Políticos en campaña: la desconexión que erosiona la democracia

Mientras crecen los femicidios, los despidos y la desesperanza por la falta de vivienda, la dirigencia política neuquina parece vivir en una realidad paralela. Con actos vacíos, promesas recicladas y uso del aparato estatal para sostener campañas, los candidatos del oficialismo y la oposición ofrecen un espectáculo decadente que profundiza la desconfianza ciudadana y pone en riesgo la salud democrática.

DE NUESTRA REDACCIÓN07/10/2025 Adrián Giannetti
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Neuquén, la provincia de Vaca Muerta, atraviesa un momento difícil al igual que el país. Las particularidades pueden ser diferentes en algunos segmentos sociales y económicos, pero en las clases trabajadoras el milagro de Vaca Muerta derrama algo más que un poco de actividad económica. Los recurrentes despidos en la actividad petrolera, que superan los 1.200 y los 2.000 cesanteados, impactan en la calle. Los precios de los alquileres y la falta de viviendas golpean duro. Todo es más caro por Vaca Muerta.

Las calles muestran un rostro que la política se niega a mirar: mujeres desaparecidas, familias desesperadas por un techo, trabajadores despedidos, jóvenes sin horizonte y jubilados que sobreviven con lo justo. Sin embargo, mientras la provincia acumula urgencias, los candidatos a diputados y senadores nacionales parecen habitar otro mundo, uno donde el marketing reemplaza al compromiso y la foto importa más que asumir la realidad.

En lugar de respuestas, la sociedad recibe gestos de frivolidad. Los candidatos, en especial los oficialistas, se pasean entre sonrisas impostadas, ferias de campaña y actividades que poco tienen que ver con los problemas que desvelan a la gente común. El oficialismo gobernante, con particular gravedad, despliega recursos estatales en una confusa mezcla entre gestión y campaña: funcionarios entregando bienes del Estado bajo la bandera partidaria, eventos financiados con fondos públicos que sirven de vidriera electoral, y una naturalización peligrosa de la confusión entre lo público y lo político.

Mientras tanto, las cifras de femicidios en la provincia se multiplican, la justicia ausente y callada y la falta de políticas efectivas dejan en evidencia el abandono de las víctimas. Miles de neuquinos siguen sin acceder a una vivienda digna, atrapados en planes de entrega que se dilatan o se desvanecen entre estafas y promesas incumplidas. El empleo se vuelve precario, los despidos se suceden, y el costo de vida no deja respiro. Pero nada de eso parece conmover a quienes aspiran a representarnos en el Congreso.

Esta desconexión profunda entre la clase política y la ciudadanía erosiona el sistema democrático en el día a día y en particular en tiempos de campañas. Cada acto vacío, cada foto oportunista, cada “gestión de campaña” que usa bienes públicos, refuerza la sensación de que la política reitera el, ya repudiado, modelo de un escenario donde se actúa para la cámara, no para la gente. Y esa sensación —que crece día a día— es la que amenaza con vaciar las urnas de octubre.

LLA Neuquén

Porque cuando el pueblo percibe que la política se volvió una parodia de sí misma, cuando el ciudadano siente que ya no hay representación sino marketing, la democracia se resquebraja. No por un golpe ni por una crisis institucional, sino por algo más silencioso y corrosivo: el desencanto.

Los candidatos elegidos por "consenso", es decir, "a dedo", sin internas que reflejen posibilidades de debate o renovación generacional, y la apropiación de los sellos que con estas prácticas alejan a quien quiere participar, suman a una sensación de que los partidos políticos no ofrecen participación real sino "simbólica". Una farsa que socava la credibilidad en el sistema.

Neuquén no necesita más shows ni promesas enlatadas. Necesita sensibilidad, honestidad y coherencia. Pero mientras los candidatos se empeñen en mostrarse sonrientes entre actos de utilería, la distancia con la realidad seguirá creciendo. Y con ella, la indiferencia del pueblo, que ya aprendió —a fuerza de decepciones— que no se vota a quien no escucha.

Es probable que los ciudadanos analicen cómo gestionaron los oficialismos, tanto provincial como nacional, para darle o no su voto. La disconformidad llevará las preferencias a fuerzas políticas tal vez no disruptivas, pero que permitan enviar una señal de lo que puede pasar en 2027 si nada cambia.

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