
La deuda que hipoteca el desarrollo: los países pobres pagan cada vez más por un dinero que nunca alcanza
NeuquenNewsLa deuda externa de los países en desarrollo alcanzó en 2025 una cifra que permite dimensionar uno de los principales desequilibrios de la economía mundial: 9,4 billones de dólares. El dato, publicado el 5 de noviembre por el Banco Mundial en su Informe sobre la Deuda Internacional 2026, representa un incremento del 5,5% respecto del año anterior, el ritmo más acelerado desde 2021 y aproximadamente cuatro veces el promedio registrado entre 2022 y 2024.
Pero detrás del récord aparece una realidad todavía más preocupante. Los países de ingresos bajos y medianos pagaron durante 2025 alrededor de 1,4 billones de dólares en concepto de capital e intereses, mientras los gobiernos más vulnerables debieron aceptar condiciones de financiamiento que el propio organismo internacional identifica entre las más costosas de las últimas décadas.
El resultado plantea una contradicción difícil de ignorar: las naciones que necesitan recursos para construir hospitales, mejorar sus escuelas, ampliar sus redes eléctricas y desarrollar infraestructura productiva son, precisamente, las que enfrentan mayores dificultades para conseguir financiamiento accesible.
El negocio de prestarles a los países que más necesitan
El Banco Mundial señala que buena parte del crecimiento del endeudamiento estuvo impulsado por el retorno de los acreedores privados a los mercados emergentes. Durante 2025, las emisiones de bonos de entidades públicas aumentaron casi un 35% y alcanzaron los 251.000 millones de dólares, el nivel más elevado en cinco años.
A primera vista, el regreso de los inversores podría interpretarse como una señal positiva. Significa que muchos países recuperaron la posibilidad de financiarse internacionalmente después de un período de restricciones. Sin embargo, acceder al crédito no significa necesariamente obtenerlo en condiciones favorables.
Las economías más vulnerables, especialmente aquellas que pueden recibir asistencia de la Asociación Internacional de Fomento del Banco Mundial, pagaron una tasa promedio del 8,2% sobre los nuevos compromisos con acreedores privados. Es el costo más elevado desde 1989. Cuando recurrieron a la emisión de bonos, la tasa promedio ascendió al 9,4%.
En contraste, otros países con mejores condiciones de acceso al financiamiento internacional consiguieron tasas promedio cercanas al 5,5% para sus nuevas emisiones de bonos.
Aunque se trata de grupos con perfiles de riesgo diferentes, la distancia entre esas condiciones financieras revela una dificultad estructural: cuanto más vulnerable es una economía, mayor suele ser el costo que enfrenta para obtener los recursos que necesita.
Esta situación no responde exclusivamente a decisiones de los acreedores. También intervienen el historial de pagos, la estabilidad macroeconómica, el riesgo cambiario y la capacidad de generar ingresos futuros. Pero sus consecuencias sociales son concretas, especialmente cuando el crecimiento económico resulta insuficiente para sostener simultáneamente las obligaciones financieras y las necesidades de la población.
Cuatro años pagando más de lo que recibieron
Uno de los datos más reveladores del informe corresponde al movimiento real de recursos financieros entre los países endeudados y sus acreedores.
Entre 2022 y 2025, los países en desarrollo pagaron 436.000 millones de dólares más por capital e intereses de lo que recibieron mediante nuevo financiamiento de deuda.
Es decir, durante ese período, el servicio de las obligaciones existentes absorbió más recursos que los aportados por los nuevos préstamos.
En 2025 se produjo una mejora parcial: los flujos netos de deuda de largo plazo pasaron de una salida de 118.000 millones de dólares en 2024 a un ingreso positivo de 45.000 millones. No obstante, la presión de los vencimientos permaneció elevada y los pagos a tenedores de bonos llegaron a 363.000 millones de dólares.
El problema se vuelve especialmente complejo cuando los gobiernos emiten nueva deuda para pagar compromisos anteriores. Esta práctica, habitual en los mercados financieros, puede evitar crisis inmediatas de liquidez y distribuir los vencimientos en el tiempo, pero no necesariamente reduce el endeudamiento total.
