
¿Sabías por qué algunas personas se sienten más cómodas de noche que de día?
NeuquenNewsHay una escena que se repite en muchas casas: alguien bosteza a las 22:30 y se va a dormir sin resistencia… mientras otro recién enciende la computadora, se prepara un café y arranca su “verdadero” día. No es capricho, ni rebeldía, ni simple desorden. Es biología.
La explicación comienza con un concepto central de la cronobiología —la rama de la ciencia que estudia los ritmos del cuerpo—: el ritmo circadiano. Este reloj interno, regulado en gran parte por el cerebro (en particular por el núcleo supraquiasmático), organiza funciones clave como el sueño, la temperatura corporal y la liberación de hormonas a lo largo de un ciclo de aproximadamente 24 horas.
Ahora bien, ese reloj no es idéntico en todos. Ahí entran los llamados cronotipos, es decir, la tendencia natural de cada persona a estar más activa en determinados momentos del día. De forma simplificada, hay tres grandes grupos:
Los “alondras”: madrugadores por naturaleza
Los “búhos”: más activos por la noche
Los intermedios: la mayoría, que se adapta relativamente bien a horarios estándar
Diversos estudios —como los del psicólogo Michael Breus o investigaciones de la Universidad de Múnich— muestran que estas diferencias no son solo culturales, sino también genéticas. Es decir, hay personas que literalmente están “programadas” para rendir mejor de noche.
Una de las claves está en la hormona melatonina, que regula el sueño. En los noctámbulos, su liberación suele retrasarse, lo que hace que el cuerpo no “pida dormir” hasta más tarde. Por eso, obligarlos a acostarse temprano puede ser tan inútil como pedirle a alguien que tenga hambre a las 5 de la mañana: el cuerpo no acompaña.
Pero el asunto no termina ahí. También hay diferencias en el rendimiento cognitivo. Investigaciones publicadas en revistas como Personality and Individual Differences sugieren que los noctámbulos tienden a mostrar mayor creatividad en horarios tardíos, posiblemente porque el cerebro funciona con menos filtros inhibitorios en esos momentos. Traducido: a esa hora en que el resto duerme, algunas ideas fluyen con menos censura interna.
Claro que no todo es ventaja. Vivimos en una sociedad diseñada para madrugar: escuelas, trabajos, trámites, bancos. Esto genera lo que los especialistas llaman “jet lag social”, una especie de desajuste permanente entre el reloj biológico y las exigencias externas. El resultado: cansancio acumulado, menor rendimiento y, en algunos casos, impacto en la salud mental.
Desde la medicina del sueño se insiste en que el problema no es ser nocturno, sino no poder sincronizar ese patrón con la vida cotidiana. De hecho, organismos como la Sleep Research Society señalan que forzar rutinas contrarias al cronotipo puede afectar el bienestar general.
En términos evolutivos, incluso hay hipótesis interesantes. Algunos antropólogos sugieren que la diversidad de cronotipos en grupos humanos primitivos podía ser una ventaja: mientras unos dormían, otros permanecían alerta, garantizando vigilancia continua. Una especie de “turno nocturno” natural, mucho antes de que existieran las guardias laborales.
Así que la próxima vez que alguien se sienta culpable por rendir mejor a la medianoche que a las 8 de la mañana, conviene recordarlo: no necesariamente es falta de disciplina. Puede ser, simplemente, que su reloj interno esté funcionando… perfectamente.
Y si eso implica que las mejores ideas llegan cuando el resto del mundo duerme, quizás no sea un problema. Tal vez sea, más bien, una ventaja mal comprendida.


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