
Luciana Muñoz: 375 días de ausencia, impunidad y silencio oficial
NeuquenNewsLUCIANA MUÑOZ
Desde la Asamblea por Luciana, el colectivo que sostiene su búsqueda, exigen lo que en cualquier sociedad democrática debería ser automático: respuestas claras, acciones concretas y presencia institucional real. Nada de eso ha ocurrido. Por el contrario, lo que predomina es el silencio, la desidia y la indiferencia estatal.
Un Estado ausente que no activa ni sus propios protocolos
El caso de Luciana no figura en los listados oficiales de personas desaparecidas a nivel nacional. No se activó el Protocolo de Búsqueda Inmediata (Protocolo de Palermo). No hay avances visibles. Y lo más grave: la causa está paralizada por demoras y omisiones que sólo pueden explicarse por negligencia o encubrimiento.
La Asamblea ya presentó pedidos formales y públicos para que el gobernador Rolando Figueroa reciba a la familia. Desde marzo esperan una respuesta. No hubo ni siquiera un gesto. La política mira para otro lado, como si la desaparición de una mujer no fuera asunto suyo.
Frente a esa pasividad deliberada, reclaman la intervención directa del gobernador, el nombramiento de un perito independiente y el reemplazo del fiscal a cargo, responsable de paralizar una investigación que debería estar en el centro de la atención pública.
Una campaña nacional para romper el cerco del olvido
Ante la inacción de las autoridades, la Asamblea lanza ahora una campaña nacional de visibilización que incluye un viaje a Buenos Aires para llevar el reclamo al Congreso de la Nación, a organismos de derechos humanos, a la hermana Marta Pelloni y a medios de alcance nacional. Porque lo que no se nombra, no existe. Y lo que no se exige, se archiva.
Hace 375 días que Luciana no está. Hace 375 días que la justicia neuquina elige no investigar con la profundidad que corresponde. Hace 375 días que su familia y quienes la buscan reciben como única respuesta la ausencia del Estado y el eco del vacío.
La desaparición como forma extrema del abandono
Este caso, como tantos otros en Argentina, no puede desvincularse del contexto: un país que no protege a sus mujeres, que posterga a sus víctimas, que relativiza las desapariciones contemporáneas como si fueran anomalías aisladas y no emergentes de un sistema ineficaz, injusto y a veces cruel.
Luciana no es una cifra más. Es una vida, una historia, una persona que hoy debería estar caminando entre nosotros. Y si no está, el Estado tiene la obligación de buscarla, de explicarse y de hacerse cargo. Todo lo demás -discursos, declaraciones, promesas- es ruido.
¿Dónde está Luciana Muñoz?
Esa es la única pregunta que importa. Y la que seguirá resonando hasta que la respuesta deje de ser el silencio.


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