Este martes 22 de septiembre representará a la Argentina en los Juegos Suramericanos, en la modalidad Recurvo Masculino, como integrante del equipo albiceleste de la categoría U-21. A los 20 años, su historia combina formación universitaria, alto rendimiento, resiliencia y el sueño de llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
A simple vista, el tiro con arco parece depender exclusivamente de la precisión del brazo y de la técnica. Sin embargo, para Esteban Silva, cada flecha comienza mucho antes de tensar la cuerda. Se inicia en la concentración, continúa en el control de la respiración y termina en la capacidad de mantener la mente enfocada en un único objetivo.
“La diana refleja el estado mental de la persona. Si hay una dispersión muy grande, es porque esa persona está alterada”, explica el joven deportista de Plottier. La frase resume una de las principales enseñanzas que encontró en este deporte: para acertar en el blanco, primero hay que conseguir cierto equilibrio interior.
Esteban cursa actualmente segundo año de Ingeniería Electrónica en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue y, al mismo tiempo, desarrolla una exigente carrera deportiva. Su rutina combina horas de estudio con entrenamientos que pueden extenderse entre dos y tres horas, de cuatro a seis veces por semana. Una agenda que exige organización, constancia y capacidad para sostener objetivos de largo plazo.
De Plottier a la camiseta argentina
El vínculo de Esteban con el tiro con arco comenzó de una manera inesperada.
En 2019, mientras participaba de un partido de básquet, un control médico permitió detectar una afección cardíaca. Hasta ese momento, llevaba una vida marcada por la actividad física y había practicado diferentes disciplinas, entre ellas taekwondo, ciclismo y básquet.
El diagnóstico modificó sus posibilidades deportivas. La recomendación médica fue evitar actividades aeróbicas de alta exigencia. Entre las alternativas sugeridas aparecieron el golf, la equitación y el tiro con arco.
La opción estaba a pocas cuadras de su casa. Esteban decidió probar.
Aquel primer acercamiento terminó transformándose en una nueva forma de entender el deporte y también en un proyecto de vida. Lo que comenzó como una alternativa se convirtió progresivamente en una disciplina de alto rendimiento, con competencias, viajes, entrenamientos especializados y la posibilidad de representar al país.
Comenzó su recorrido competitivo en el Club Unión de Arqueros de Plottier y desde hace dos años entrena en Arqueros del Comahue, bajo la conducción de Damián Otero, quien también es entrenador de la selección argentina.
Su evolución le permitió incorporarse al seleccionado nacional y formar parte del grupo élite de su categoría, integrado por un reducido número de deportistas que se concentra periódicamente para realizar controles y evaluaciones técnicas.

Un nuevo desafío: los Juegos Suramericanos
El próximo desafío ya tiene fecha y escenario: este 22 de septiembre, Esteban Silva representará a la Argentina en los Juegos Suramericanos, como integrante del equipo albiceleste de Recurvo Masculino en la categoría U-21.
La participación constituye un nuevo paso en una trayectoria que, a pesar de su corta edad, ya incluye competencias nacionales e internacionales y una medalla de bronce obtenida en equipos mixtos en un campeonato sudamericano de tiro con arco y evento de ranking mundial.
En esta oportunidad, el estudiante de la Facultad de Ingeniería llevará nuevamente los colores argentinos a una competencia internacional, combinando su preparación deportiva con la formación universitaria que desarrolla en la UNCo.
La experiencia también refleja el carácter federal de la disciplina. Sus compañeros y rivales provienen de diferentes puntos del país, entre ellos La Rioja, Buenos Aires, Córdoba, La Pampa y Misiones.
Precisión, concentración y presente
El tiro con arco requiere mucho más que fuerza física. Cada disparo demanda coordinación, estabilidad, técnica y concentración. Para Esteban, además, plantea un desafío mental permanente.
La ansiedad, las distracciones y la presión competitiva pueden modificar el resultado. Por eso, una parte fundamental de su preparación consiste en aprender a controlar aquello que sucede antes de que la flecha abandone el arco.
La disciplina también le enseñó a concentrarse en el presente. En una competencia no alcanza con pensar en el resultado final: hay que ocuparse del disparo que está por realizarse.
Esa capacidad de concentración encuentra un interesante punto de contacto con su formación como estudiante de Ingeniería Electrónica. Mientras la carrera universitaria exige analizar problemas, interpretar variables y trabajar con precisión, el tiro con arco plantea un desafío similar desde el terreno deportivo: cada resultado surge de una sucesión de decisiones, ajustes y movimientos controlados.
Una experiencia internacional que deja huella
Representar a la Argentina significó para Esteban un nuevo punto de inflexión.
