A continuación, se reproduce de manera textual e íntegra el contenido original escrito por Aramayo, seguido por el contexto periodístico que acompaña su mirada.
Texto original de Nadina Aramayo (completo y sin modificaciones)
La sequía en el norte neuquino: una deuda histórica que ya no admite excusas
Por Nadina Aramayo
La falta de agua en el norte neuquino se ha convertido en una emergencia silenciosa, pero devastadora. Durante un nuevo recorrido —desde Barrancas hasta El Huecú, pasando por Taquimilán, Colipilli y Ranquilón— la realidad vuelve a golpearnos: familias enteras sobreviven sin acceso al recurso más básico, mientras su economía, su salud y su dignidad se deterioran día a día.
Esta crisis no nació este año. Llega arrastrándose desde hace varios, profundizada por la falta de obras, de previsión y, sobre todo, de decisión política. Mientras la provincia se muestra al mundo como un emblema de prosperidad gracias a Vaca Muerta, la otra cara —la que no aparece en los discursos— permanece abandonada.
Señor Gobernador, señor Presidente de la AIC: Neuquén se vende como potencia energética global, pero no es capaz de garantizar agua a sus propios pobladores. ¿Cómo se justifica semejante contradicción?
En otras regiones del país se invierte en infraestructura hídrica: La Rioja construye tajamares, San Luis levanta presas, otras provincias multiplican perforaciones y sistemas de bombeo. Pero en el norte neuquino, donde también se trabaja y donde también se produce, los vecinos siguen esperando.
Y continúa Aramayo con un texto que profundiza su planteo, enfatizando la desigualdad entre el desarrollo energético y las necesidades básicas de las comunidades neuquinas:
La provincia cuenta con la tecnología más avanzada del mundo para perforar a cientos de metros en busca de petróleo —la llamada “sangre negra” de Neuquén—. Si esos mismos equipos pueden ir tan profundo para extraer el oro negro que enriquece a la provincia, ¿por qué no se utilizan con igual determinación para encontrar agua y garantizar una vida digna a los neuquinos del interior?
El norte neuquino no pide privilegios. Pide lo básico. Pide justicia. Pide que se lo mire. Pide, simplemente, agua.
No quiero —y no queremos— tener que avergonzarnos de una gestión que mira hacia afuera mientras descuida su propia tierra. Gobernar es priorizar, y hoy la prioridad es clara: sin agua no hay presente, y mucho menos futuro.
Impacto y contexto de la carta
La voz de Nadina Aramayo no surge en el vacío. Su carta refleja la realidad cotidiana de cientos de familias que dependen de camiones cisterna, aguadas intermitentes o perforaciones colapsadas. Su recorrido por Barrancas, El Huecú, Taquimilán, Colipilli y Ranquilón no es un itinerario anecdótico: es un mapa de la deuda hídrica más postergada de la provincia.
El contraste que señala —entre la capacidad productiva de Neuquén para perforar a profundidades extremas en busca de petróleo y la incapacidad para garantizar agua a sus pueblos— es un reclamo creciente en el interior.
Aramayo no habla en nombre de un sector ni de una agrupación política. Su carta está escrita desde un lugar personal, ciudadano, comunitario. Y justamente por eso encontró eco: porque expresa lo que muchos callan por cansancio o resignación.
Su pregunta —“¿Cómo se justifica semejante contradicción?”— apunta a la dirigencia provincial y a la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC), pero también interpela a toda la sociedad neuquina.
Una deuda histórica que vuelve a hacerse visible
Mientras provincias como La Rioja o San Luis impulsan obras hídricas para afrontar sequías y escasez, el norte neuquino continúa esperando perforaciones, bombeos y obras de infraestructura que permitan garantizar un acceso estable al agua.
La carta de Aramayo reabre un reclamo profundo, que ha atravesado gestiones de distinto color político y que se intensifica en contextos de sequía prolongada.
Una frase que resume la urgencia
Su cierre es, quizá, el llamado más claro: “Gobernar es priorizar, y hoy la prioridad es clara: sin agua no hay presente, y mucho menos futuro.”



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