Cuando además las nuevas obligaciones se contraen a tasas superiores, el alivio presente puede transformarse en una carga futura más costosa.
El precio social de los intereses
El Banco Mundial advierte que el aumento del servicio de la deuda amenaza con desplazar inversiones fundamentales para el desarrollo. No se trata de una afirmación abstracta.
Un gobierno con recursos limitados debe decidir cuánto destina a educación, infraestructura sanitaria, transporte, vivienda o programas sociales, y cuánto utiliza para atender compromisos financieros previamente asumidos.
Los pagos de deuda no equivalen automáticamente a recortes presupuestarios: dependen también de la recaudación, el crecimiento económico y las posibilidades de refinanciamiento. Sin embargo, cuando los vencimientos se incrementan persistentemente sin una expansión equivalente de los ingresos, el margen para financiar políticas públicas se estrecha.
El fenómeno afecta con especial intensidad a los países más pobres, que deben enfrentar simultáneamente problemas de infraestructura, inseguridad alimentaria, necesidades sanitarias y mayores exigencias de adaptación al cambio climático.
De este modo, la deuda deja de ser solamente una herramienta de financiamiento y puede convertirse en un condicionante de las decisiones económicas y sociales de los gobiernos.
Una advertencia que también alcanza a la Argentina
El informe no describe exclusivamente la situación argentina ni permite concluir que todos los países incluidos atraviesen una misma crisis. La cifra de 9,4 billones de dólares comprende obligaciones externas públicas y privadas de un conjunto heterogéneo de economías.
Sin embargo, sus conclusiones resultan relevantes para analizar el debate argentino sobre el endeudamiento, el acceso a los mercados de capitales y las condiciones exigidas por los organismos internacionales.
La Argentina conoce las consecuencias de utilizar nuevo financiamiento para atender vencimientos anteriores, así como las dificultades que plantea sostener compromisos en moneda extranjera cuando la economía enfrenta restricciones para generar divisas.
La discusión sobre la deuda pública no debería limitarse a la posibilidad de conseguir préstamos o cumplir con los acreedores. También necesita examinar el destino de los fondos, las tasas pactadas, los plazos de devolución y la capacidad de esos recursos para contribuir al crecimiento productivo.
Una deuda destinada a financiar infraestructura que mejora la productividad puede tener consecuencias económicas diferentes de otra utilizada simplemente para postergar vencimientos. La distinción resulta esencial para evaluar si el endeudamiento amplía o restringe las posibilidades de desarrollo de un país.
Un sistema financiero que necesita una discusión más profunda
El Banco Mundial reconoce que el regreso del financiamiento privado representa una oportunidad, pero advierte sobre los riesgos de mantener niveles elevados de endeudamiento y costos financieros persistentes.
También identifica un elemento que obliga a interpretar cuidadosamente las estadísticas: parte del aumento de la deuda pública denominada en dólares se explica por movimientos cambiarios, que elevaron el valor registrado de obligaciones originalmente expresadas en otras monedas. Por lo tanto, no todo el incremento equivale a nuevos préstamos recibidos.
La advertencia de fondo, sin embargo, permanece intacta. Las economías en desarrollo necesitan financiamiento para crecer, pero ese financiamiento puede terminar comprometiendo los recursos con los que deberían construir su futuro.
La pregunta que deja el nuevo récord de deuda internacional es tan económica como política: ¿cuánto desarrollo puede financiar un país cuando una proporción creciente de sus recursos debe destinarse a pagar las obligaciones que contrajo para conseguirlo?
El acceso al crédito puede abrir oportunidades. Convertirlo en crecimiento sostenible depende de que sus condiciones, su destino y sus resultados permitan mejorar la capacidad productiva y el bienestar de la población. Cuando eso no ocurre, el endeudamiento corre el riesgo de convertirse en un mecanismo que reproduce las desigualdades que originalmente debía ayudar a superar.
Fuente principal: Banco Mundial, Informe sobre la Deuda Internacional 2026, comunicado publicado el 5 de noviembre de 2026.


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