“Es una cosa loca ponerse la celeste y blanca”, reconoce al recordar su ingreso al seleccionado.
Su participación en torneos nacionales e internacionales comenzó a darle una dimensión diferente a su carrera. En una reciente competencia sudamericana logró una medalla de bronce en equipos mixtos, enfrentándose además con deportistas de la categoría Senior, muchos de ellos con más de una década de experiencia.
La competencia internacional también le permitió cumplir uno de esos momentos que quedan asociados para siempre a la carrera de un deportista: enfrentarse con uno de sus referentes.
Su admiración es por el arquero brasileño Marcus Vinícius D’Almeida, una de las figuras destacadas de la disciplina. Esteban tuvo la oportunidad de competir contra él en Colombia.
Para graficar lo que significa esa experiencia, lo compara con una figura conocida por cualquier aficionado argentino al fútbol: “Es como el Messi del tiro con arco”.
Un deporte que también ayuda a vivir
Más allá de las medallas y los objetivos competitivos, Esteban encontró en la arquería un espacio de equilibrio personal.
El entrenamiento representa un momento de desconexión de las preocupaciones cotidianas. La repetición de los movimientos, la concentración sobre el blanco y la necesidad de permanecer enfocado generan una pausa frente al ritmo habitual.
Para él, lanzar una flecha también implica desprenderse de aquello que pesa. Después de entrenar, asegura, muchas veces se retira con una sensación de mayor liviandad.
En ese sentido, el tiro con arco terminó adquiriendo un significado que trasciende lo estrictamente deportivo. La disciplina le permitió construir una rutina, establecer objetivos y encontrar una actividad que pudiera practicar respetando las limitaciones planteadas por su situación médica.
Por eso, cuando afirma que el arco “le salvó la vida”, la expresión adquiere una dimensión que va más allá de una metáfora deportiva: habla de una actividad que apareció en un momento de cambio y terminó abriendo un camino inesperado.
Un arco propio, una identidad propia
También existe una dimensión técnica que Esteban destaca especialmente: el arco no es una herramienta que pueda utilizarse indistintamente entre distintos tiradores.
Cada equipo se adapta a las características físicas, técnicas y necesidades de quien lo utiliza. Por eso, para Esteban, el arco termina convirtiéndose en una extensión del propio cuerpo.
La precisión, entonces, no depende únicamente del instrumento. Surge de la relación entre la persona, la técnica, el equipamiento y la capacidad de repetir un movimiento de manera controlada.
Esa relación explica por qué el entrenamiento constante resulta fundamental en una disciplina donde pequeñas variaciones pueden modificar significativamente la trayectoria de una flecha.
Estudiar, entrenar y representar al país
Ser estudiante de segundo año de Ingeniería Electrónica en la Facultad de Ingeniería de la UNCo y, simultáneamente, deportista de alto rendimiento supone un desafío cotidiano.
La carrera universitaria requiere dedicación y continuidad. El deporte competitivo demanda entrenamiento, viajes, preparación y concentración. Mantener ambos caminos exige administrar cuidadosamente los tiempos.
Esteban reconoce que esa combinación deja poco margen para improvisar. La organización se vuelve parte indispensable de su rutina.
Sin embargo, ambas actividades pueden complementarse. El deporte aporta disciplina y perseverancia; la formación universitaria, herramientas para analizar problemas, buscar soluciones y proyectar profesionalmente el futuro.
Entre clases, estudio, entrenamientos y competencias, Esteban construye una trayectoria en la que la precisión aparece como un concepto común.
Apuntar más lejos
A los 19 años, su recorrido recién comienza. Ya conoce el esfuerzo de entrenar durante horas, la presión de una competencia internacional, la responsabilidad de vestir la camiseta argentina y la satisfacción de subir a un podio.
Ahora afronta un nuevo desafío internacional: este 22 de septiembre representará a la Argentina en los Juegos Suramericanos, en Recurvo Masculino U-21.
Y mientras mira hacia ese objetivo inmediato, mantiene otro horizonte deportivo: los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
El camino hacia allí exige todavía mucho trabajo, preparación y competencia. Pero Esteban parece haber aprendido una de las reglas fundamentales de su deporte: antes de lanzar una flecha hay que encontrar el foco.
Su historia comenzó con un diagnóstico que modificó sus posibilidades deportivas. Continuó con un arco encontrado a pocas cuadras de su casa y creció hasta llevarlo a competir internacionalmente con la selección argentina.
Hoy, mientras cursa segundo año de Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional del Comahue, entrena, estudia y se prepara para volver a vestir la camiseta nacional.
Porque en el tiro con arco, como en tantos aspectos de la vida, el desafío no consiste solamente en llegar al blanco: también consiste en aprender a apuntar.

















