
El capitán argentino regresó a Estados Unidos pocas horas después del adiós a Jorge y reapareció en la Leagues Cup con Inter Miami. Ingresó en el segundo tiempo ante León y recibió una ovación conmovedora en el estadio.


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Cada mañana, sin falta, un niño saludaba al colectivo de Samsunspor, el club turco conocido como el Rayo Rojo, cuando pasaba por la autopista rumbo al estadio. No importaba el clima ni la hora: ahí estaba él, con su camiseta puesta y una sonrisa que contagiaba.
Su gesto constante no pasó desapercibido. Los jugadores, conmovidos por su fidelidad, decidieron sorprenderlo: se bajaron del bus para saludarlo, le regalaron una pelota y lo invitaron a un entrenamiento. Allí, recibió una camiseta del arquero suplente Jakub Szumski y vivió un momento que jamás olvidará.
Una historia que nos recuerda que los pequeños gestos pueden generar grandes emociones. Y que el amor por los colores se vive con el alma… incluso desde la vereda.












