La alianza entre Javier Milei y Donald Trump está adquiriendo una dimensión que supera los acuerdos económicos y diplomáticos. Washington impulsa una ofensiva internacional contra el denominado terrorismo de extrema izquierda, mientras Argentina fortalece la cooperación con el FBI, reorganiza sus organismos de inteligencia y busca ampliar las facultades del Estado para identificar sospechosos, congelar sus bienes y restringir sus actividades económicas. En un país atravesado por la represión de protestas, el cierre de empresas, la precarización laboral y el creciente malestar social, la pregunta ya no es solamente qué pretende combatir el Gobierno, sino contra quiénes podría terminar utilizando esas herramientas.