Pero lo verdaderamente disruptivo vino horas después del primer bombardeo. La Guardia Revolucionaria de Irán anunció el comienzo de una operación para cortar el tránsito por el Estrecho de Ormuz, una de las principales rutas comerciales de combustible del mundo. No fue solo una amenaza retórica: grandes compañías petroleras suspendieron el transporte de crudo, combustibles y GNL a través del estrecho, y los servicios de seguimiento marítimo confirmaron una fuerte disminución en el flujo de buques. Reportes no confirmados señalaron incidentes con embarcaciones que intentaron continuar la ruta. Los petroleros se acumulan. Los mercados abrirán el lunes con una situación aún en pleno desarrollo.
La anatomía de un shock energético global
Para entender por qué este conflicto sacude los cimientos del mercado energético mundial es necesario dimensionar el peso real de Irán y del Estrecho de Ormuz en la cadena global de suministro.
Irán posee alrededor del 12% de las reservas mundiales de crudo y mantiene una producción cercana a los 3,3 millones de barriles diarios, siendo el tercer mayor productor dentro de la OPEP. De esa cantidad, entre el 80% y el 90% se exporta, principalmente a China.
Pero el verdadero poder de Irán no está solo en sus pozos sino en su geografía. A través del Estrecho de Ormuz —cuyas rutas de navegación pasan por aguas territoriales de Irán y Omán— circulan cerca de veinte millones de barriles diarios, aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo líquido. A precios actuales, ese volumen representa un valor anual estimado superior a los 500.000 millones de dólares.
Solo Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con infraestructura alternativa para desviar parte del flujo, con una capacidad que no supera los 2,6 millones de barriles diarios. La brecha entre lo que pasa por Ormuz y lo que puede desviarse por rutas alternativas es estructural.
El crudo Brent ya venía tensionado antes del ataque. El viernes cerró en torno a los 73 dólares por barril, tras haber ganado cerca de un 8% en el último mes por el aumento de las tensiones en la región. Analistas internacionales advierten que, si el bloqueo se consolida o si la producción iraní se ve afectada, el barril podría escalar hacia los 100 dólares, un salto significativo respecto del cierre de esta semana.
La OPEP+ podría considerar un alza de la producción de petróleo de 411.000 barriles diarios: fuentes
Un shock petrolero sostenido no solo impacta en el bolsillo del consumidor estadounidense. También obliga a los bancos centrales a recalibrar políticas monetarias en un contexto global ya frágil.
El escenario para Argentina: entre el viento de cola y el efecto inflacionario
Para Argentina, el impacto es dual.
En términos productivos, el país registra actualmente una producción total cercana a los 750.000–770.000 barriles diarios de petróleo. Vaca Muerta aporta aproximadamente 610.000 barriles diarios de ese total, consolidándose como el principal motor del crecimiento energético nacional.
De ese volumen total, alrededor de 230.000 barriles diarios se exportan. Cada dólar adicional en el precio internacional implica mayores ingresos en divisas. Proyecciones oficiales y sectoriales estiman que, con un Brent sostenido por encima de los 75 dólares, el superávit energético podría ubicarse en torno a los 8.000 millones de dólares en 2025.
Para Neuquén, el impacto directo se traduce en regalías. Precios altos fortalecen el flujo de caja de las operadoras, elevan la recaudación provincial y pueden acelerar decisiones de inversión.
Pero la otra cara es la presión inflacionaria. Un aumento sostenido del crudo puede trasladarse a los combustibles locales y afectar la estructura de costos de la economía. El traslado a precios dependerá de la política energética interna y de la estrategia de las empresas.
Además, antes del conflicto, varias consultoras mantenían una visión bajista para 2026, proyectando una posible caída del Brent hacia la zona de 55 dólares ante eventuales excedentes globales. El conflicto altera esa trayectoria, pero no elimina los fundamentos estructurales de la demanda.
Vaca Muerta en un mundo más volátil
La Argentina tiene una oportunidad estratégica. Las proyecciones sectoriales hablan de hasta 17.000 millones de dólares en exportaciones energéticas en 2026, con Vaca Muerta como eje central. Pero esa proyección exige infraestructura: oleoductos, ampliación de capacidad portuaria, proyectos de GNL y estabilidad regulatoria.
En un mundo donde el precio del barril puede cambiar por una decisión militar en Medio Oriente, Vaca Muerta es un activo clave, pero no un seguro contra la volatilidad geopolítica.
El lunes que viene: qué mirar
Las variables a observar son claras: si el bloqueo de Ormuz se consolida o se revierte, si la OPEP+ decide compensar eventuales pérdidas de oferta y si el conflicto escala hacia infraestructura energética crítica.
Para Neuquén, la turbulencia global no es abstracta. El precio que se define a 12.000 kilómetros impacta directamente en el valor del barril que se produce en Añelo.
La provincia enfrenta, al mismo tiempo, una oportunidad histórica y un riesgo estructural. El desafío no es solo aprovechar el viento de cola, sino prepararse para cuando vuelva la calma —o cuando llegue la próxima tormenta.














